Delegaciones de Irán y Estados Unidos iniciaron una tercera ronda de negociaciones indirectas en Ginebra, Suiza, bajo la mediación de Omán. Este encuentro se produce en un contexto de máxima tensión regional y despliegue militar en Asia Occidental, donde ambas potencias demostraron una disposición inédita para explorar "soluciones creativas". El objetivo central es destrabar puntos críticos como el enriquecimiento de uranio y el levantamiento de las sanciones económicas que afectan a Teherán, buscando evitar una escalada bélica de mayores proporciones.
Un giro diplomático en medio de la crisis
Tras las rondas previas en Mascate y Ginebra, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Omán confirmó que este nuevo intercambio marca un hito. De acuerdo con el reporte de Noticias Argentinas, las partes exhibieron una “apertura sin precedentes a nuevas y creativas ideas”, lo que alimenta las esperanzas de la comunidad internacional de alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní.
Este acercamiento ocurre mientras la administración de Donald Trump mantiene su estrategia de "máxima presión", reforzando la presencia militar estadounidense en la región con portaaviones y aviones de combate para forzar términos más estrictos que los del pacto original de 2015.
Las exigencias de Washington: acuerdos sin fecha de vencimiento
El enviado especial de EE. UU., Steve Witkoff, quien lidera la delegación junto a Jared Kushner, fue tajante respecto a la postura de la Casa Blanca: no se aceptarán cláusulas de caducidad que permitan a Irán retomar su actividad nuclear en el futuro.
"Partimos de la premisa de que no hay cláusula de caducidad con los iraníes. Nuestra premisa es: deben comportarse correctamente durante el resto de sus vidas", afirmó Witkoff, según consignó el medio citado.
Para Estados Unidos, la prioridad es el control total sobre la capacidad de enriquecimiento de uranio y el destino de las reservas actuales de material enriquecido, además de limitar el programa de misiles balísticos iraní.
La expectativa de China: Diplomacia frente a la fuerza
En este complejo escenario, el gigante asiático también ha fijado su postura. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, manifestó que China sigue de cerca la evolución de la situación y se opone tajantemente al uso o la amenaza de la fuerza en las relaciones internacionales. Desde Pekín, Mao subrayó la importancia de resolver los conflictos mediante vías políticas:
“China espera que todas las partes valoren la paz, actúen con moderación y resuelvan las diferencias mediante el diálogo. China está dispuesta a seguir desempeñando su papel como país importante y responsable en este sentido”, expresó la funcionaria.
Además, destacó que China apoya al gobierno y al pueblo iraní en la protección de su estabilidad nacional y de sus derechos legítimos, apelando a la larga tradición de amistad entre ambas naciones.
Por su parte, el canciller iraní, Abbas Araghchi, reiteró la voluntad de su país de alcanzar un acuerdo "justo y equitativo". Sin embargo, las líneas rojas de Teherán siguen firmes:
- Reconocimiento del derecho a la tecnología nuclear con fines pacíficos.
- Dilución de reservas en lugar de desmantelamiento de instalaciones.
- Exclusión del programa de misiles de la mesa de negociación.
"Irán nunca desarrollará un arma nuclear bajo ninguna circunstancia", subrayó Araghchi antes de las sesiones, destacando que no renunciarán a los beneficios tecnológicos para su pueblo.
Un escenario de expectativa global
A pesar de la retórica firme, la mediación ha sido la llave para mantener este canal diplomático abierto en la residencia de su embajador en Ginebra. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha manifestado recientemente su optimismo sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo que sea "justo y equitativo" para ambas partes.
El mundo aguarda ahora si esta "apertura sin precedentes", se traduce en un documento concreto que garantice la estabilidad en una de las regiones más volátiles del planeta y ponga fin a años de sanciones y desconfianza nuclear.



