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Argentina, ese misterio que nos tiene en ascuas

Gombrowicz, el famoso escritor polaco que vivió en la Argentina, no podía entender por qué nosotros teníamos la necesidad de preguntarnos todo el tiempo qué era ser argentino

El escritor y periodista Martín Caparrós dice que la gran especialidad argentina es la de producir ídolos y caras para las remeras. Maradona, el Che Guevara, el Papa Francisco, Evita. Y agrega: hay muchos países con mayor importancia cultural y económica que la Argentina y sin embargo no producen tantas caras para remeras.

El conductor, empresario y dirigente futbolístico Mario Pergolini cree que los argentinos nos estamos comportando como eso que en el mundo digital llaman un algoritmo, es decir algo que sólo nos brinda lo que nos gusta y que esconde lo que no queremos ver.

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El docente y columnista de La Nación Luciano Román sostiene que en la Argentina basta poner una lupa sobre cualquier cosa para encontrar con facilidad mala praxis, improvisación y falta de profesionalismo. Y entonces se pregunta: ¿dónde quedó el orgullo por el trabajo bien hecho?

El escritor polaco Witold Gombrowicz, que vivió y escribió en la Argentina, comentaba que el principal problema argentino era el de de tener la necesidad de preguntarse todo el tiempo qué era ser argentino. Es como si el ser argentino no existiese, sintetizaba este europeo argentinizado.

El jesuita argentino Jorge Bergoglio, más conocido como Papa Francisco, ha admitido que los habitantes de este país somos muy engreídos. En una famosa entrevista explicó cómo se suicida un argentino: "Muy simple: se sube arriba de su ego y se arroja al vacío".

El periodista Pablo Mendelevich asegura que en la Argentina pactar se ha convertido en una mala palabra, cuando en realidad la democracia consiste en procesar las diferencias mediante negociaciones y en no legitimar el bloqueo o el obstruccionismo como mecanismo político.

El economista argentino Carlos Melconián insiste en afirmar que el trabajo en la Argentina está cayendo en calidad y cantidad, al igual que el stock de capital. En las fórmulas de crecimiento -asegura- no entran los subsidios, los planes sociales ni la emisión monetaria.

El fallecido actor argentino Federico Luppi interpretó en la película "Martín (hache)". de Adolfo Aristarain, a un desencantado de este país que le advierte a su joven hijo que se vaya de esta tierra porque "la Argentina no es un país, es una trampa" y que "la patria es un invento".

El empresario chileno Juan Sutil. presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, se preguntó (ante la partida de empresas chilenas instaladas aquí): "¿qué sentido tiene quedarse en un país donde hay un claro sentimiento anti-empresas?".

El historiador Luis Alberto Romero cuenta que anhela que la Argentina peronista, cuya franquicia actual se llama kirchnerismo, trascienda ampliamente a este sector. Cree que del propio peronismo debe salir una revisión "con la cual los no peronistas podamos vivir". Y aclara que es un escéptico con optimismo de largo plazo.

El novelista y ensayista Jorge Asís manifiesta que cualquier cosa que se proponga hoy en la Argentina se estanca porque "todas las cuestiones están con un nivel de enfrentamiento casi mamarrachesco". Y, como en una letra de tango, añade que "casi que no hay fe ni para discutir".

El ex presidente uruguayo Jorge Batlle, especialista en mostrar nuestros puntos débiles, afirma que "los argentinos viven preguntándose quiénes son los culpables de sus problemas como si ellos no tuvieran nada que ver". Y la remata así: "el lenguaje que hablan los argentinos no existe más".

El escritor argentino Jorge Luis Borges, el intelectual más fecundo que ha dado la Argentina y maestro en el arte de la síntesis ha sido mucho más productivo. "Ser argentino es un acto de fe", dejó escrito.