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Análisis y opinión

César Da Col: "Hay que reivindicar a René Goscinny, el creador de Asterix, como autor argentino"

Ilustrador y especialista en historietas, César Da Col, explicó la trascendencia de haber recuperado la colección completa de Asterix

La historieta o cómic o manga o tebeo, pese a su relativa juventud, se codea hoy con las artes mayores en buena parte del planeta. Sus contenidos son fuente inspiración, en un ida y vuelta, de otros fenómenos de impacto masivo como el cine y las series de televisión.

Hay personajes de tiras que ya ostentan el rango de clásicos. Es el caso de nuestra Mafalda. O de Asterix, el héroe galo, que también es un poco nuestro, pues su creador, René Goscinny, aunque de nacionalidad francesa, se crió en la Argentina y nunca perdió su afecto por el país. Hasta tal punto que lo visitaba con regular periodicidad.

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Surgida en 1959 de la dupla formidable creativa que conformaron Goscinny y el dibujante Albert Uderzo, la saga alcanzó una enorme difusión que no se detuvo con el fallecimiento, años después, de sus creadores.

La buena noticia es que la colección completa, incluyendo los nuevos ejemplares, hoy puede adquirirse en la Argentina y países limítrofes gracias a la iniciativa de Libros de Zorzal. La hija de Vercingetorix es el título flamante que ha motivado el reencuentro en las librerías con el público local.

César Da Col, él también ilustrador y especialista en historietas, nos explica la trascendencia de haber recuperado tamaño monumento vivo de nuestra civilización.

Es para destacar la labor de Da Col como miembro del grupo Banda Dibujada -que integra, entre otros, el mendocino Chianti-, abocado a difundir la historieta entre niños y jóvenes, fundamentalmente en el ámbito escolar. Desde Boedo, dialogó con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-No es fácil atravesar los años e instalarse como un clásico mundial para distintas generaciones, como es el caso de Asterix, ¿no, César?

-Lo que pasa es que Asterix ha traspasado las fronteras. Es una obra del planeta Tierra. Ya no es francesa. Es de todos los habitantes del mundo.

-En un muy interesante artículo tuyo sobre este tema, ponés a esta historieta a la altura de la Malfada de Quino.

-Sí, efectivamente. ¡Y qué lindo es que hables de Quino y estar hablando con gente de Mendoza! Me acuerdo de ese cielo celeste hermoso, de esa montaña nevada, de esa ciudad tan linda. Y, como dibujante, me vienen a la mente Quino, Juan Giménez, Chianti, Cangialosi, Raúl Ávila… un montón de historietistas.

-¡Estás resignificando la marca provincial!

-No tengo la menor duda. Mendoza: tierra del sol, del vino y de las historietas.

-Volviendo a Asterix y a su categoría de clásico…

-Asterix, como Mafalda, lo lindo que tienen es que uno los puede leer en cualquier momento de su vida y siempre les va a encontrar una vueltita de tuerca, algo nuevo por descubrir. Superan las épocas. Eso lo tienen los clásicos, nada más.

-Porque, además de las anécdotas que ofrece cada capítulo, están todos los cruces culturales que introdujeron magistralmente los creadores de Asterix, René Goscinny y Albert Uderzo. Por eso es tan rico el producto.

-Claro. Es una entrada, no solo al mundo de la lectura en general, sino también a la historia. Uno, leyendo a Asterix no se da cuenta, pero está incorporando un montón de conceptos reales de la historia antigua.

-Claro, para algunos eso pasa desapercibido.

-Estamos tan envueltos en la anécdota, en el gag, en la aventura, que, de a poquito, tanto René Goscinny como Albert Uderzo nos fueron metiendo pequeños datos que nos quedan para toda la vida.

