No todos los asesinos seriales en la historia criminal de Estados Unidos son hombres. Y no todos tienen pinta de "me cruzo de vereda si lo veo en la calle". Están, también, las que con una pinta de "abuelita dulce" se las ingenian para hacer de las suyas.
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Este caso es el de Dorothea Puente la que luego sería llamada como "la patrona de la casa de la muerte". Esta asesina serial tiene 9 asesinatos confirmados y sin lugar a dudas según la investigación policial, y al menos otros seis en su haber que jamás le pudieron probar.
¿Y cómo lo hacía? Tenía una pensión y sus víctimas fueron, en su mayoría, adultos mayores y personas con enfermedades mentales, o con problemas con la Justicia, a quienes les alquilaba habitaciones (a veces compartidas) y administraba sus cheques de seguridad social, dado que eran desempleados o jubilados.
Claro que a diferencia de otros asesinos que admitieron que gozaron con cada una de las muertes que provocaron, ella mantuvo que era inocente hasta su muerte aduciendo que todas las personas que habían fallecido en su propiedad habían muerto por "causas naturales".
Su pinta de dulce "abuelita" llevó al jurado a quedar "estancado" durante su juicio no una, sino en dos oportunidades. Uno de esos estancamientos se debió al debate si la condenaban a muerte o si sólo la condenaban a cadena perpetua.
Y un dato no menor que sí coincide con la mayoría de los asesinos en serie: tuvo una infancia traumática y plagada de conflictos.
Hija de un padre alcohólico y una madre prostituta
Dorothea Helen Gray nació el 9 de enero de 1929 en Redlands, California. Sus padres fueron Trudy Mae Yates y Jesse James Gray.
Tuvo una infancia por demás problemática. Su padre era alcohólico e intentó suicidarse delante de ella y murió de tuberculosis cuando ella tenía 8 años en 1937. Su madre, también alcohólica, era prostituta y murió en un accidente de autos un año después.
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Después de la muerte de sus padres, sería enviada a un orfanato donde sufrió abusos sexuales.
En 1945, Dorothea se casó por primera vez, con un soldado, Fred McFaul, que acababa de volver de la segunda guerra mundial. Tuvo dos hijas entre 1946 y 1948, y quedó embarazada nuevamente, pero sufrió un aborto en 1948 y a finales de ese año cuando iba a cumplir 19 años McFaul la abandonó.
Ya en esa época, fue sentenciada a un año de prisión por falsificar cheques y logró la libertad condicional seis meses después. Poco después quedó nuevamente embarazada de un hombre que ni recordaría el nombre y cuando dio a luz a una hija, la puso en adopción.
En 1952 se casó con un sueco, Axel Johanson, y tuvo un matrimonio conflictivo de 14 años y después de ello comenzó una raid delictivo.
Delitos "menores" por doquier
Ya en la década del 60, Dorothea comenzó un raid de delitos y no tan menores.
Fue arrestada por poseer y administrar un prostíbulo, y fue sentenciada a 90 días de cárcel en Sacramento, donde cometió la mayoría de sus delitos y donde finalmente se estancaría. En esa época las leyes eran menos severas.
Tras su liberación, fue arrestada nuevamente, ahora por "vagabundear", y sentenciada nuevamente a 90 días de cárcel.
Su carrera criminal continuaría luego de conseguir trabajo como auxiliar de enfermería, cuidando a personas discapacitadas y ancianos en casas particulares. También comenzaría a administrar sus pensiones. Este trabajo fue clave en su vida para establecer años después su modus operandi.
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Dorothea se divorció de Johanson en 1966 y se casó con Roberto Puente, finalmente su último apellido, que tenía 19 años menos que ella. Se casaron en México. Apenas duró dos años el matrimonio.
Poco después, ya como Dorothea Puente, se hizo cargo del cuidado de un edificio/hogar de tres pisos y 16 habitaciones en el 2100 F. Street en Sacramento; más tarde alquilaría un departamento en el piso de arriba del 1426 de la misma calle y se casó por cuarta vez en 1976, con Pedro Montalvo, un alcohólico violento.
Tras unos meses se divorciaron y ella comenzó a recorrer los bares buscando hombres mayores que recibían ayuda social. Puente falsificó sus firmas y cuando se logró vincularla con las falsificaciones, le endilgaron 34 cargos de fraude pero apenas fue condenada a libertad condicional.
¿Viejita dulce o estafadora?
La reputación de Dorothea en la pensión era variada.
Varios inquilinos afirmaban que les retenía el correo (lo que es un delito también) y no les daba el dinero que les correspondía por la ayuda social; otros la elogiaban por pequeños actos, como su amabilidad o generosas comidas caseras.
