La triste historia de un médico sirio que lucha con los recuerdos de la guerra

Por UNO

Según cualquier criterio, el doctor Osman al-Haj Osman es un ejemplo de éxito entre las decenas de miles de sirios que viajan hacia Europa. Recibió asilo en Alemania. Asiste a clases de idioma, recibe ayuda del estado para encontrar un empleo y pudo llevar a su mujer y sus hijos a reunirse con él.Pero el cirujano de 33 años se ve perseguido por las dudas sobre si hizo lo correcto para su familia al emigrar a un mundo tan distinto. También le persiguen los recuerdos de la guerra civil en su país y de cómo sus dos hijos pequeños se vieron marcados por sus horrores antes de que huyeran de su hogar en Alepo, en el norte de Siria, hace más de un año.

"Siento que todo a mi alrededor es temporal. Hasta ahora, me resulta muy difícil escribir la dirección de mi casa como cualquier otro sitio que no sea Alepo", comentó en una tarde lluviosa de septiembre en Saarlouis.

En 2012, Osman era el médico principal de un hospital en el frente de un distrito rebelde de Alepo asediado por las fuerzas del gobierno sirio. Entre los intensos combates callejeros y el bombardeo de las fuerzas sirias, civiles y rebeldes heridos o moribundos llegaban a todas horas al hospital de Dar al-Shifaa.

Osman se veía siempre agotado y casi nunca se quitaba la bata ensangrentada de cirugía mientras él y el abrumado personal del centro trataban de atender a los heridos. "Tengo que tomar una decisión entre un niño con un 10% de posibilidades de sobrevivir y otro con un 25% de posibilidades", dijo entonces a AP. Cuando un rebelde herido moría, a menudo sus camaradas descargaban su ira contra el personal, convencidos de que podría haberse hecho más.

La esposa y los dos hijos de Osman vivían en el hospital con él. Su hijo mayor, Omar, que entonces tenía 4 años, caminaba entre los mutilados o moribundos, pasando junto a charcos de sangre en el suelo y el ocasional miembro amputado. Jugaba en los pasillos de hospital o hacía anuncios de broma por el sistema de megafonía del centro.

Mirándolo con perspectiva, Osman dice arrepentirse de haber llevado a su familia al hospital. Quería que su mujer y sus hijos estuvieran cerca, pero dijo que no se dio cuenta hasta que fue tarde del trauma que había supuesto para sus hijos. Ahora los niños dibujan tanques, aviones de combate, personas heridas y casas destrozadas.

Omar sigue teniendo pesadillas. Osman recuerdo haber hecho recados en las calles de Alepo con el niño, que siempre que un avión sobrevolaba la zona preguntaba a su padre si iba a bombardearles.

Dar al-Shifaa cerró en noviembre de 2012 después de que un ataque aéreo del gobierno golpeara un edificio cercano, causando graves daños en el hospital y matando a cuatro personas en el interior. Osman trabajó un tiempo en una clínica de Médicos Sin Fronteras, intentando pasar desapercibido conforme los milicianos islámicos ganaban poder en los distritos rebeldes de la ciudad.

En agosto de 2013, los milicianos le arrestaron y fue interrogado por un miliciano egipcio que le dijo que MSF estaba dirigido por un "kafir", un infiel. Más tarde, detenido, oyó al egipcio decir a otros milicianos que terminarían matándole, pero que entonces tenían otras prioridades. Le dejaron marchar, y él se fue de MSF tres meses después.

Por fin, a principios de 2014, huyó con su familia a Turquía. Tras meses buscando empleo, decidió ir a Europa.

Su esposa se resistía a la idea de ir a Alemania. Pero el martes llegó con los niños: Omar, que ahora tiene 7 años, y Rushd, de 5.

El cirujano comparte las dudas de su esposa sobre la vida en una cultura distinta.

"Muchos sirios jóvenes abandonan su identidad poco después de llegar", comentó tras reunirse con Mohamed al-Haj, un sirio de 26 años que había sido voluntario en el mismo hospital de Alepo. Al-Haj acababa de llegar tras 14 días de viaje desde Turquía, cruzando Grecia y los Balcanes.

Osman vive ahora en el estado de Saarland y ha pedido empleo en dos hospitales. Recibe clases de alemán en la localidad de Saarlouis, cerca del pueblo donde vive. Con el asilo recibió una asignación de unos 1.000 euros (1.100 dólares) mensuales.

"Ahora la situación en Alemania es buena para los sirios", dijo. "Pero no hay garantías de que vaya a continuar igual. ¿Y si hay un atentado terrorista y se culpa a los musulmanes? Debo tener un Plan B".

Osman cree que el peligro de atentados terroristas en suelo alemán no deriva necesariamente de la posibilidad de que haya milicianos escondidos entre los refugiados que llegan a Europa. Las ideas extremistas ya estaban en Alemania, señala.

El médico recordó un incidente el pasado julio en una localidad cercana, Merzig, donde un hombre sirio regañó con dureza a un chico sirio de 12 años por llevar pantalones cortos en la mezquita. Lo acusó de faltar al respeto al templo y se produjo una discusión con otras personas que intentaban calmar al hombre.

Al margen de lo que ocurra, Osman está lleno de gratitud por Alemania.

"Tengo una deuda que pagar con Alemania, el país que me ayudó cuando nadie más lo hizo", dijo. La asignación, señaló, la devolverá rápidamente con impuestos sobre la renta cuando empiece a trabajar. "Pero nunca puedo devolver la deuda moral que tengo con Alemania".