-Esto lo podemos relacionar con otra entrevista que hicimos hace poco con otro especialista en historietas, Diego Accorsi. Mencionamos allí aquellas pioneras incorporaciones del mundo antiguo que hacía Robin Wood en tiras como Nippur de Lagash, Drago, Gilgamesh

-Exacto. Lo hemos rescatado en las redes de Libros del Zorzal. Hay una cita de Robin Wood, sacada de una entrevista, donde dice que René Goscinny es el más grande guionista de historietas que él conoce. Opina que Asterix y Lucky Luke son las historietas perfectas. Ahí tenés el link, el enlace. También lo hacía Oesterheld, ¿eh?

-¿Esto de apelar a las raíces de la historia?

-Esto de meternos en la aventura y que el hecho histórico esté. Es el fondo. Pero está. Y tiene mucho que ver la documentación gráfica, en donde Uderzo fue un genio también.

-¿Qué pasa con las nuevas generaciones que se enganchan recién a partir de ahora con la historieta?

-A mí me hubiera encantado no conocer a Asterix y descubrirlo ahora. Quien empieza por este nuevo volumen, La hija de Vercingetorix, agarra el último vagón de todo un largo tren que son los libros de la saga que, a su vez, tiene una gran locomotora, Asterix el Galo.

-Recordemos su origen, vale la pena.

-Se publicó en 1959 en la revista francesa Pilote. O sea que tiene un montonazo de años.

-¿Y cómo fueron evolucionando los personajes?

-Fue a medida que los autores, en forma personal y como autores, iban madurando. A la par de ellos también iban madurando los personajes e iban naciendo otros dentro de la historia.

-Está muy bien pensado, por otra parte, el diseño de cada ejemplar.

-Una de las cosas lindas que tiene cada uno de los libros de la serie es que trae una presentación de los personajes principales y una página con un gran mapa, porque estamos en la Galia del año 50 antes de Cristo. Y justo en medio de esa Galia, de esa Francia, hay un estandarte clavado en primer plano haciendo un agujero en medio del mapa.

-El símbolo del Imperio…

-Claro. Es el estandarte romano. Recordemos que los romanos habían invadido, no solo con sus ejércitos, sino también con su cultura, toda esa parte de Europa. Y Asterix trata de eso: de un grupito de galos, los antiguos franceses, que resisten al invasor romano.

-Con una ayudita adicional…

-Al ímpetu de resistencia contra la cultura y la invasión romanas, le suman que el druida, Panoramix, el mago de la aldea, crea una poción mágica que les da fuerza sobrehumana. Por un tiempo limitado, con eso tenés una fuerza como si fueras Superman.

-Ahí está todo el germen argumentativo.

-La gracia está en que los romanos, comandados por Julio César, con todo su ejército, con toda la tecnología y con toda la civilización, ocupan toda la Galia, menos ese pueblito. Es una mancha para ellos.

-Estamos hablando de una historieta que ha cumplido 60 y mantiene su vigor creativo, incluso hoy, a cargo de otra dupla de autores: Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Algo distinto pasó con Mafalda. A Quino se le agotó el personaje muchísimo antes.

-Tal vez porque eran dos lo pudieron sostener más en el tiempo. Pero, además, porque René Goscinny era una máquina infernal. No solo se abocaba a Asterix. Era una mente brillante que podía crear historias para otros personajes como Lucky Luke, Iznogud, El pequeño Nicolás y un montón más que, en paralelo, él seguía trabajando.

-Pero, además de sus aptitudes creativas, tenía capacidad de trabajo, ¿no?

-Uno de los grandes talentos de Goscinny, además de ser un gran guionista, era el ser un muy buen gestor de material, muy buen director de contenidos. Sabía elegir al dibujante para su historia. Era un don que tenía.

-Lamentablemente no tuvo una carrera muy larga.

-Falleció muy joven, a los 51 años, en 1977. Lo que pasa es que nos dejó una cantidad de obra impresionante.

-Vos siempre has bregado por reivindicar la argentinidad de Goscinny.

-Claro, desde hace muchísimos años. Culturalmente, Goscinny era argentino. Llegó al país a los dos años de edad y vivió acá hasta los 19. Cuando él hablaba en castellano lo hacía con acento porteño, porque era un porteño más. Vivió todo ese tiempo en la ciudad de Buenos Aires.

