Tensión social

Aumentan las protestas contra el gobierno en Irán: el internet fue cortado en todo el país y ya hay 45 muertos

Irán cortó internet en todo el país mientras las protestas iniciadas a fines de diciembre se extendieron a 25 de las 31 provincias y dejaron al menos 45 muertos

Irán atraviesa una de las jornadas más críticas de los últimos años luego de que una ola de protestas se extendiera a las 31 provincias del país, dejando decenas de muertos, miles de detenidos y un severo corte de internet impuesto por las autoridades, en medio de una creciente tensión social y un clima político extremadamente inestable.

Las manifestaciones comenzaron a fines de diciembre de 2025 por el deterioro económico, pero escalaron rápidamente hacia un reclamo político más amplio contra el régimen islámico, en un contexto marcado por inflación récord, colapso del rial y un creciente malestar social.

Las protestas se concentran en ciudades clave como Teherán, Mashhad, Isfahán, Shiraz y Abadán, donde miles de personas salieron a las calles pese a la fuerte presencia policial y militar. Según organizaciones de derechos humanos, el saldo represivo incluye al menos de 40 a 50 muertos, entre ellos menores de edad, además de más de 2.000 arrestos. El gobierno, en tanto, reconoce menos víctimas y sostiene que entre los fallecidos hay también miembros de las fuerzas de seguridad.

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Crisis económica, reclamos sociales y un descontento que se volvió político

El detonante de las protestas fue la grave crisis económica que atraviesa Irán, agravada por sanciones internacionales, mala gestión interna y una inflación que golpea especialmente a trabajadores, comerciantes y sectores populares. La pérdida del poder adquisitivo, el aumento del precio de alimentos básicos y la escasez de productos esenciales llevaron a comerciantes y ciudadanos a movilizarse inicialmente por reclamos económicos.

Sin embargo, con el correr de los días, las consignas cambiaron de tono. A los pedidos por mejoras salariales y estabilidad económica se sumaron críticas directas al liderazgo político y religioso, con llamados a reformas estructurales y cuestionamientos al sistema de gobierno instaurado tras la Revolución Islámica de 1979. Analistas locales e internacionales coinciden en que el movimiento actual muestra un nivel de coordinación y extensión territorial poco habitual, comparable con las protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini.

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Represión, apagón digital y preocupación internacional

La respuesta del régimen fue inmediata y contundente. Las fuerzas de seguridad recurrieron a gases lacrimógenos, munición real y detenciones masivas para dispersar a los manifestantes.

En paralelo, el gobierno ordenó un apagón casi total de internet y de las comunicaciones móviles, una estrategia ya utilizada en protestas anteriores para limitar la organización ciudadana y evitar la difusión de imágenes al exterior.

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Organismos como Amnesty International y Human Rights Watch denunciaron uso excesivo de la fuerza y posibles violaciones a los derechos humanos, mientras que líderes opositores en el exilio acusaron al gobierno de intentar silenciar al país. Desde la comunidad internacional crecieron los llamados a restablecer las comunicaciones y garantizar el derecho a la protesta pacífica, aunque Teherán insiste en que se trata de disturbios alentados por intereses externos.

Además, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró que intervendrá en Teherán si la represión deriva en un derramamiento de sangre aún mayor. “Se les ha dicho con firmeza que si eso ocurre lo pagarán con un infierno”, advirtió el mandatario durante una entrevista en una cadena de televisión estadounidense.

Trump, que la semana pasada ya había señalado que “acudiría en rescate” de los manifestantes si el gobierno iraní aplica mano dura, sostuvo además que parte de las muertes registradas no se produjeron por acción directa de las fuerzas de seguridad, sino como consecuencia de estampidas y avalanchas humanas generadas en medio de las aglomeraciones durante las protestas.

Con el país virtualmente aislado del mundo digital y las protestas aún activas, Irán enfrenta un escenario de alta inestabilidad, donde la combinación de crisis económica, represión estatal y descontento social podría marcar un nuevo punto de inflexión en su historia reciente.