Salida de la cuarentena

¿A dónde vamos? La configuración del turismo en el contexto de “nueva normalidad”

El contexto de pandemia llegó para quedarse. Y no me refiero a que persistirá la cuarentena y aumentará la cantidad de contagiados, ya que más tarde o más temprano llegará una vacuna y el COVID-19 dejará de ser noticia. Sin embargo, este virus ha venido a marcar un punto de inflexión en nuestro estilo de vida, en los protocolos, comportamientos, costumbres y accionares sociales, ante posibles futuras emergencias similares. Todo lo cual obliga a realizar un viraje, a modificar nuestras rutinas; en definitiva, desaprender y reaprender en todos los sentidos.

Hasta el momento (ya finalizando la tercera fase de cuarentena), se ha instado a mantener la higiene en el hogar y emplear (y cumplir) a rajatabla las medidas sanitarias para evitar o disminuir el contagio del coronavirus. ¿Cuántas veces hemos escuchado o leído que debemos lavarnos las manos con jabón frecuentemente, utilizar tapabocas, usar alcohol en gel y desinfectar los elementos del hogar? ¡Millones! ¿Qué sucederá al retornar a la “normalidad”, o, mejor dicho, “nueva normalidad”?

Hablemos de turismo: ¿qué será de esta actividad de ahora en adelante? O, mejor dicho, ¿qué características tendrá? Aludo al turismo porque, como actividad social y económica, siempre se presenta como una opción viable y redituable en los países frente a una situación de crisis, permitiendo la diversificación de la matriz productiva y, en muchas ocasiones, la articulación social. Ahora bien, aquí se encuentra el mayor desafío: los turistas se presentan como los principales vectores de transmisión del virus ¡Pequeño obstáculo! Es el turismo el que ahora atraviesa una profunda crisis, el que, aparentemente, más afectado se ve. Le atribuimos la culpa de la pandemia a esta actividad que tanto se ha promocionado en nuestra provincia, y en la que se ha invertido una gran cantidad de dinero ¡Vaya paradoja!

Mendoza posee una gran cantidad de atractivos turísticos que captan no sólo a turistas domésticos, sino también a extranjeros. Estos últimos representaron el 21% de los visitantes que arribaron en 2019. Como ejemplo, pensemos en el Parque Aconcagua, que este año llegó a su récord de visitantes, con más de 7 mil en la temporada 2018- 2019. De modo que, para la provincia, el turismo significa un gran motor de desarrollo. Representa el 6% del PBG de la provincia, y genera 45 mil puestos de trabajo directos. Lamentablemente, hoy se encuentra totalmente paralizado. ¿Qué sucederá con los puestos de trabajo?

Para responder estos cuestionamientos, en primer lugar, destaco la capacidad de carga turística. Es un concepto que refiere a la cantidad máxima de visitantes que puede contener/albergar un recurso, sitio o destino turístico. Si se supera ese límite, la actividad se torna insostenible y perjudicial, por las drásticas consecuencias que genera. Considero que las medidas y políticas que se diseñen e implementen se orientarán justamente a esto, a limitar (y controlar) el número de personas que ingresa a algún sitio (museos, teatros, bodegas, etc.), lo cual también dilatará los tiempos. Entonces: ¿aumentarán, como consecuencia de esto, los precios? ¿cómo se planificarán las visitas? Sumado a lo expuesto, será indispensable garantizar la higiene y seguridad de los sitios y equipamientos ligados al turismo (alojamientos, aeropuertos, terminales, restaurantes y todas sus variantes), lo cual añadirá más costos a la actividad.

Por otro lado, se apostará a la promoción y visita de espacios al aire libre, abiertos, ventilados. Dicho de otro modo, se reivindicará el turismo de naturaleza o ecoturismo. Pero: ¿por qué no reinventar o readaptar otras modalidades turísticas a espacios abiertos y descongestionados?

En este marco, es indispensable la virtualidad. Las TIC se han convertido en herramientas de mediación clave, y si bien hace muchos años se han implementado en el ámbito turístico, ya que su uso es transversal a todas las modalidades turísticas, con esta pandemia su utilización se está disparando a pasos agigantados. Pensemos en la realidad virtual, en las aplicaciones y programas, videos, etc., que nos hacen experimentar los destinos turísticos virtualmente, a tal punto que, a veces, logramos sentir que estamos visitando físicamente esos sitios o atractivos que nos muestran. Así, se podrán “visitar” museos, ruinas, teatros, etc. mediante aplicaciones y otras herramientas digitales. Por supuesto, nunca será lo mismo, pero no deja de ser una valiosa alternativa para considerar, mejorar y reorientar.

En cuanto a las dimensiones territorial y económica, y vinculado con lo señalado, se enfatizará en el despliegue y/o consolidación de las economías regionales, apostando al desarrollo de destinos turísticos nuevos y “descongestionados”, tales como ciudades intermedias y pequeñas, que tal vez hasta el momento no eran muy conocidos y/o demandados, a la vez que eran poco visibilizados. En contraposición, se desincentivará la visita a las grandes aglomeraciones urbanas, focos de concentración y transmisión de todo tipo de enfermedades. Lo cual no quiere decir que en otros destinos más pequeños no suceda, pero las probabilidades son mucho menores.

Finalmente, es pertinente destacar la importancia del involucramiento y revalorización de la ciencia y la tecnología en temas controversiales. En el ámbito del turismo, nuestro país cuenta con valiosos profesionales y científicos especializados en la temática que investigan constantemente para contribuir con su conocimiento científico a la mejora de este campo.
Siempre y cuando haya una articulación entre la investigación y la gestión, se podrá visualizar el valor y la real aplicabilidad social de la investigación científica, su contribución al bienestar social y calidad de vida. Máxime en estos tiempos difíciles.

La autora es Licenciada en Geografía, docente de la UNCuyo y becaria doctoral del CONICET.

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