Paola Alé[email protected]
Esta entrevista empezó hace 34 años. Cuando la abogada Lucía Bottaro, que hoy preside la fundación Apertura –una organización dedicada a la divulgación y aplicación de las técnicas de educación biocéntrica– tenía siete años, en esos momentos, en los que el país se debatía en una guerra abrupta, inesperada e injusta –como todas las guerras–. Una guerra, la de Malvinas, que se sirvió de la vida de adolescentes, que destruyó familias y sueños. Esa guerra fue el motivo por el que Lucía no conoció a su padre y también la razón por la que se dedicó a trabajar por la paz.Primero defendió sus ideales desde la abogacía, luego se involucró con la biodanza y desde allí con la educación biocéntrica. Desde este lugar, se ubica para explicar cómo aplican estas técnicas educativas innovadoras para resolver conflictos, fortalecer la autoestima e incentivar valores como la empatía en alumnos de escuelas de bajos recursos de la Ciudad de Buenos Aires.
El fin de semana, Lucía y su grupo de trabajo trajeron la propuesta a Mendoza para llevar adelante el primer congreso de educación biocéntrica de Latinoamérica. En esta nota compartió los conceptos principales y las motivaciones que la llevaron a optar por un camino en el que la valoración de la vida está en el centro de todos los demás conceptos.–¿Qué es lo que proponen al aplicar la pedagogía biocéntrica? –Se trata de una pedagogía basada en la afectividad. Es decir que en un mundo donde estamos muy acostumbrados a la descalificación, a que se nos impongan los criterios de lo que está bien y lo que está mal, a que todo el tiempo seamos obligados a seguir pautas de coexistencia desde el afuera, lo que busca la educación biocéntrica es construir estas pautas de convivencia en grupo. Que surjan desde un nosotros, pudiendo ponernos de acuerdo.–Digamos que es una alternativa diferente a la que propone la escuela tradicional. –Es una propuesta de construcción de consensos y de saberes colectivos. Tiene tres pilares, por un lado, el diálogo reflexivo de Paulo Freyre, quien descubrió que fuera del aula los alumnos hablaban, hacían, con libertad de expresión; pero dentro del curso, les costaba realmente expresarse. Detectó que tenían miedo a equivocarse y a ser juzgados por no saber algo, miedo a preguntar, a quedarse aislados. Este temor se solucionó al sentarse todos en círculo, todos al mismo nivel, nadie sabe más que otro. Que es contrario al ordenamiento del aula en línea, uno adelante, otro atrás. Poniéndonos en círculo, la palabra puede girar, hasta por una cuestión de disposición física. Por esto, es más fácil que todos tengan oportunidad de comunicarse y poner en palabras lo que piensan. Trabajamos prestando atención a los niveles de conciencia de los que habla Freyre.–Por lo que explicás, la corporalidad tiene un papel central. –Es una pedagogía que está atenta a esto. A lo que el cuerpo dice y a cómo lo dice. De hecho, este es otro de los pilares de la educación biocéntrica: la biodanza. Lo que te aporta es la corporalidad vivida. El autor que usamos es Rolando Toro. El tercer pilar son los siete saberes para la nueva educación del futuro. Edgar Morín es el autor en el que basamos este aspecto.–¿Los docentes participan en estas actividades? –Tienen que participar, es un servicio que se les da a los educadores también. Es parte de nuestro trabajo y de nuestro proyecto capacitar a docentes para transferirles estas herramientas y que ellos las puedan aplicar. Por eso participamos en la escuela de formación docente del gobierno de la Ciudad.–¿Este tipo de actividades se pueden integrar en el día a día o es necesario que siempre se realicen en un momento específico? –Se pueden integrar como herramientas de trabajo pedagógico. De hecho, a los acuerdos de convivencia que hacemos en nuestras clases los chicos pueden continuarlos durante el resto del día.–¿En qué notan las mejoras al aplicar esta pedagogía con los chicos? –Mejora muchísimo la expresión oral y escrita, muchas veces en 4º y 5º grado aún no pueden leer y escribir bien. Al trabajar su identidad, habilidades, el poder y el valor personal, incentivamos el desarrollo de estas capacidades. Trabajamos sobre lo que les interesa y les despierta la atención, dándoles todo el permiso para expresarse y decir lo que quieren decir, para construir conocimiento y sentido.–¿Un ejemplo? –Mediante la implementación del “círculo de cultura” (que es uno de los ejes en torno de los cuales se estructuran las clases), proponemos un tema generador, que funciona como punto de partida para que los chicos digan lo que de ese tema saben, es una manera de afirmarse, de sentir que saben algo al respecto. Luego cada chico, desde su singularidad, dice por qué la eligió. Es un ofrecimiento al grupo como construcción de un conocimiento colectivo. La palabra se hace girar.–¿Cuál es el rol del coordinador en estos momentos? –El coordinador no califica, no es una clase evaluativa. Se intenta siempre evitar el debate. Ordena un poco la tarea de crear una síntesis de las actividades. Lo que se sugiere es hacer preguntas que faciliten el trabajo en equipo. El coordinador no hace juicios valorativos. No dice, por ejemplo “no se le pega a los compañeros”, sino “¿por qué te parece que hay que pegarle a los compañeros?”. Preguntas que llaman a la reflexión.–¿Qué es lo diferente que propone la educación biocéntrica? –Basarse simplemente en lo que cada persona trae, los saberes se elaboran de adentro hacia afuera y no de afuera hacia adentro. Cada uno tiene conocimientos, experiencias de cosas que yo no tuve y en determinados temas que yo pude haber leído muchísimo, a lo mejor a otro le falta. El conocimiento se elabora desde las vivencias.–¿Este tipo de trabajo sirve para canalizar, por ejemplo, la agresividad en el aula? –Sirve porque lo primero que hacemos antes de comenzar una clase es plantear un acuerdo de convivencia, los chicos se ponen de acuerdo en cómo quieren ser tratados. Una primera reflexión es cómo te gusta que te traten, que se dirijan hacia tu persona, que te hablen y se vinculen con vos. Cómo te gusta que te saluden y te tengan en cuenta. Al mismo tiempo, sale a la luz otra pregunta derivada de esta: ¿cómo te gusta tratar a la gente?–¿Todos los chicos del curso participan en las clases? –Participan los que se comprometen con los acuerdos de convivencia, los que aceptan hacerlo. Pero es sorprendente la participación, los chicos se involucran con estas actividades desde lo afectivo. Los docentes también lo hacen y los demás miembros de la comunidad educativa, como los papás. Hemos tenido experiencias enriquecedoras con ellos.


