Diario Uno > Opinión > Balbi

El factor Balbi podría ser el disparador para volver a repensar la Ciudad

La mudanza de una de las grandes tiendas que aún quedaba en la avenida Las Heras ha abierto una interesante discusión. ¿No es hora de repensar la Ciudad, darle una vuelta de tuerca, reperfilarla?

"No queremos que se nos vaya a llenar de persitas la Ciudad". Quien hace esa advertencia es Adrián Alin, titular de la Cecitys (Cámara Empresaria de Comercio) ante la mudanza de la tradicional tienda Balbi desde su conocida ubicación de avenida Las Heras y 9 de Julio a un local más chico de Ciudad.

Cuando Alin dice "persitas" se está refiriendo a ese singular perfil comercial que un sector del Centro ha adquirido hacia el norte de la esquina de Balbi. Hablamos de esas cuadras de las calles General Paz y Godoy Cruz que son el nudo de varios de los persas céntricos. La Cecitys señala que lo ideal sería que ese enorme edificio que Balbi está por abandonar fuese ocupado por otro comercio de similar porte e importancia.

Suponemos, al leer las palabras del dirigente, que el reclamo es para que ese punto de la Ciudad siga manteniendo su perfil de grandes vidrieras iluminadas, amplios salones y espaciosas veredas, ésas características que potenciaron en el siglo pasado a las avenidas Las Heras y San Martín, una característica que está menguando cada vez más.

Aquellas esquinas

Nos referimos a aquellas "tiendas por departamentos", como El Guipur, A la Ciudad de Buenos Aires, Gath & Chaves, entre otras, que fueron no sólo un imán comercial sino un atractivo social o, si se quiere, una parte de la idiosincrasia del centro capitalino.

Algo de ese viejo encanto se ha trasladado a los grandes centros comerciales que en las tres últimas décadas se han desarrollado en municipios como Guaymallén y Godoy Cruz. O que se ha concentrado, con otros formatos, en algunas arterias aún glamorosas al oeste de la avenida San Martín. La última de esas grandes tiendas, Falabella, no estuvo en el Centro sino en el Shopping y ya cerró por la pandemia y por la política nacional de tinte anti empresario.

Lo que plantea el titular de la Cecitys es una expresión de deseos que busca que no pierda realce esta capital internacional del vino convertida en receptora turística, ésta ciudad a la que llegan visitantes de todo el mundo a tentar suerte en el Aconcagua, a visitar bodegas, a ver la Fiesta de la Vendimia. Esta ciudad que ha logrado escalar puntos con nuevos hoteles y con una variada oferta gastronómica, rubros que han recibido un mazazo con la pandemia. Lo que pasa es que a veces la realidad es mucho más ejecutiva que los dirigentes.

Fayad, el hacedor

Hace 30 años, uno de los grandes problemas de la Ciudad era la venta callejera. Fue el extinto intendente Víctor Fayad quien se encargó de encontrarle una solución. Impulsó normas para sacar la informalidad comercial de las calles y buscó a la vez darle una solución social propiciando cooperativas y otras formas de asociación para crear mercados persas que encaminaran hacia la legalidad la venta callejera.

Hoy vuelve a surgir la polémica porque el problema ya no es la venta callejera sino el crecimiento de la pobreza, la pauperización, y el crecimiento de la informalidad por otros caminos. Este último es un rubro que al estar escaso de controles suele ser cooptado por grupos delictuales.

Lo que está planteando la Cecitys ("no podemos llenar la ciudad de persitas") tiene una cuota de buena intención al pretender que el Centro mantenga algo de su viejo esplendor, aunque planteado así quizás suene despectivo para la corrección política. Lo cierto es que las buenas intenciones no pueden ser solitarias. Deben consolidarse en el trabajo conjunto de particulares y gobiernos.

Éramos pocos y ...

El factor Balbi puede ser un disparador para convencernos de que tenemos que repensar Mendoza. Darle una vuelta de tuerca. Estamos demorando ese capítulo. El regreso a la normalidad tras la pandemia nos debe encontrar mejor aceitados en ese sentido. Ya tendríamos que estar debatiendo ideas o proyectos inusuales sobre la Ciudad, que en realidad no es sólo la Ciudad sino el Gran Mendoza.

No se trata sólo de proponer cosas nuevas. Innovar es también planificar para conservar y mejorar debidamente lo que ya tenemos. Por lo pronto, hace falta remover el avispero. No estaría mal revisar, por ejemplo, el concepto de Ciudad y cómo lo vamos a terminar de engarzar con el Gran Mendoza. Reperfilarlo, como dicen ahora.

En el Centro, por caso, hay que evitar que se sigan depreciando determinadas zonas. Existen sitios que han quedado muy desjerarquizados y donde da miedo caminar a determinadas horas. Y hay muchos lugares para rescatar, para potenciar, para redefinir.

Hay cambios fundamentales en la Ciudad que no los pensaron en principio las autoridades, Por ejemplo, la calle Arístides Villanueva no se convirtió en un polo gastronómicos y comercial a raíz de una idea planificada del municipio sino por impulso de la actividad privada, luego avalada por las autoridades. ¡Cómo habrá sido el cambio que generó esta calle ahora rumbosa y antes residencial que con el tiempo se quedó sin apellido. El señorial Villanueva partió al olvido sin necesidad de decretos.

Cuando hablamos de repensar la Ciudad no nos referimos sólo a la tarea específica del gobierno comunal respecto de la obra pública, hablamos también del rol que deben tener la sociedad civil, los creativos, los arquitectos, los urbanistas, los vecinos capitalinos (que a veces saben más de vida ciudadana que varios funcionarios) y, claro, del resto de los mendocinos que, a millares, llegan a diario desde otros departamentos a la Ciudad de Mendoza a trabajar, a comprar, a pasear, a hacer trámites, a estudiar, al médico, o a disfrutar del Parque San Martín o de los teatros.

Seguir leyendo