Festeja que su bote resistió a la furia del tsunami

Por UNO

Estoica al paso del tsunami tras el terremoto en Chile de este miércoles, una estatua de San Pedro –el santo de los pescadores– acompañaba en una playa de Coquimbo a varios trabajadores que recolectaban partes de sus embarcaciones, lanzadas a más de 600 metros del mar por la fuerza del agua.“Pensé que no iba a quedar nada acá”, comentó a la prensa Armando Tapia, de 60 años, mientras limpiaba su bote, El Pelusa, festejando que resistió y está entero.

Con las marcas de una vida dedicada al mar en su rostro, Tapia reconoce que está “como enamorado del mar” y que se va a reponer del tsunami para seguir trabajando en él.

A unos metros, los hermanos Pablo y Claudio Inostrozi, dedicados a bucear en busca de machas (mariscos) también apuntan al futuro.

“Vivimos de este mar, cuando terminó el terremoto sabíamos lo que se venía. Es duro pero es cuando nos olvidamos de peleas y cosas así, y somos como hermanos todos los pescadores”, comentó Pablo.

De 50 botes que trabajan en el sector de Peñuelas, unos 20 resultaron con escasos daños y podrán ser la herramienta de trabajo que les de sustento a unas 200 familias que viven de las machas en la zona.