De finir a Dieter Meier como una de las mitades del dúo electrónico suizo Yello sería reduccionista. A pesar de que una de las canciones de ese grupo, Oh, yeah, es una de las más usadas en películas y series de Hollywood -al punto de que aparece hasta en Los Simpson- su historia es mucho más rica y compleja.
Meier, de 71 años, es también artista conceptual, fotógrafo, director de cine, jugador de póker profesional y empresario que ha atravesado la historia del arte moderno dejando su singular marca.
Nacido del seno de una familia de banqueros millonarios, el cantante siempre eligió hacer su propio camino, eligiendo desafíos de diversa índole para conquistar.
Así fue que pasó de ser un celebrado artista conceptual en Europa a formar el dúo Yello con Boris Blanck, a dedicarse de lleno a cantar y componer en su otra banda, Out of Chaos, a criar vacas orgánicas en el Sur de Argentina, a tener plantaciones de chía por el mundo y hasta fundar su propia discográfica. También tuvo una empresa de relojes, fue diseñador de pañuelos y, más recientemente, incursionó en la producción de chocolates.
Siempre inquieto, fue hace cuarenta años que pisó Mendoza por primera vez y catorce desde que produce su propio vino orgánico, en Mendoza, más precisamente en Agrelo, en la bodega Ojo de Vino.
Fue justamente en el restorán de ese emprendimiento, que lleva el nombre de Ojo de Agua, que Diario UNO dialogó con el suizo.
-¿Cuál fue el motivo de su visita a la provincia?
-Vine a probar los nuevos cortes de nuestros vinos de alta gama, siempre es importante mantener la calidad de lo que producimos porque al final del día llevan mi nombre y yo soy el representante de ellos en Europa (sobre todo en Alemania y Suiza), donde se venden mucho. Estoy muy contento con lo que he probado porque pienso en los viñedos como cantantes y esta vez, escuché a estos viñedos cantando en un nivel muy superior.
-¿Y cómo descubrió Mendoza?
-Vine por primera vez en 1973 interesado en invertir en proyectos agrícolas, pero cuando me fui ya no pude volver porque empezó la dictadura. Siempre tuve inclinaciones más bien de izquierda así que no pude volver hasta años después, pero me quedé fascinado con su país y la posibilidad de generar productos orgánicos en esta tierra. Argentina tiene privilegios impresionantes para el mundo orgánico.
-Además de su faceta como empresario, sigue activo en el mundo de la música. El año pasado lanzó el disco "Toy" con su dúo Yello...
-Cuando uno produce un disco nuevo, se abre una nueva puerta en su vida artística. A veces, con el tiempo, uno se percata de que se convirtió en un epígono de sí mismo y se está repitiendo. Este disco suena mucho a Yello, pero es muy minimalista. No quisimos crear un sonido bombástico con una estética irónica, como hemos hecho en el pasado. Es un álbum que me gusta mucho.
-Lo más interesante es que después de 38 años de carrera, realizaron su primer show en vivo y fue para presentar este CD...
-Durante todos estos años, mi compañero de grupo, Boris, se rehusó categóricamente a tocar en vivo. No le gusta. Finalmente, accedió y creo que fue el escalón más importante de nuestra carrera. Hicimos cuatro shows, el año pasado, en Berlín, que es como nuestro segundo hogar porque tenemos muchos seguidores allí. Puedo decir que el primero y el segundo recital salieron más o menos porque habíamos tenido apenas cuatro días para ensayar. Boris no había estado antes sobre un escenario. En mi caso, sé manejar el vivo porque canto en otra banda. Los últimos dos shows, sin embargo, salieron muy bien. Incluso, grabamos las presentaciones y haremos una película con ese material.
-¿Piensan seguir haciéndolo?
-Después de esos cuatro recitales, cuyas entradas se agotaron, recibimos ofertas para tocar en diferentes países. Este año, a fines de octubre, haremos nueve shows más y luego vamos a estar en un festival.
-El sonido de Yello revolucionó la industria musical en los años 70 y 80, ¿qué opina de la música electrónica que se hace hoy en día?
-La música electrónica se convirtió en algo muy uniforme. Hay muy pocas cosas que son originales. Todo suena igual. Creo que esto se debe, citando a Marshall McLuhan, a que el medio se convirtió en el mensaje. Hoy en día, con la tecnología que existe, mucha gente, incluso gente exitosa, cree que toca instrumentos electrónicos muy elaborados cuando en realidad es la tecnología la que los toca a ellos. La música que se produce en conclusión es toda igual. Se utiliza la tecnología en demasía y sin un respeto verdadero por la música. La calidad de sonido que existe hoy es tal que hasta un niño que con una computadora Apple es capaz de producir una canción que suene bien. Cuando empezamos con Yello, era muy difícil conseguir un buen sonido: grabábamos cualquier cosa que nos llamara la atención y luego, uníamos esos sonidos usando cinta adhesiva en los rollos.
-¿Qué le espera a su otra banda, Out of Chaos?
-A pesar de mi limitada capacidad con a guitarra, he compuesto algunas canciones para un nuevo disco y saldremos de gira otra vez. En ese grupo soy el cantautor, armo mis propias canciones y las canto, no como en Yello, donde soy un invitado que canta los temas de Boris.
-¿Cómo crean los temas de Yello?
-Boris siempre propone estas nubes de sonido, que nunca son canciones. Son simplemente sonidos y yo les doy forma. Es un método totalmente diferente al que tengo con Out of Chaos. Las canciones de Yello están totalmente dominadas por la presencia de Boris, él es quien crea ese sonido y después, juntos, "pintamos" preciosas canciones.
-¿Hay posibilidades de que alguna vez toque en Mendoza?
-Quizás con Out of Chaos en algún teatro, con Yello no creo porque son espectáculos muy grandes y costos. Con los shows que hicimos el año pasado, salimos derechos, ni ganamos dinero, ni perdimos.
-Con lo versátil que ha sido su carrera artística y empresarial, ¿qué sería hoy un desafío?
-Todas las cosas en las que me involucro son como tierras desconocidas. Siempre es desafiante hacer algo diferente. Desde que soy un niño, quise hacer las cosas de manera distinta, nunca me adapté a ningún molde. Siempre fui un excluido en ese sentido. Puedo decir, sin embargo, que cada desafío, cada montaña que intento escalar, viene a mí. Puedo dar cien ejemplos de casos que se dieron así: desde fabricar chocolates hasta tener una empresa de relojes.
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