La penosa búsqueda de sobrevivientes continuaba en Mocoa, la amazónica ciudad del Sur de Colombia arrasada por una brutal avalancha que dejaba 262 muertos, de ellos al menos 43 niños, y con el paso de las horas disminuía la posibilidad de encontrar personas vivas.
El cuerpo de un chico joven y delgado con una araña en el tobillo se asomaba entre unas ramas al borde del río.
"Por fin ha bajado el caudal y empiezan a salir los muertos que se quedaron dentro del agua", dijo Mario Fernando Melo, de 38 años, dueño de una finca que quedó inundada.
Dos días después de la catástrofe, quienes lograron salvarse del torbellino de barro, troncos y piedras desatado por el desborde de tres ríos se aglomeran en el hospital o a las puertas del cementerio para saber algo de los suyos.
"Las primeras 48 horas de búsqueda han sido arduas, efectivas, y pensamos que el número de personas que tengamos que buscar de ahora en adelante es mínimo", dijo Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), que lidera los esfuerzos del gobierno para normalizar la situación en la devastada Mocoa.
Luego de tres días de búsqueda desesperada de sobrevivientes, los rescatistas ahora se enfocan en recuperar cadáveres. La Cruz Roja cifra los desaparecidos en 220.
La avalancha dejó además 262 heridos, muchos graves que están siendo atendidos en hospitales de Mocoa y otras ciudades: al menos 68 han sido trasladados en aviones acondicionados. "Podemos dar un parte de que esta situación ha sido controlada", señaló Márquez.
Varios velaban ya en sus casas a sus muertos, y muchos de los cuerpos identificados han sido enterrados.




