Tres fotos. Jueves. La ciudad de Buenos Aires arde, como todo el país. El calor es insoportable. Diego Gareca acaba de concluir la mañana de reuniones y tuvo que participar en un acto donde, obligadamente, tuvo que ponerse saco y corbata. Está sofocado y, mientras pasa frente al histórico edificio de Desarrollo Social, piensa dónde comer algo y escaparse del calor. Llama al Tilín Orozco, suponiendo que el músico mendocino quizás también esté en Buenos Aires. "No, estoy en Mar del Plata, pero podés ir al restorán El Globo, que está ahí cerquita. Ahí iba a comer Gardel ¡y hacen un puchero espectacular!", dice Tilín. El secretario de Cultura de le dice que ni loco comerá puchero, con 35 grados acribillándolo. Lo insulta amablemente y corta la comunicación. Prefiere tratar de adelantar su regreso, en el vuelo de las 17. Sólo consigue escaparse de Buenos Aires, pero no del calor.
Viernes. El despacho de Diego Gareca está más fresco. Ese salón del segundo piso del ex Banco Hipotecario es imponente, como todo el edificio. Gareca está de camisa, jeans y zapatillas, vestimenta más acorde con su carácter. Una gran mesa de reuniones, unos sillones antiguos y cómodos y el escritorio, que luce llamativamente vacío. "Marizul Ibáñez se llevó la computadora y no la ha devuelto", dice. Cuenta que, en realidad, "se han llevado toda la información pero, casi se lo debemos agradecer, porque el personal de Cultura nos ha ayudado a orientarnos y eso ha hecho que establezcamos un buen vínculo y de inmediato".
Sábado. A la mañana todavía se puede respirar un poco. En la vereda del edificio de La Bancaria hay un despliegue de tarros de pintura, andamios y escaleras. Van a tratar de hermosear ese lugar donde, históricamente, trabajan las costureras que preparan los vestuarios de Vendimia. Los pintores no son pintores. Son Diego Gareca y los funcionarios que él eligió para acompañarlo en estos cuatro años. La pintura no la pagó. La consiguió a través de un convenio. "Fui a ver a los de Tecno y les pedí el material. Me dijeron que sí, que jamás nadie les había pedido algo así desde la Provincia", cuenta. "Esto lo ven como algo raro, pero nosotros somos todos trabajadores de la Cultura. No somos gerentes, como ha ocurrido casi siempre", dice.
A Diego Gareca, 41 años, casado con la docente Natalia Gutiérrez y padre de Lucas (18) y Mara (10), le falta plata pero le sobra carácter. Y con lo que tiene, trata de diferenciarse de las gestiones anteriores y dejar en claro hacia dónde va. En poco más de un mes al frente de la Secretaría de Cultura de la Provincia, ya se ha ganado adhesiones incondicionales y detractores.
A las primeras las agradece y a las segundas las ignora y cree poder revertirlas a medida que avance. Esta semana denunció en la Justicia contrataciones supuestamente ilegales de las dos gestiones anteriores. Él dice que no es venganza, que es un intento de ordenar y transparentar la cartera.
Hay algo que nadie puede discutir de Gareca: toda su vida ha hecho lo mismo. La única diferencia es que primero fue en un centro cultural barrial, que él mismo creó; después fue en la Municipalidad de y que ahora es acá, en Cultura de la Provincia.
Su historia
Nació en la ciudad de Mendoza. Pasó una parte de su infancia en San Juan y otra en Guaymallén. Desde los 12 años en adelante "mi lugar en el mundo fue el barrio La Estanzuela". Hace poco se mudó con su familia a un lugar más campesino, en la zona de Las Compuertas, donde la noche suele ser más fresca.
Coco, su padre, trabajaba en la bodega Arizu y por eso vivieron en San Juan, hasta que Diego completó el segundo grado. Después, el barrio fue San José, donde se hizo hincha del Boli e iba a la escuela Cano, "la misma a la que fue Quino", dice orgulloso. Alquilaban una casa allí, hasta el terremoto de 1985. "Creo que si no hubiera sido por eso, mi viejo jamás hubiera podido tener casa propia", dice.
Vivieron en carpa en la Costanera hasta que a la familia Gareca le dieron una casa en La Estanzuela. Fue el comienzo de la vocación. "Mi viejo puso un almacén y se fundió en los '90. Él es radical y con otros vecinos, la mayoría peronistas, gente que perdió su trabajo en YPF, en Agua y Energía. Hicieron mucho por el barrio".
En el saloncito que había sido el almacén, Diego armó un Centro Cultural. En el portón pintó el Guernica, de Picasso, "y me acuerdo que la gente se paraba a mirar y a preguntar qué iba a hacer allí". Eso fue una biblioteca popular y un lugar donde se generaban actividades artísticas.
