Golpe de suerte

Por la detención de Maduro, una famosa marca de ropa deportiva ganó una fortuna sin poner un centavo

La imagen de Nicolás Maduro esposado y a bordo del buque USS Iwo Jima con destino a Estados Unidos, desató un impacto que excedió el plano político

La difusión de una imagen de Nicolás Maduro esposado, rodeado por efectivos de fuerzas estadounidenses y a bordo del buque USS Iwo Jima con destino a Nueva York, desató un impacto que excedió el plano político y judicial. La foto, compartida por Donald Trump en Truth Social, tuvo una derivación inesperada en el mundo del marketing: una exposición masiva y gratuita para Nike, la marca de la indumentaria que vestía el mandatario venezolano al momento de la captura.

La escena recorrió portales y pantallas de medios internacionales como CNN, BBC, Fox, NBC y The New York Times, además de replicarse en millones de cuentas en redes sociales. En paralelo, comenzaron a circular análisis desde el universo del marketing digital. “Nicolás Maduro, el dictador que sancionó los productos estadounidenses, vestía de pies a cabeza la marca deportiva más icónica del país que dice odiar”, señaló un reel publicado por la cuenta @marketing.conjuani, al que tuvo acceso la agencia Noticias Argentinas.

La viralización generó millones de impresiones por las que la empresa no invirtió un solo dólar en publicidad. Algunos perfiles incluso estimaron, de manera no oficial, que la exposición habría significado un beneficio equivalente a unos 100 millones de dólares en valor mediático.

Maduro preso

El foco estuvo puesto en el conjunto deportivo gris que llevaba Maduro al momento de su captura: el modelo “Nike Tech Fleece”, una prenda casual de la marca que tiene un valor aproximado de 260 dólares. El outfit se convirtió rápidamente en tendencia global. Se trata de una línea popular entre raperos como Central Cee, figuras del básquet como Kevin Durant y equipos de fútbol de elite como el FC Barcelona.

Uno de los aspectos más comentados fue la contradicción simbólica entre el discurso histórico de Maduro -centrado en el antiimperialismo y la crítica al capitalismo- y el uso de una marca emblema de la cultura estadounidense. En ciudades como Nueva York, el conjunto es una prenda habitual tanto para actividades cotidianas como para entrenar en el gimnasio.

Ventas en alza y debate en redes tras la detención de Maduro

El impacto no tardó en reflejarse en el consumo. En las horas posteriores a la difusión de las imágenes, las ventas del modelo se dispararon en la tienda online de Nike en Estados Unidos, hasta agotar el stock disponible.

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Como no podía ser de otra manera, los memes con la ropa deportiva de Maduro no se hicieron esperar. 

Como no podía ser de otra manera, los memes con la ropa deportiva de Maduro no se hicieron esperar.

Desde cuentas especializadas en marketing, algunos usuarios señalaron que el fenómeno no se explica solo por el morbo que generan este tipo de episodios, sino también por la velocidad con la que se accede a detalles superficiales de hechos complejos. “Todo se banaliza y se convierte en meme. Las búsquedas de Nike ocurrían en paralelo a where is Venezuela”, escribió un usuario en LinkedIn. Otros apuntaron a una lógica de consumo desapegada, centrada más en la estética de la imagen que en su trasfondo político.

La ropa de Maduro y un caso de “earned media”

Especialistas coinciden en que se trata de un ejemplo clásico de earned media: publicidad obtenida a partir de menciones espontáneas de terceros, sin pago directo por parte de la marca. A diferencia de la publicidad paga (paid media) o de los contenidos propios (owned media), este tipo de exposición se apoya en la viralidad, el boca a boca y la relevancia del contenido.

Si bien el efecto inmediato suele ser un aumento orgánico de la visibilidad y, en algunos casos, de las ventas (como ocurrió con Nike), consultores advierten que este tipo de notoriedad no garantiza una mejora reputacional sostenida. La razón es que la marca queda asociada a un contexto ajeno a su estrategia, sin control sobre el sentido ni la evolución de la conversación pública.