El presidente de Túnez, Beyi Caid Essebsi, pidió al primer ministro, Habib Essid, que adopte las medidas excepcionales que considere oportunas para luchar contra el terrorismo, mientras las investigaciones sobre el atentado del viernes avanzan y la seguridad se extrema en todo el país. Ciudades como Susa, escenario del ataque, pero también Hammamet, Monastir y localidades turísticas aledañas a la capital tunecina como Sidi Bou Said o Cartago, amanecieron custodiadas por más patrullas de fuerzas especiales de la policía nacional que vigilaban las calles fuertemente armadas.
“Nuestro plan pretende desplegar (en los próximos días) un millar de policías armados para proteger hoteles y turistas”, ya explicó anoche a los periodistas el ministro tunecino de Interior, Nayam Al Gharzali. Una medida bienvenida por la población, pero que critican con dureza los expertos, ya que, en su opinión, deberían haberse impuesto mucho antes.
Algunos, como el abogado Nasser al Hadi, creen que si el gobierno hubiera escuchado a aquellos que advertían de la radicalización de ciertas mezquitas y de la necesidad de reformar, modernizar y dotar a los servicios de Seguridad y de Inteligencia, la situación sería muy distinta. Ya en el atentado yihadista del 18 de marzo en el museo El Bardo de la capital, en el que murieron 22 turistas extranjeros, se criticó la escasa seguridad y la facilidad con la que actuaron los pistoleros. En el caso del atentado del viernes en el hotel “Marhaba Imperial” de Susa con 38 víctimas mortales, los testigos aseguran que los servicios de seguridad tardaron casi 45 minutos en intervenir y abatir al “lobo solitario”, por lo que se ha vuelto a exigir una investigación. Máxime, recuerdan los expertos, cuando el país estaba en estado de alerta ante la amenaza de que los atentados regresaran con el inicio del Ramadán, por lo que la Policía Nacional y el Ministerio de Interior “deberían dar explicaciones”. Las dudas y las incertidumbres en torno al ataque y al autor del mismo, Seifedin Rezgui, un joven estudiante universitario de 23 años, siguen siendo numerosas. Los investigadores examinan su ordenador -donde han hallado pruebas de sus visitas a foros del grupo yihadista Estado Islámico (EI)- y sus vínculos en la ciudad de Kairauan, donde estudiaba y uno de los bastiones del movimiento radical islamista “Ansar al Sharia”. Se estudia también la influencia de Libia, adonde muchos de los líderes de esta organización huyeron tras la ilegalización, y las posibles conexiones con los autores del atentado de la capital. Unas pesquisas en las que, como admitió la ministra de Turismo, Salma Lloumi, han pedido participar tres países con nacionales entre los 38 muertos. “Alemanes, franceses y británicos nos han dicho que no impedirán a sus turistas venir, pero que quieren participar en la investigación y tener una visión clara de las decisiones”, dijo hoy a la prensa.