Motivos financieros
La policía llegó a la conclusión de que los motivos para asesinar a sus inquilinos eran financieros. Estimaron que por los "huéspedes" muertos recibía unos 5 mil dólares por mes.
Los asesinatos comenzaron poco después de que Puente comenzó a alquilar un espacio en el mismo complejo del 1426 de la F Street en Sacramento. En abril de 1982, Ruth Monroe, una amiga y socia comercial suya, comenzó a vivir con ella en el departamento de arriba de la nueva pensión que habían formado. Tenía 61 años cuando murió de una sobredosis de calmantes. Puente declaró que su amiga estaba muy deprimida porque su esposo tenía una enfermedad terminal. Le creyeron y el expediente quedó cerrado como un suicidio.
Una semanas más tarde, un inquilino suyo, Malcolm McKenzie, de 74 años, la denunció por drogarlo y robarle. Fue una de cuatro personas que hicieron denuncias. Fue declarada culpable y sentenciada a 5 años de prisión, dados sus antecedentes.
En la cárcel empezó a tener contacto por cartas con un jubilado de 77 años que vivía en Oregon, Everson Gillmouth, su "último" novio. La amistad siguió por correspondencia y cuando Puente fue liberada en 1985 la esperaba una camioneta Ford roja, al menos declararon los penitenciarios luego. La relación con Gillmouth, dueño de la camioneta, fue rápida y hasta hubo planes de casamiento.
Pero en noviembre de 1985 Dorothea Puente contrató a Ismael Florez para realizar algunas tareas de mantenimiento en la pensión e instalar paneles de madera en su departamento. A modo de pago le dio la camioneta roja diciendo que era de su novio de Los Angeles que ya no la necesitaba y otros 800 dólares adicionales. Le pidió también a Florez que hiciera una caja de manera "para guardar unos libros". Ya el lector podrá imaginar a esta altura que no eran libros precisamente lo que quería "guardar" Dorothea. Luego le pidió que con la camioneta llevara "la caja" de madera a un depósito pero camino al mismo, le pidió que se detuviera en la autopista Garden en Suttery y tiró la "caja" a un río. Le dijo a Florez que sólo era basura, según testificaría este sujeto años más tarde.
Sin embargo, el 1 de enero de 1986 un pescador vio la caja en la orilla del río y le pareció que era un ataud improvisado. Dio aviso a la policía y hallaron un cuerpo en avanzado estado de descomposición e inidentificable.
Dorothea continuó cobrando la pensión de Gillmouth e incluso le escribió a su familia suplantando su identidad, explicando que la razón por la que no los contactaba por teléfono es porque estaba muy enfermo. Mantuvo su "negocito" y emprendimiento de "pensión" ("alojamiento y comida" ofrecía) y recibió a 40 nuevos inquilinos que jamás se imaginaron la suerte que les esperaba. El cuerpo de Gillmouth estuvo sin identificar durante 3 años porque, obviamente, ni su familia ni Dorothea habían denunciado su desaparición.
Los inquilinos que aceptaba Dorothea eran todos similares. Avanzada edad, jubilados y casos difíciles, que incluían drogadictos, enfermos mentales y abusivos de todas las edades. Así se hizo "popular" entre los trabajadores sociales.
Mensualmente se hacía cargo del correo de los inquilinos antes de que estos mismos lo abrieran. Apenas le tiraba unos "mangos" y el resto se lo dejaba como "gastos". Durante este período ella estaba en libertad condicional y fue visitada unas 15 veces por los agentes, que no notaron absolutamente ninguna violación de las normas, detalla Wikipedia: era un relojito.
Empiezan las sospechas y la atrapan
Un alcóholico sin hogar fue contratado como una especie de "maestranza" por Dorothea. Esto despertó las sospechas de los vecinos que comenzaron a ver diversas actividades del otrora vagabundo que llamaban la atención. Su "jefe de mantenimiento", "el Jefe" como lo conocían en el "barrio", se encargó de cavar en el sótano del lugar y usaba una carretilla para sacar la tierra y luego terminó haciendo un piso de cemento. Más tarde, derribaron una parte del garage para cavar nuevamente y poner otro piso de concreto. Misteriosamente luego de esto "el Jefe" desapareció, detalla Wikipedia.
El 11 de noviembre de 1988 la policía preguntó por la desaparición de Alberto Montoya, denunciada por el trabajador social que lo tenía asignado. Después de notar el suelo alterado en la propiedad, descubrieron el cuerpo de una inquilina (Leona Carpenter). Finalmente cavaron y hallaron 7 cuerpos más.
Durante la investigación inicial ella no era sospechosa, por lo que se le permitió ir hasta una especie de minimarket. Su ida al "kiosko" derivó en una escapadita a Los Ángeles tras comprar un café, donde trató de engañar a un jubilado que la reconoció por las noticias y la reportó a la policía, y fue finalmente aprehendida.