-¿Cómo siguió su ruta después de Argentina?

-Partió a Estados Unidos y luego volvió a Francia. Había nacido en París de un padre polaco y de una madre ucraniana. Pero su parte francesa la adquirió en la lejanía, estudiando en el colegio francés de Buenos Aires.

-En resumen, lo hacemos ingresar definitivamente a Goscinny en el catálogo de los escritores nacionales.

-Por supuesto. Es importante rescatar a nuestros propios autores. Y muchos consideramos que René Goscinny es un autor argentino también. Franco-argentino, si querés. Pero que tiene que ser leído en su país.

-Muy bien, porque si bien su cédula de identidad es francesa, los lazos con el país no los perdió nunca, ¿no?

-Culturalmente era argentino, sí. Hace unos años, en 2015 o 2016, se hizo una exposición sobre Asterix en Buenos Aires donde se proyectó un video de Anne, la hija de René. Es maravilloso y revelador. Y allí ella cuenta que Goscinny toda su vida volvió a la Argentina. Venía una vez por año.

-¿En calidad de qué?

-Como le gustaban los cruceros, paraba en Punta del Este y después venía a Buenos Aires, donde estaba varias semanas. Viajaba con su señora, su hija y su máquina de escribir.

-Volvía a recuperar algo que consideraba suyo, entonces.

-Según Anne, era fanático de las empanadas y del dulce de leche. No había día que en su casa no almorzara por lo menos una empanadita. En París vivía arriba de un almacén que era atendido por una argentina. Y esa mujer era la que le preparaba las empanadas.

-Es para destacar, por otra parte, una proeza editorial argentina de parte de Libros del Zorzal. Hace poco hicimos una nota destacando el rescate de un autor tan valioso y, a la vez, tan perdido, como Manuel Peyrou. Ahora pone al alcance nuestro a Asterix, Iznogud y Lucky Luke.

-Si hay un milagro argentino es que exista un editor como Leopoldo Kulesz. Nunca me imaginé que una editorial argentina como Libros del Zorzal se fuera a poner al hombro este rescate cultural de la obra. ¡La obra! Acá lo más importante es rescatar la obra, que tiene que circular, tiene que ser leída. Es la única manera de que todo esto viva. No hay otra forma.

-Nos llegan, durante el programa diversos mensajes de oyentes que han crecido con la saga y la han disfrutado. Pero ¿qué pasa con los chicos de ahora? Preguntamos porque la nueva historieta incluye a una protagonista joven, Adrenalina, junto a una bandita de adolescentes. Como si la historia quisiera dar un matiz de época.

-Tenemos que ir bien a la raíz del tema. En primer lugar, es importante que en casa se lea historieta, porque los chicos trabajan mucho por imitación. Si a nosotros nos ven leyendo, ellos van a sentir interés por eso que hace el adulto o el papá. No importa si es Asterix, Mafalda o Veinte mil leguas de viaje submarino.

-¿Y en el caso especial de esta historieta?

-Los que somos verdaderos amantes y lectores de Asterix está bueno que mostremos eso que nos hizo tan felices de chicos a los chicos de ahora. Les puedo asegurar que se va a llevar una sorpresa más de uno.

-Muy bien. Contagiar ese disfrute, esa emotividad, sería la clave.

-Está en nosotros, en los papás, en los abuelos, trasladarles la lectura a los chicos, pero sin agarrarlos del cogote para que lean. Es trasladarles esta pasión por la lectura. Y va a calar, porque la historieta es una forma de contar. Los chicos están muy familiarizados con eso. Se la pasan todo el día viendo cosas en Netflix, en la tele y hasta en los videojuegos.

-En este caso, con una particularidad específica.

-Sí. La historieta tiene su propio código, su propio lenguaje. Por eso digo, si les gusta Mayor y menor, que es una de las historietas más leídas del país, les va a gustar Asterix.

