Mundo Lunes, 19 de noviembre de 2018

Nueva caravana salvadoreña salió hacia Estados Unidos

Los migrantes, algunos llevando niños, tomaron autobuses que los condujeron a la frontera de La Hachadura, que conecta con Guatemala.

Un nuevo grupo de unos 200 migrantes salvadoreños iniciaron su camino hacia Estados Unidos, con la esperanza de escapar de las pandillas y la crisis económica.

Los migrantes se concentraron en la Plaza Salvador del Mundo en el sector oeste de la capital, y desde ahí caminaron un kilómetro hasta una terminal en donde abordaron tres autobuses hacia la ciudad de Sonsonate, 66 km al este de la capital.

Los migrantes, algunos llevando niños, tomaron en Sonsonate otros autobuses que los condujeron a la frontera de La Hachadura, que conecta con Guatemala.

Tras efectuar el trámite de salida de El Salvador en una oficina de la Dirección General de Migración (DGME), los salvadoreños cruzaron un puente sobre el fronterizo río Paz para ir al lado de Guatemala y hacer su chequeo de ingreso a esa nación usando solo su documento de identidad.

Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua son parte del Convenio Centroamericano de Libre Movilidad o CA-4, por el que sus ciudadanos pueden viajar libremente entre esos países, sin necesidad de pasaporte y únicamente requieren su documento de identificación nacional.

Con mochilas al hombro, hombres y mujeres se mostraron decididos a soportar lo que les depare el camino, y estaban conscientes de lo duro que será el viaje, más aún sabedores que no llevan documentos migratorios.

"La verdad es que uno se va obligado, yo no quisiera irme del país, pero imagínese qué hago yo sola con mis dos hijos, nadie me ayuda, las maras (pandillas) nos han amenazado, así que mejor nos vamos", dijo Cecilia Bonilla, de 36 años, que viaja con sus hijos Steven y Daniel de cinco y 13 años.

Esta madre soltera, sin trabajo formal y amenazada por las pandillas dejó su pequeña casa en una complicada zona plagada de maras en la ciudad de Soyapango, en la periferia este de la capital.

Javier Campos, de 42 años, viajó el sábado desde el oriental departamento de Usulután y pernoctó junto a otros migrantes en la plaza.

Con un grueso abrigo por el frío de la mañana, Campos, de piel morena y cabello bien recortado, explicó que dejó a su esposa y tres hijos "con todo su dolor".

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