Hace mucho tiempo que una película argentina no se constituía en tema de conversación. El film Granizo parece haberlo logrado. Ha sido defenestrada y defendida con ganas. Las redes sociales se han llenado de memes que aluden a la cinta. En uno de ellos el gobernador Rodolfo Suarez aparece mirando el cielo, transmutado en el personaje de Guillermo Francella, mientras un texto alude a la Lucha Antigranizo.
En otros memes se asegura que fue el granizo el que le cortó la cabeza al ínclito Cóndor del Acceso Este. Y no faltan los que sugieren que la peli Granizo debió ser filmada en Mendoza porque -entienden- aquí es donde cae más granizo. Un disparate.
Hasta Federico Norte, que no sólo es doctor en Meteorología sino también actor (doy fe: lo he visto interpretar a la parca en una obra de teatro) ha hecho comentarios sobre Granizo, en particular para descalificar que en esa profesión haya profesionales "infalibles" como se presenta el personaje de Francella.
La sorpresa
Netflix, que es la productora del film, asegura que Granizo es una especie de acontecimiento al haberse transformado en lo más visto no sólo aquí sino en una treintena de países, incluidos algunos donde no se habla en español como Croacia y Portugal.
Es decir que este producto, dirigido por Marcos Carnevale, ha logrado ser un contenido "glocal" (global y local), ya que si bien está dirigido al público argentino, es asimismo un gran éxito internacional. Son varios los países que han convertido esa forma de producir contenidos de exportación en algo muy redituable.
España, por ejemplo, ha hecho de esto un filón, con productos que van desde Merlí a La casa de papel, o desde Élite hasta Sky Rojo. La Argentina había perdido ese rumbo, que supo tener con el cine en el siglo pasado y luego con algunas telenovelas. La última cinta argentina que tuvo un recorrido internacional fue Relatos salvajes, de Damián Szifron, que incluso fue nominada para un Oscar.
La crítica cinematográfica, en su mayoría, ha cuestionado el film protagonizado por Francella, aunque algunos de esos comentaristas han admitido que posee varios logros parciales, que podrían justificar el interés por verla. Digamos que como producto comercial entra, sobradamente, dentro de los estándares que se exigen hoy en las plataformas digitales.
El estilo Vendimia
Los mendocinos podríamos decir que Granizo funciona como un remedo del "estilo Fiesta de la Vendimia", es decir una mezcolanza que incluye comedia, drama, cine catástrofe, grotesco, costumbrismo; un cóctel que, a nivel comercial, ha resultado rendidor.
En la Vendimia nosotros hemos impuesto el pastiche como marca registrada. Ahí mezclamos teatro, varieté, algo de los musicales, una pizca de ópera, voces de radioteatro, cosas de cine, de video, concierto en vivo, y la mar en coche. Y como postre elegimos la Reina de la Vendimia, con lo cual a muchos nos terminan indigestando la noche.
Esta columna cree que la película de Carnevale tiene algunos secretos en los que podría estar asentado parte de su éxito, fuera del imán de Francella. Por un lado, ciertos componentes del guión (que firman Nicolás Giacobone y Fernando Balmayor) que juegan a transformar al granizo en una nueva forma de pandemia como la que nos cayó como peludo de regalo desde China y que nos cambió la vida.
En ese sentido podría estar justificada la apelación al uso del cine catástrofe que, dicho sea de paso, no está nada mal resuelto en Granizo.
Y, por otro lado, el guión nos vende ese asunto siempre misterioso del tiempo. No sólo del tiempo que trata la meteorología, sino el otro, ése con el que medimos la duración o la separación de los acontecimientos y, claro, los años de cada uno.
El hilo
Es cierto que esos dos aspectos no terminan de engarzar plenamente en la historia de ese meteorólogo que dice ser infalible con sus pronósticos del tiempo y que comete un error garrafal al no prever una primera tormenta de granizo, por lo que es "cancelado" y sacado del medio televisivo, pero que luego tiene su posibilidad de redención (con la ayuda de una especie de Razquin cordobés) al anunciar debidamente una segunda granizada, una especie de tormenta perfecta de hielo que cae sobre Buenos Aires y que hace bolsa hasta el propio Obelisco.
Como actor, Francella suele jugar, como en esta ocasión, a ser su peor enemigo. Pareciera que el director no acertó en convencer al artista de que ya no es más el Argento de Casados con hijos y lo deja hacer un muestrario de sus tics televisivos, lo cual le quita hondura al personaje.
Sin embargo, insisto, hay algo en la película, llamémosle un hilo invisible, que hace que el espectador le otorgue un changüí al producto y lo acompañe hasta el final, momento en que esa descomunal tormenta de granizo sobre el centro porteño, parece llegar para hacernos alguna advertencia.



