Según Pedro Vigneau, reconocido dirigente rural, "los argentinos volcamos al mar por día entre 250 y 300 litros de agua dulce por habitante del mundo".
El Río de la Plata, que tiene un caudal de 20 millones de litros por segundo, equivale a aproximadamente 250 litros de agua por habitante del planeta por día que se salinizan sin ningún uso. ¿No debiéramos concentrarnos en no desperdiciar ese enorme caudal y desarrollar el abastecimiento en todo nuestro territorio? Dos tercios del territorio son desérticos y semidesérticos.
Vigneau explicó también que "en el caso del acuífero guaraní, donde están los recursos de los ríos Paraguay, Paraná, Bermejo, Iguazú y Pilcomayo significan una pileta de 40.000 kilómetros cúbicos. Estamos hablando de la dimensión de la provincia de Buenos Aires con una profundidad de 270 metros de agua dulce".
Tenemos un millón de hectáreas atendidas por el riego, pero podríamos llegar pronto a los siete millones y multiplicar las producciones en sitios que hoy lucen completamente postergados.
¿Está sano el Guaraní?
En la superficie, sobre este reservorio que existe bajo tierra, se levantan unos 1500 pueblos y ciudades que suman más de 20 millones de personas. Es la tercera reserva de agua dulce del planeta, la mayor a nivel subterráneo, y se extiende a lo largo de 1.2 millones de km².
Su volumen es de más de 40.000 kilómetros cúbicos de agua potable.
Aunque las reservas son muy abundantes su actual explotación supera la capacidad de reproducción por lluvias. Especialmente, durante los años de fuertes sequías.
El agua obtenida es dedicada al uso doméstico, recreativo, comercial, industrial y agropecuario. Los cuatro países que lo comparten (Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil) deberían trazar estrategias urgentes de protección ante las evidencias del cambio climático.
Como dice Vigneau, habría que aprovecharlo en el final de su ciclo, antes que se salinice, ya que la sobreexplotación previa podría romper un milenario equilibrio natural.



