Mundo Viernes, 31 de agosto de 2018

La ciudad alemama de Chemnitz al borde de un ataque de nervios

En Chemnitz, los nervios están a flor de piel desde los incidentes racistas registrados tras el asesinato de un alemán en esta ciudad de la antigua RDA.

"No todos somos nazis", afirma Rita Thal, de 60 años.

"Todo lo que hemos oído y visto sobre Chemnitz no refleja la realidad", aseguró a la agencia AFP esta farmacéutica que vive en la ciudad desde hace 50 años, mientras espera para entrar en las instalaciones del club de fútbol local.

El jueves por la noche, el jefe del gobierno regional de Sajonia, Michael Kretschmer, miembro del partido conservador de Angela Merkel, pidió un diálogo ciudadano. La cita se había fijado hace tiempo pero cobró relevancia a la luz de los últimos acontecimientos.

¡Lárgate!

Casi 500 habitantes acudieron a la cita. La sala estaba abarrotada. En el exterior unas 800 personas participaron en una manifestación convocada por la derecha radical Pro Chemnitz, que cuenta con tres representantes en el ayuntamiento.

"¡Lárgate!" se oía gritar a algunos en referencia al responsable político. En el interior de la sala, los ánimos también estaban enardecidos.

A la alcaldesa socialdemócrata Barbara Ludwig, también presente, la abuchearon en varias ocasiones cuando tomaba la palabra. "En Chemnitz oscilamos entre el amor y el odio", constató ella.

"Esta ciudad no es de extrema derecha, esta ciudad no es parda", clamó Michael Kretschmer, consciente de que las imágenes de los incidentes de Chemnitz, en las que se ve a manifestantes haciendo el saludo nazi, han dado la vuelta al mundo.

Miedo latente

"En Chemnitz se vive bien", afirma Birgit Menzel, vendedora de seguros de 59 años.

La antigua Karl-Marx-Stadt y sus industrias acabaron en la ruina después de la reunificación del país en 1990 -como la mayoría de las ciudades de Alemania del Este- pero se recuperó y convirtió en una localidad verde y limpia, con un centro completamente remodelado y muchos teatros y museos.

La seguridad es, no obstante, la principal preocupación de los habitantes. "Hay una sensación de miedo latente, especialmente entre los ancianos, atizado por la extrema derecha", estima Sabine Kühnrich, a cargo de un movimiento ciudadano por la democracia y la tolerancia.

Menzel confiesa que no entiende los motivos de estos miedos.

"¿Los extranjeros? Aquí no hay muchos", dice, sólo alrededor del 7% de una población de unos 246.000 habitantes.

En su opinión el asesinato del domingo que encendió la mecha (y del que se acusa a un sirio y un iraquí) es "terrible" pero inédito y no justifica esta "avalancha de odio".

Su vecino estalla al escucharla. "Está usted diciendo una tontería. La gente tiene miedo y tiene razón. No dejo a mi hija de 13 años salir sola por la ciudad", replica airado este cuarentón.

"¿Cómo es posible decir que los extranjeros no son un problema? ¿No ha leído lo que ha ocurrido?".

Una mujer de unos 50 años asiente: "¡Si la víctima hubiera sido su hijo, no reaccionaría usted así!".