Análisis y opinión

Cristina lo hizo: orfebrería judicial mata derrota electoral

En las urnas no le fue bien. No se puede decir lo mismo de su minuciosa labor de orfebrería con los temas judiciales

El éxito y el fracaso son delicuescentes. Muchos se preguntaron qué celebraba Alberto Fernández después de la derrota del Frente de Todos en los comicios legislativos. Ahora parece estar un poco más claro.

El entorno presidencial indicaba que Alberto festejaba el golpe a Cristina y La Cámpora en el Conurbano (no estruendoso, pero golpe al fin) y la obtención consecuente de más autonomía a través del apoyo de los intendentes bonaerenses y las organizaciones sociales y sindicales. Según esa visión, el mandatario podrá alivianar el corset ideológico y de gestión que en estos dos años le impuso la vicepresidenta a la Casa Rosada.

Cristina tuvo siempre la última palabra en casi todos los temas claves, pero ahora parecería que ya no estaría en condiciones de imponer con la fuerza de antes sus puntos de vista. Sin embargo, como el éxito y los fracasos son dos impostores, Cristina puede respirar más tranquila porque ha tenido experiencia con ambos.

En las urnas no le fue ahora del todo bien, pero no se puede decir lo mismo de su empeñosa y constante labor de orfebrería con los temas judiciales en los que está o estuvo investigada. Y, es sabido, orfebrería judicial mata derrota electoral.

La obsesión

La obsesiva estrategia de Cristina para desarmar sus causas judiciales se está moviendo con una fluidez que ya la quisiera, por ejemplo, la negociación del Gobierno con el Fondo Monetario u otras de las tantas tareas en la que la gestión oficial está en veremos.

Lo llamativo de esas resoluciones judiciales favorables a la Vice es que se producen antes de que las causas se debatan efectivamente en un juicio oral.

Ahora, un tribunal oral federal (de cuyos tres integrantes dos son señalados por tener simpatía kirchnerista), ha dispuesto el sobreseimiento de la funcionaria y de sus dos hijos, Máximo y Florencia, en la causa Hotesur-Los Sauces (los llamados "hoteles fantasma"), adelantándose al inicio del juicio respectivo y haciéndolo caer.

Antes ya había sido sobreseída en la causa por el Memorándum con Irán, uno de cuyos daños colaterales fue la muerte nunca aclarada de fiscal Alberto Nisman. Tampoco el caso Irán pudo llegar a juicio. Esa decisión ya ha sido apelada por la DAIA y otros particulares. Se descuenta que lo mismo ocurrirá con este nuevo sobreseimiento por parte de la oposición.

La honra

Con esas decisiones, en lugar de salvar el prestigio y la honra de una persona, se logra un efecto enrarecido. Es que una causa de este tipo, donde la que está sospechada es una ex presidenta votada en dos ocasiones por un sector importante de la ciudadanía, despierta lógicamente un interés muy superior al de los avatares tribunalicios de un particular, a los que no se suele sobreseer antes de un debate oral.

La ausencia de un juicio donde fiscales de la Nación y abogados defensores puedan mostrar sus pruebas y argumentos de manera oral, privan a la ciudadanía de formarse una opinión balanceada.

Sin desconocer que un juicio es esencialmente un asunto de doctos en Derecho, nadie puede desconocer que un sobreseimiento de este tipo genera una serie de dudas que no se van a disipar con facilidad. Y que generan un regusto amargo en el ideario republicano para el cual todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

Máxime cuando la propia Cristina Kirchner ya ha asegurado delante de otros jueces, y parafraseando a Fidel Castro, que "a mí la historia ya me absolvió".

Pero además es una nueva y negativa cucarda para el entramado que sostiene la Justicia argentina, y de manera particular para la Justicia federal, que insiste en mostrar, en varios casos resonantes, un notorio desapego de esos valores a los que está obligada a respetar por la independencia de poderes que ordena la Constitución.

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