Gareca se define como "trabajador cultural" pero también como "militante radical". Su empuje llamó la atención de una concejala que lo llevó como asesor al Deliberante, hacia fines de los '90. "Armé un proyecto, que hoy es lo que se conoce como los murales de Godoy Cruz, y que se llamaba Pintura Popular Callejera", ése y otros similares hicieron que a los 6 meses fuera llamado por Cultura de la Municipalidad y se lo incorporara a sus filas. "Eso fue lo que recordé apenas entré a este despacho, el 10 de diciembre. El 10 de diciembre del '99 entré por primera vez a Cultura de Godoy Cruz y, aunque con diferentes responsabilidades, hoy sigo haciendo lo mismo".
Cuenta que, sin fondos -también en esos años-, armó escenarios, hizo sonido, iluminación... Hasta trabajó de plomo. Lo mismo que ahora, cuando agarra el rodillo y pinta el frente del edificio de La Bancaria.
Y para la secretaría ha buscado gente que tiene la misma experiencia que él, la misma forma de trabajo y el mismo objetivo.
"Tenemos un espejo dónde mirarnos"
Diego Gareca habla sin parar. No conoce los punto y aparte. Es demasiado evidente que esto lo apasiona. "Hace años que no me tomo vacaciones, salvo una cortita el invierno pasado".
Cuenta que su familia lo acepta así. Que sus amigos lo entienden. Que al menos trata de mantener la costumbre de los asados.
Y habla. Y habla más. Y sigue. Hay tres conceptos básicos que remarca constantemente. Que no serán gerentes culturales, sino trabajadores de la cultura. "Hacedores culturales", dice.
El segundo es que pretende rescatar y apoyarse en lo que fue Mendoza alguna vez, entre fines de los '50 y gran parte de los '60. "Tenemos que saber que tenemos un espejo en donde mirarnos. En esa década de oro Mendoza hizo un enorme aporte a la cultura nacional y latinoamericana". Y lanza nombres tremendos: Quino, Alonso, Tejada Gómez, Mathus, Bustelo, Favio, Braceli, Tudela, Calí, Politti...
"Hay una historia muy importante. Por algo ocurrió eso. Tenemos un espejo en dónde mirarnos y nos dice claramente qué es lo que hay que hacer. No vamos a hacer lo mismo que han hecho en estos años, con enorme cantidad de shows, para terminar trayendo a Romeo Santos. Vamos a trabajar generando desde acá, con el enorme potencial que siempre ha tenido Mendoza. El gerente cultural que trae a Romeo Santos jamás va a valorar un Bustelo". El tercer concepto es ser federal. "Nos quejamos del centralismo porteño, pero acá hacemos lo mismo. Vamos a trabajar con los 18 departamentos. No quiero que Cultura de la Provincia sólo les dé dinero, una vez por año, para que hagan un show con un artista conocido. Vamos a generar desde los departamentos, con la gente".
Gareca en frases
"Me formé haciendo cultura desde un centro cultural barrial. Esa misma herramienta, la de la cultura popular, es la que vamos a utilizar desde esta Secretaría. Es un gran desafío porque primero es necesario ordenar, para poder generar".
"No me imagino trabajando cuatro años en un Estado de crisis. Este 2016 va a ser complejo, tenemos que bajar la tensión y repensar. Pero después espero que podamos generar todo lo que queremos presentar".
"Nuestra gestión seguramente no tendrá el brillo de otras, con récords de shows. Mi tarea no es competir. Es ordenar y hacer. Establecer bases más sólidas para la cultura de la provincia y generar acciones en los 18 departamentos".
"Es bueno que la política venga a sentarse en el sillón del gobernador. En los últimos tiempos, quienes ocuparon ese lugar no han sido referentes políticos, sino sólo respuestas de acuerdos internos".
Las municipalidades van a entender que la Secretaría de Cultura no es un lugar para venir a pedir fondos para pagarle al Chaqueño Palavecino. Seguramente lo que buscamos tendrá menos efecto en los medios, pero será más efectivo para la cultura mendocina".
"Si Mendoza ha cobijado a esas figuras tan importantes para la cultura del país, tendremos que trabajar para que sigan surgiendo cosas tan enriquecedoras como esas. No se puede pensar sólo en la Vendimia".
"Algunos han trastocado el valor de la honestidad en la gestión pública. Hoy se pueden citar muy pocos ejemplos de honestidad en la historia reciente. Tampoco se pueden citar muchos casos de idoneidad para desempeñar un cargo".
"Queremos trabajar. Claro que no vamos a coincidir con muchos, porque miramos la cultura desde otra óptica. Pero eso nos parece que es enriquecedor".