-¿Por qué?

-Porque los chicos ya tienen la mecánica de la historieta y del libro incorporada. Están a un pasito de leer otra cosa. De Asterix pueden pasar a Iznogud, Lucky Luke, Mafalda, lo que sea. La oferta de la historieta infantojuvenil en la Argentina en este momento es enorme. Y las obras de Goscinny son como rompehielos que van adelante. Generan lectores.

-Una reflexión, a propósito de esto. Quizá los personajes de historieta más famosos del mundo sean Superman y Batman, pero los chicos de hoy no tienen ni idea de que ese es su origen. Los conocen por la pantalla. En cambio, Asterix o Mafalda nunca han perdido su marca de nacimiento en el género.

-Es verdad, tenés razón. Yo estoy todo el tiempo hablando con chicos y ellos piensan que los superhéroes vienen de las películas. Son tan poderosos el cine y los dibujos animados, que han tapado algo la historia. Hay que rasquetear un poquito para saber de dónde vienen.

-¿Y el caso de Asterix?

-Creo que tiene que ver con el hecho de que nació en Francia donde la historieta, a nivel cultural, está totalmente equiparada a lo que es el cine. Son formas de contar, como decíamos. Uno puede contar desde una película, desde una historieta o desde una obra de teatro. No hay formas de expresión que estén más arriba que las otras. Posiblemente en Estados Unidos la cosa sea distinta.

-O sea, que en Francia la historieta no es considerado un género menor.

-Por eso el mercado de la historieta en Francia y Bélgica es gigantesco.

-También en Japón con el manga.

-Exactamente. Los tres grandes centros culturales y de mercado son Estados Unidos, Francia/Bélgica y Japón. Ese es el eje en el mundo.

-Pero con rasgos propios cada uno de ellos, ¿no?

-En Japón, donde producen mucho, tal vez la lectura es más efímera. En cambio, en Francia y Bélgica se piensa más la historieta para el libro, para que quede en la biblioteca. Es otro ritmo.

-Han pasado los años y, sin embargo, personajes como Asterix o Mafalda siguen manteniendo su lozanía frente al público. ¿Qué ha pasado con referentes clásicos de nuestras tiras como Patoruzú, Inodoro Pereyra, Clemente, etcétera, que no parecieran gozar de la misma frescura?

-Como te dije antes, los personajes viven cuando se leen los libros. ¡Hay que editar libros de historieta! Hay que hacer lo mismo que Libros del Zorzal: publicar libros, moverlos, que se instalen y que la gente los lea y los disfrute.

-¿Está ocurriendo con alguno de ellos?

-De Patoruzú se están haciendo libros. Otros como Don Nicola, Pelopincho y Cachirula o el Langostino de Ferro, entre muchísimos personajes de antaño, la verdad es que están un poco perdidos. Sin embargo, hay muchas historietas que están en el sentir popular, como Clemente o El Eternauta, obviamente.

-Justamente, Planeta está anunciado el lanzamiento internacional, en español, de El Eternauta.

-Aquí hay algo muy interesante, que es el fenómeno Netflix. En 2023, van a salir la serie de El Eternauta y otra de Asterix en dibujos animados. Esto también ayuda al resurgir de todas estas historietas.

-Vos está pidiendo que las editoriales se pongan las pilas para publicar los libros, pero también debe haber otras acciones, ¿no?

-Sí. Es parte del meollo. Hay que hacer un trabajo en las bibliotecas. Y, de hecho, se está haciendo.

-¿Por ejemplo?

-Las historietas están en las bibliotecas de las escuelas, en las bibliotecas populares, cada vez más. Los mediadores de lectura, como se les llama habitualmente a bibliotecarios, docentes y padres, inclusive, también lo vienen haciendo. Pero, repito: es fundamental que se lean historietas en casa. Si nosotros, los adultos, no las leemos, no pretendamos, entonces, que los chicos lean historietas.