Quienes huyen de la violencia, el crimen organizado o la falta de oportunidades en sus países, llegan a la frontera sur de México con enfermedades crónico-degenerativas, padecimientos mentales y trastornos psicológicos. La incertidumbre del proceso migratorio y las malas condiciones de vida agravan su estado.
Enfermedades más comunes entre migrantes
Los módulos de la Secretaría de Salud en Tapachula reciben a miles de personas con hipertensión, diabetes, asma, males gastrointestinales, respiratorios y dermatológicos. También se atienden casos de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático, derivados del duro trayecto migrante.
De enero a julio de 2025, más de 39 mil migrantes fueron atendidos, en su mayoría provenientes de Guatemala, Cuba y Haití. Según David Jiménez Gordillo, coordinador de movilidad de la Secretaría de Salud, “las enfermedades más frecuentes son similares a las de la población mexicana, pero los migrantes son más vulnerables a infecciones por sus condiciones de vida”.
Apoyo limitado y resistencia en la frontera
A la difícil situación se suma la falta de recursos. Rossemberg López Samayoa, presidente de la organización Una Mano Amiga, explicó que las políticas migratorias de Estados Unidos afectaron la ayuda internacional. Sin embargo, aún se realizan pruebas rápidas de VIH y sífilis, además de la entrega de preservativos, como parte del apoyo a la población migrante y local.
Ante la escasez de recursos, las organizaciones hablan de una etapa de resistencia y sobrevivencia para miles de personas en la frontera sur de México.



