Que no paguen justos por pecadores es la frase completa de un viejo refrán popular. Y viene al caso para analizar lo que está sucediendo con el Cicles Club , institución deportiva de fundada en 1933 en la que cerca de 300 niños y adolescentes juegan al fútbol en divisiones inferiores e infantiles.
A la institución del departamento norteño le acaban de suspender la afiliación a la Liga Mendocina de Fútbol (LMF) por dos años. No le cabía otra sanción luego de la salvaje actitud de un importante grupo de hinchas y de varios jugadores del equipo de primera división, que tras perder una final con el conjunto de la por un ascenso a la categoría superior del torneo de la LMF, reaccionaron de la peor manera.
Los barras invadieron la cancha para agredir cobardemente -desde atrás y en patota- a los encargados de seguridad privada, al árbitro y a los jueces de línea, y a los deportistas del rival. Las imágenes son elocuentes: los persiguieron por el campo de juego, los patearon, los molieron a golpes...
La magnitud de los disturbios llevó a que el tema fuera considerado en la reunión del Consejo Directivo de la LMF el miércoles antes, incluso, de que lo tratara el Tribunal de Penas. Allí se decidió la sanción por dos años, resolución que alcanza a las categorías inferiores e infantiles, lamentablemente. Que los chicos se queden sin jugar por dos años, con todo lo que ello conlleva, es grave. Se sabe y se ha dicho hasta el hartazgo que los clubes cumplen una función contenedora casi insustituible e, incluso, más importante que la de formar deportistas. Mucho más cuando se trata de instituciones barriales de distritos rodeados de comunidades humildes.
Queda, además, la duda de si no habría que revisar la sanción de dos años a un club. La condena a los violentos es indiscutible. Es que los violentos no son todos. Sí, los que protagonizaron los incidentes del partido con la UNCuyo fueron muchos pero, cabe reiterarlo, no fueron todos. Por eso darle de baja dos años a una entidad, por la actitud de un grupo, hace ruido, sobre todo en una institución como la Liga Mendocina de Fútbol en la que hubo cientos de casos peores y muchísimos más violentos que los de este partido en cuestión.
Es un golpe también a los dirigentes, a quienes no se los puede culpar por lo que pasó. A todo Lavalle en sí. A no ser que pusieran el cuerpo, no tenían forma de evitar el accionar de los inadaptados.
Por eso, quizás debería haber una revisión para que no paguen justos por pecadores y, sobre todo, que no paguen los niños.
