El verdadero detonante del caos que hoy envuelve a Irán no fue político ni ideológico. Todo comenzó con la caída de una institución financiera que arrastró consigo a la economía nacional.
El Ayandeh Bank colapsó a finales del año pasado. La entidad acumulaba pérdidas por casi 5.000 millones de dólares debido a préstamos incobrables otorgados a allegados del régimen.
Para evitar el pánico total, el gobierno fusionó la entidad con un banco estatal. Sin embargo, la solución fue imprimir dinero masivamente para cubrir el agujero, lo que disparó una inflación ya incontrolable.
Según reporta The Wall Street Journal, esta maniobra aceleró el deterioro de la moneda local. El sistema financiero, debilitado por años de sanciones, demostró su insolvencia ante el mundo en el peor momento posible.
Lujos desmedidos en medio de la debacle
El Ayandeh Bank era conocido por financiar proyectos extravagantes mientras el país sufría. Su inversión más notoria fue el Iran Mall, un centro comercial con lujos imperiales desconectados de la realidad del país.
Mientras la economía se estancaba, el banco destinaba recursos a empresas de su propio fundador. El Banco Central llegó a calificar estas operaciones internas como un esquema Ponzi antes de verse obligado a intervenir.
La corrupción y los autopréstamos dejaron a la institución vacía. Al menos otros cinco bancos iraníes se encuentran en una situación de fragilidad similar, lo que aumenta el riesgo de un efecto dominó.
El costo de la crisis para la población
La inyección de dinero sin respaldo tuvo consecuencias inmediatas en la vida diaria. El valor del rial se desplomó un 84% frente al dólar en el último año, destruyendo el poder adquisitivo de las familias.
Los precios de los alimentos subieron un 72% anual. La clase media, que antes resistía los embates económicos, se encontró de pronto sin capacidad para comprar productos básicos o mantener sus negocios a flote.
El gobierno intentó responder con medidas de austeridad en lugar de ayudas. El presupuesto eliminó subsidios clave y ajustó el tipo de cambio para las importaciones, lo que encareció aún más el costo de vida.
La gente salió a las calles al sentir que no tenía nada más que perder. Esta crisis financiera, nacida de la corrupción y la mala gestión bancaria, se transformó en el mayor desafío para la estabilidad del régimen en décadas.






