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Bolsonaro + Maduro nos da Bukele, otro presidente que decidió "ir por todo"

Nayib Bukele (39), presidente de El Salvador, ha aunado lo peor de las autocracias de izquierda y de derecha. Ya echó a las cabezas del Poder Judicial y libra una batalla contra la prensa. ¿Le suena?

Tome nota porque el siguiente nombre y apellido usted lo va a empezar a sentir en la tele, en la radio, en los diarios y -ojo al piojo- en las redes sociales, ámbito del que proviene el tipo éste. Se llama Nayib Bukele. Tiene 39 años. No es actor de una novela turca, ni un boom del trap africano.

Bukele es desde 2019 el presidente de El Salvador, uno de los países más pobres y con mayor nivel de violencia de América. En esos dos años Bukele ya sacó patente de desorbitado e inclasificable, pero por lo menos tenía un freno: la oposición era mayoría en el Poder Legislativo. Hace dos meses hubo elecciones legislativas en El Salvador y allí logró el trampolín. Su partido, llamado Nuevas Ideas, dio un batacazo y se quedó con mayoría en las bancas del parlamento.

Bukele ha arrancado con bríos la versión salvadoreña del "vamos por todo". Con el parlamento a su merced, ha dado el paso clave de todas las autocracias: ha descabezado el Poder Judicial y ha sacado zumbando al fiscal general de la Nación.

Mi constitución

¿Por qué esta decisión ahora? Porque en sus dos primeros años de gobierno la Corte había declarado inconstitucionales algunas de sus decisiones poco republicanas. Ahora va por su deseo más preciado que es el de cambiar la Constitución y hacerla a su medida. Y para ello ha cumplido otro clásico de los autoritarios: ha aumentado su combate hacia la prensa no adicta.

Hay algunos datos en los que El Salvador sobresale. 1) Desde allí partían las mayores caravanas de migrantes rumbo a los Estados Unidos. Bukele ha logrado frenar esas caravanas para lo cual ha creado una fuerza militar que controla las fronteras del país. 2) La violencia narco de "las maras", esas pandillas salvajes vinculadas al narcotráfico que habían instalado el terror en ese país y que ahora han ralentizado su accionar, al parecer por un acuerdo no blanqueado con Bukele. 3): ese país todavía arrastra el lastre de la guerra civil que padecieron los salvadoreños entre 1980 y 1992, y en la que murieron 100.000 personas.

Nadie sabe bien si Bukele es de izquierda o de derecha. Sus asesores dicen que esos son parámetros perimidos. Tiene los peores defectos de ambos extremos políticos. Su lema es "ejecutar, ejecutar, ejecutar" y guay que alguien le quiera poner frenos o controlarlo. Su obsesiones son el celular, las redes sociales y las encuestas de imagen. Ese es su mundo. No es un hombre de contacto físico con la gente. Bukele gobierna desde su pantalla.

Imágenes y eslóganes

Es hijo de un inmigrante palestino musulmán -adinerado- que en El Salvador le fue muy bien con una agencia de publicidad. Entre los principales clientes de ese padre publicista figuraban conocidas marcas de Estados Unidos, pero también el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) quien necesitaba blanquear su imagen tras el fin de la Guerra Civil.

En ese mundo de la imagen y los eslóganes creció el actual presidente, quien dice creer en Dios pero se niega a definirse como cristiano o musulmán. Cuando concluyó la guerra civil, Bukele tenía 10 años y esa contienda no lo había tocado. Ahora despotrica contra los acuerdos de paz de aquellos años.

Lo suyo es una mezcla del peor derechismo de Bolsonaro con lo más chirriante del izquierdismo bolivariano de Maduro, aderezado con toques de locuras de Trump, más una buena porción del autoritarismo de Putin. Ya ha dado muestras palpables de que el republicanismo, con su división de poderes, sus controles y su libertad de prensa, no es menú para su paladar.

¡Vista al celu, march!

Bukele tiene 39 años. Es el presidente más joven de América. Ese es el promedio de edad de más del 40% de la población salvadoreña, una ciudadanía que tiene malos recuerdos del bipartidismo de los últimos 30 años. Los niveles de corrupción fueron alarmantes. Pero todo señala, por el comportamiento de Bukele (sus tres hermanos son sus principales negociadores) que la fiesta continuará más concentrada.

Está todo el tiempo mirando la pantalla del celu, aún cuando se reúne con sus funcionarios para bajarles línea. Sus dos primeros años fueron famosos por la batalla que desató contra la prensa y el Parlamento opositor a través de un ejército de trolls. Uno de los hechos más escandalosos de la primera etapa fue cuando acompañado por militares se presentó en el Poder Legislativo con la intención de obligar a los diputados a votar un préstamo para la seguridad.

Este millenial con aires de putinesco youtuber es, a todas luces, el nuevo francotirador de moda de quienes se valen de la democracia para llegar al gobierno de la mano del pueblo y que luego dinamitan "esas formas burguesas y liberales", como la división de poderes y la libertad de expresión. Eso mismo ya lo habíamos padecido con personajes siniestros como Hitler y Mussolini, que también se jactaban de "ejecutar, ejecutar y ejecutar".

Bukele, que hace poco habló en las Naciones Unidas, dijo que "el mundo ya no se encuentra en esta organización, sino en internet". No debe ser en El Salvador. En ese país la conexión a internet es una de las más bajas de América y del mundo.

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