Después de los amargos resultados que Mendoza logró por estar "disciplinada" a la Casa Rosada, hay que estar atentos porque, tibiamente, otra vez soplan ecos de que billetera rima con látigo.

Gobernadores disciplinados

Por UNO

Un concepto tan ladino como dañino se ha terminado de instalar como una especie de fatalidad en la cultura política argentina. Se trata de la utilización espúrea de los fondos públicos por parte de la Casa Rosada a la hora de coparticipar con rigor y justeza los ingresos a las provincias.

La finalidad esencial ha sido la de disciplinar o premiar a los gobernadores de provincias y a los intendentes, según adhirieran ciegamente o pusieran pruritos a los dictados del Poder Ejecutivo nacional.

Durante los 12 años del kirchnerismo esa forma de actuar, que se contrapone absolutamente con lo que manda el espíritu de la ley en materia de coparticipación, rigió a rajatabla, látigo en mano.

Con ello se lograron, sobre todo en los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, unas forzadas lealtades -interesadas y acríticas- de las provincias y los municipios.

Mendoza está pagando el pato de esa forma de sumisión que practicaron tanto el gobernador Celso Jaque como su sucesor Francisco Pérez, a contrapelo de lo que había sido tradición entre los mandatarios de Mendoza.

Aquella buena costumbre consistía en que Mendoza mantuviera una actitud firme en el mantenimiento de sus derechos ante la Nación, aunque siempre respetando las formalidades y la consideración para con el gobierno federal y las realidades de las otras provincias.

A poco de asumir en 2003, Néstor Kirchner prometió trabajar para que el país pudiera cumplir con uno de los mandatos de la reforma de la Constitución de 1994.

Se refería a que la Argentina debía tener en dos años, es decir en 1996, una nueva Ley de Coparticipación que modernizara e hiciera más justa la distribución de los fondos que recauda el Estado nacional en materia de impuestos y otros gravámenes.

Las tres presidencias K no sólo incumplieron ese mandato de los constituyentes, sino que además degradaron el uso de esa plata obligando a las provincias a practicar un oficialismo de prepo.

Hay que estar atentos porque el nuevo Gobierno nacional -que cuando era oposición cuestionaba estas cosas- ya está empezando a sugerir tibiamente tendencias parecidas a las de disciplinar con la billetera.

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