Andrea Vélez Fernández, ex socia de El Chapo Guzmán.
Alta, delgada, con el cabello castaño largo hasta la cintura y recogido en una cola de caballo, Vélez se paró a unos cuatro metros del Chapo y contó que “surgió una empatía” entre ambos cuando trabajaron juntos en un proyecto para una película sobre la vida del famoso capo.
“Yo admiraba profundamente al señor Guzmán (…). Lo llegué a ver como una persona buena, educada, que se preocupaba por mí, amable y con carisma. En un momento sentí que era de mi familia”, contó la mujer.
Pero lo que realmente trascendió fue cuando narró cómo intentaron sobornar a un alto mando militar mexicano en el 2008 a través de “edecanes” y un pago de U$S10 millones, para que dejara operar al Cártel de Sinaloa en aquella época.
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Andrea Vélez en tiempos en que mujer de confianza del Chapo Guzmán.
Se convirtió luego en informante del Gobierno estadounidense luego de que El Chapo supuestamente se las arregló para secuestrarla y después contratar a miembros de Hells Angels en Canadá para que la mataran.
Pero en noviembre de 2013, el día en que debía reunirse con un jefe de la pandilla para ajustar los detalles, Cifuentes fue detenido por la policía mexicana y encarcelado.
La policía federal y la fiscalía de Brooklyn “me rescataron literalmente del infierno”, aseguró esta mujer de edad desconocida, vestida con un sobrio traje de falda y chaqueta negra, y altos tacones.
Vélez fue inculpada de delitos de narcotráfico en una corte de Nueva York, pero al parecer no estuvo nunca en la cárcel.
El agente del FBI Steven Marston contó en el juicio contra “El Chapo” que Vélez fue abordada en Colombia en septiembre de 2012 para que trabajase como informante en las investigaciones contra “El Chapo” y Alex Cifuentes.
Vélez aceptó la propuesta para no ir a la cárcel, el FBI le pagó 290.000 dólares, y cuando su vida estuvo en riesgo en 2013, la trasladaron a Estados Unidos y le dieron una visa especial para testigos cooperantes.
La mujer dio a entender que hoy es parte del programa de protección de testigos del gobierno estadounidense y tiene una nueva identidad. Andrea Vélez reconoció que deseaba contar su historia para “dejar de ser un nombre sin rostro”.
Fuente: Tribuna.com