Tanto los vendedores como la clientela se mostraron inquietos por lo sucedido en Buenos Aires con el empresario. El dueño de la megaferia es radical pero desembarcó en Mendoza de la mano del PJ.

La detención de Castillo reinó en los pasillos de La Salada mendocina

Por UNO

El megapolo La Salada de Cuyo, del polémico y ahora detenido Jorge Castillo, abrió ayer normalmente. La feria de Santa Rosa tuvo casi todos sus puestos ocupados, como es habitual desde que inauguró, a fines de 2013, y salvo los comentarios de vendedores y clientela sobre lo que sucedió en la madrugada del miércoles en Buenos Aires no hubo diferencia con cualquier otro fin de semana.

Entre el desembarco del zapatero que se hizo millonario y este presente tenso y que algunos ven incierto hubo toda una historia y un entramado de relaciones por conveniencia.

En Mendoza la historia de Jorge Castillo y La Salada comenzó a escribirse allá por 2012. En ese tiempo ya todos sabían quién era y qué era esa inmensa feria y cómo operaba en cada lugar. Durante ese año, ahora y antes también Castillo tuvo las mismas prácticas que hoy constituyen un delito para la Justicia. Pero durante más de 20 años no lo fueron o no quisieron verlo las autoridades que debieron controlarla.

Jorge Castillo siempre se ha definido como radical. "Yo soy radical combativo y la verdad es que el radicalismo duerme la siesta. Yo veo mucha miseria en la calle todos los días", le dijo hace pocos meses a este medio. "Tengo relación con Julio Cobos. Me llama bastante seguido, pero no somos amigos. Amigo es una palabra muy grandota", sostuvo en ese momento.

Sin embargo sus contactos radicales no fueron los que lo trajeron. "Vine a Mendoza porque un diputado del FPV me insistió", reconoció. Aquel tiempo eran los primeros meses de gobierno de Francisco Pérez.

El primer intento de establecer el megapolo fue en Guaymallén y como alternativa Las Heras. Pero hubo una instantánea oposición de los comerciantes formales y hasta de los no tanto, como los persas. El principal cuestionamiento, que sigue siendo hoy el tema central, es el supuesto no pago de impuestos de las mercaderías que se venden en La Salada, la falta de facturación y el trabajo en negro. Y Castillo respondió en ese entonces: "Quien esté limpio de no pagar impuestos que tire la primera piedra". Y agregó: "La pelea de ellos (comerciantes) no son los impuestos, porque ellos evaden también. La pelea es porque La Salada vende un pantalón a 60 mangos y ellos lo venden a 400 y quieren seguir con el privilegio de los 400 mangos y no les conviene que vayamos a competir", y luego sentenció: "Sólo quieren shoppings para los ricos".

Pero al menos para la formalidad de la historia, Castillo perdió esa batalla. Fue en ese momento, ya comenzado 2013, cuando apareció la alternativa de instalarse en Santa Rosa. Esa posibilidad hizo que la frase "todo lo que hago me sale bien", que el empresario le dijo a Diario UNO en una de las últimas entrevistas, tenga sustento.

El entonces intendente Sergio Salgado (PJ) tomó contacto con Castillo y le propuso que analizara la posibilidad de Santa Rosa como alternativa. Castillo accedió, negoció, compró tierras y comenzó a estudiar el desembarco.

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Una reducida comitiva viajó a Buenos Aires para ver cómo funcionaba la feria en Lomas de Zamora y algunos de los talleres. Fue una visita guiada por personal de seguridad, que decidía qué visitar y qué no. Pero más allá de algunas incógnitas que no pudieron despejarse, los funcionarios regresaron con la decisión de continuar siendo anfitriones del megapolo. Es que, más allá de las informalidades, en Santa Rosa se evaluaba (hoy se hace exactamente el mismo análisis) que las inversiones privadas eran nulas en el departamento y que cualquiera que quisiera aportar algo debía ser bienvenido, teniendo en cuenta que el empleo público es una de las pocas alternativas económicas para los vecinos.

Entonces, Castillo y Salgado negociaron. El empresario no pagaría impuestos, pero le cedería a la Comuna el manejo de la playa de estacionamiento. Además la Municipalidad le permitiría comenzar a funcionar en el terreno descampado que había comprado, le proveería de los servicios necesarios y aceptaría que instalara los gazebos para los puestos y así fuera funcionando, a medida que se fuera realizando la construcción del megapolo.

El 30 de agosto de 2013, en plena festividad patronal, las calles de Santa Rosa lucieron atestadas de gente, como jamás se vieron y difícilmente se vuelvan a ver. Castillo desembarcó en plena villa cabecera con cientos de puestos de venta de ropa. Caminando triunfante, acompañado por vedettes, el gobernador Francisco Pérez y el intendente Salgado, anunciaron su llegada y dijeron que un mes después comenzaría a funcionar todos los fines de semana en el predio sobre la ruta 7, que ya había comprado por $3 millones.

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Los cuatro años siguientes se pueden analizar con lo que ocurre en el presente. Una de las decenas de causas que tiene Salgado en su contra y que lo tuvieron encarcelado 6 meses con prisión preventiva es por irregularidades en el estacionamiento de La Salada. No hay comprobantes claros de cuánto se recaudó y cómo se distribuyeron esos fondos, que en principio tenían como beneficiarios a organizaciones intermedias, clubes y jardines maternales.

Tratando de repartir culpas, Salgado acusó a Castillo de no respetar acuerdos, Castillo desnudó aquel negociado original y la intervención de la ahora intendenta Norma Trigo (UCR) exigió la regularización tributaria de la feria. El empresario amenazó con irse y la Comuna concedió un plazo hasta el 30 de julio próximo para normalizar el funcionamiento y tener en condiciones las instalaciones.

Mientras tanto, la obra prometida por Castillo avanzó a paso lento. Todavía no tiene techo y, debido a que tiene una instalación eléctrica provisoria, el EPRE ordenó suspender el suministro de energía y desde ese momento (ya seis meses) la feria utiliza grupos electrógenos propios.

Ahora los apoderados de Castillo han asegurado que la feria continuará funcionando normalmente, más allá de la suerte que corra su "rey" y lo que ocurra en Buenos Aires.

Esta historia continuará.

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Horacio Rodríguez / Diario UNO.
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