Juicio y condena
Su juicio no fue en Sacramento sino que a pedido de sus abogados (Kevin Clymo y Peter Vlautin III) se trasladó a Monterey County, en California.
El juicio comenzó en octubre de 1992 y terminó un año después. El fiscal fue John O´Mara, supervisor de homicidios en la oficina fiscal de Sacramento. Llamó unos 130 testigos. Argumentó y teorizó que Dorothea Puente había utilizado pastillas para dormir con sus víctimas y después los había sofocado, lo que era consistente con las autopsias. Luego había contratado a convictos para hacer las tumbas improvisadas.
Clymo cerró su defensa mostrando una foto al jurado, imagen usada en test psicológicos, para afirmar que "no todo es lo que parece".
Sin embargo, esto podría haber terminado siendo perjudicial, porque justamente la "dulce abuelita" no era tal, según la teoría del fiscal.
También la defensa hizo desfilar a varios testigos para hablar sobre la generosidad de Puente y cómo se preocupaba por sus inquilinos que en su mayoría eran adultos jubilados o personas con problemas mentales o legales, cómo los ayudó en su juventud y los encarriló para seguir exitosas carreras. Expertos psicólogos también testificaron cómo su tortuosa infancia la motivó a ayudar a los más desvalidos… sin embargo, estos mismos expertos presentados por la defensa concluyeron, al ser interrogados por la fiscalía, que tenía un lado malvado por el estrés de estar ayudando permanentemente al resto.
El jurado deliberó durante un mes y encontró a Puente culpable de 3 asesinatos al menos pero se estancó en un 11 a 1 para condenarla por todos los cargos, que eran 9 asesinatos. Finalmente ambas partes acordaron la culpabilidad por dos asesinatos en primer grado con "circunstancias especiales" y un segundo cargo de asesinato en segundo grado. La condena se vería incrementada debido a los antecedentes penales de Dorothea.
Luego de ese 11 a 1, el jurado se vio nuevamente estancado en un 7 a 5. Las diferencias ahora estaban dadas en que, ya condenada por tres asesinatos, había que determinar la condena: pena de muerte o cadena perpetua. El juez Michael J. Virga declaró el juicio nulo cuando el jurado reconoció que más deliberación nos los iba a hacer cambiar de parecer. Bajó la ley de California, Puente recibió cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Un jurado llegó a decir que ejecutar a Puente sería como estar ejecutando "a tu abuelita".
Fue llevada a prisión a la cárcel central de mujeres de California en Chowchilla. Y por el resto de sus días afirmó que era inocente diciendo que sus inquilinos habían tenido "muertes naturales".
Nunca explicó por qué no avisó a las autoridades y en lugar de eso enterró a 8 de ellos bajo su pensión.
Murió en esa prisión el 27 de marzo de 2011, cuando tenía 82 años, de causas naturales.
Víctimas que se la atribuyen sin dudas
1-Everson Gillmouth, jubilado, 77 años.
2-Alvaro "Bert" González Montoya, discapacitado con esquizofrenia, 51 años.
3-Leona Carpenter, jubilada, 78 años.
4-Ruth Monroe, jubilada, 61 años.
5-Dorothy Miller, jubilada, 64 años.
6-Benjamin Fink, 55 años.
7-James Gallop, 62 años.
8-Vera Faye Martin, jubilada, 64 años.
9-Betty Palmer, jubilada, 78 años.
En la TV y en la literatura
Dorothea Puente apareció en numerosos programas de crímenes verdaderos en la TV.
-Crime Stories
-Deadly Women
-A stranger in my home
-Worst most evil killer
En 1998 comenzó a enviarse cartas con Shane Bugbee, un periodista, escritor, cineasta y productor. El resultado de esto fue un libro que podría sonar insólito: "Cooking with a serial killer" ("Cocinando con una asesina serial", 2004). El libro contenía una larga entrevista a Dorothea, 50 recetas de la asesina condenada y hasta "piezas de arte" enviadas por Puente al periodista.
Otra autora de historia de crímenes, Jodi Picoult, menciona los crímenes de Puente y su libro de cocina en su novela "House Rules".
La casa del 1426 F Street fue incluida en 2013 en un tour de la ciudad organizado por la asociación "Vieja ciudad" de Sacramento.
En 2015 esa misma casa fue parte del documental "The House is innocent" y fue abierta al público por un día, en coincidencia con un festival de cine de Sacramento.
En 2017 un capítulo de la serie "Ghost adventures" mostró a su conductor Zak Bagans, su equipo "cazafantasmas" y una medium visitando la casa de Puente.
"Homenaje" musical
Macabre le dedicó un tema a Dorothea en su álbum de 2003 "Murder metal".
Lo titularon "Dorthea's Dead Folks Home".




