Diario Uno > Opinión > Evelyn von Brocke

El factor Evelyn o la sobredosis de panelismo

Llaman la atención los excesos de protagonismo de los panelistas de la TV, como el de Evelyn Von Brocke. Se han despedido como si estuvieran en cadena nacional

Cosas raras se ponen de moda en los medios, sobre todo en la TV nacional. Uno de las últimos excesos son las alharacas de despedida que hacen ciertos personajes, sobre todo de las segundas y terceras líneas de la tele, cuando se van de un determinado programa, como Evelyn Von Brocke, ya sea porque concluye su contrato, porque no acuerdan con el canal, porque llegan a su término los programas, porque consiguen otros trabajos o por lo que fuere.

El objetivo es: si salgo de la tele, le tengo que sacar el jugo. Y empieza esto de hacer prensa previa. Lo importante es batir el parche por varios días para que se suban al tren la mayor cantidad posible de sitios digitales. Cuando efectivamente esa salida tiene tiene lugar, lanzan su discurso de despedida poseídas o poseídos, como si estuvieran hablando por cadena nacional.

Te puede interesar...

Entonces se emocionan, se quiebran, lloran, agradecen al público, tiran algún palito o loas al conductor/a principal del ciclo o al jefe de programación o, por el contrario, se esfuerzan por dejar aceitada la relación con el canal que les dio la oportunidad. Lo importante (para ello/as) es que se hable sobre por qué fulana o Mengano deja la pantalla.

No es lo mismo

Una cosa es que se discuta si Susana o Tinelli volverán a estar el año que viene, porque siguen siendo estrellas (aunque algo devaluadas), o si Cristina Pérez y María Laura Santillán seguirán al frente de los noticiero más vistos. Y otra, distinta, darle la misma entidad a Evelyn Von Brocke porque deja el rol de panelista en el programa de Verónica Lozano.

Una cosa es que esa tensión informativa la genere, por ejemplo, un ministro de Economía cuya salida puede trastocarnos la vida cotidiana. O un líder de la oposición. O el jefe del Gabinete. O una primerísima primera figura del espectáculo. O del deporte. Y otra cosa es...bueno, lo que venimos hablando.

Que a un/a panelista de TV no le renueven el contrato, puede que sea un chisme, una apostilla, una gragea pasatista, pero no motivo de reiterados titulares en los diarios, como se ha visto en las últimas semanas. Noticioso hubiese sido, por ejemplo, que hubiere mediado violencia de género, problemas ideológicos o un tema similar. Es decir, algo inusual.

¡A zarandear!

Es muy probable que muchos espectadores no "cachen" de segmentación de audiencias ni del minuto a minuto de la tele ni de algoritmos que miden qué consumimos en los medios. Pero tal vez todavía manejen ciertos conceptos clásicos, como el de la importancia que tiene ser profesionales, creíbles, en los medios de difusión.

¿Es de profesionales salir corriendo a levantar cualquier posteo en Instagram o en Twiter y darle una entidad que muchas veces no tienen? No estoy de ninguna manera pidiendo ir al otro extremo e ignorar las redes sociales y la farándula. Sólo estoy sugiriendo -solo eso- que se debería usar con un poco más de rigor la zaranda informativa.