Domingo de Pascua| Misa de hoy: el mensaje del papa Francisco

Por UNO

La cadena EWTN transmitió vía streaming el domingo 12 de abril, la Misa de Pascua de Resurrección y la Bendición Urbi et orbi a partir de las 11 a.m., hora de Roma, y desde las 6 de la mañana en la Argentina. 

También,  Televisión Pública transmitió en vivo la tradicional Misa y la bendición Urbi et Orbi, que tuvieron este año una diferente connotación por las víctimas mortales de coronavirus​ en el mundo.

La misa de hoy

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El mensaje del papa Francisco en la misa de hoy, de Domingo de Resurrección

El papa Francisco pidió al mundo una condonación de la deuda a los
países pobres y que se "relajen las sanciones internacionales" contra las
naciones más afectadas por el coronavirus, al recitar desde el Vaticano su
bendición de Pascua.

Al finalizar una Semana Santa marcada por las restricciones debidas a la
pandemia de Covid-19, el pontífice dedicó su bendición "Urbi et Orbi" (a
Roma y el mundo) a "los que han sido afectados directamente por el
coronavirus".

En ese marco, en una Basílica de San Pedro vacía, rezó especialmente para que haya "esperanza a quienes aún están atravesando la prueba,
especialmente a los ancianos y a las personas que están solas".

En su mensaje, Jorge Bergoglio recordó a quienes viven "un tiempo de
preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que
corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis
actual trae consigo".

"Animo a quienes tienen responsabilidades políticas a trabajar activamente
en favor del bien común de los ciudadanos, proporcionando los medios e
instrumentos necesarios para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas", reclamó en esa dirección

Antes de hacer el tradicional pedido de paz por los conflictos actuales en
el mundo, entre ellos Venezuela, Yemen, Siria e Irak, el Papa aprovechó
para dirigirse de pleno a la comunidad internacional.

"Considerando las circunstancias", pidió que "se relajen además las
sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer
a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten por parte de
todos los países las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres".

Así, reclamó también que los "hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos".

"Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más
difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como
tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una adecuada
asistencia sanitaria", convocó.

"Que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas
otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas", agregó luego, antes de renovar su pedido para el cese del comercio de armas y para la protección de"los numerosos migrantes y
refugiados muchos de ellos son niños, que viven en condiciones
insoportables".

Antes de su mensaje, el Papa celebró la misa de Pascua en la Basílica de
San Pedro, acompañado por unos pocos diáconos, el coro del lugar y los dos símbolos a los que les confió el fin de la pandemia: la Virgen Salus Populi Romani y el crucifijo que según la tradición católica salvó a Roma de la peste en el siglo XVI.

Las lecturas y el Evangelio del Domingo de Resurrección

Lectura de los Hechos de los apóstoles     10, 34a.37-43

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.

    Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.»

Palabra de Dios.


SALMO     Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.


O bien:

Aleluia, aleluia, aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas     3, 1-4

Hermanos:
   

Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

Palabra de Dios.


O bien:

Despójense de la vieja levadura,
para ser una nueva masa

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     5, 6b-8

Hermanos:
   

¿No saben que «un poco de levadura hace fermentar toda la masa»? Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
    Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.

Palabra de Dios.



SECUENCIA


Debe decirse hoy; en los días de la octava, es optativa.

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.


ALELUIA     1Cor 5, 7b-8a

Aleluia.
Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Celebremos, entonces, nuestra Pascua.
Aleluia.


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 1-9

   

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

    Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

En lugar de este Evangelio se puede leer el de la Misa de la Vigilia del año que corresponda ( A - B - C):


Donde se celebre Misa vespertina, también puede leerse el Evangelio:

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     24, 13-35

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?»

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»

«¿Qué cosa?», les preguntó.
   

Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»

Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»

El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.

Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»

    Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

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