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Para el 2016, Carlos de Jong tiene pensada la realización de una muestra en el Colegio de Arquitectos de Mendoza, en marzo.

El artista combina pintura y tecnología para buscar el sentido de sus abstracciones

Ecléctico: que trata de reunir, procurando conciliarlos, valores, ideas y tendencias de sistemas diversos. Así define el diccionario el término que, a su vez, caracteriza la vida y la obra del arquitecto y artista mendocino Carlos de Jong.

El término se le adhiere, no lo busca. Se le une apenas abre la puerta de su casa-taller, y próximamente galería de arte.

Otros términos con los que se podría definirlo: buscador, viajero y enamorado. Buscador de sentidos en las formas. Viajero por trabajo y por descubrimiento propio. Enamorado, del arte, el color, la luz y de su mujer, Rosario Moya. Este último aspecto, lo construye, sin decirlo.

Descendiente de una familia de inmigrantes holandeses dedicados a la arquitectura, que es, de alguna manera, una herramienta para levantar las paredes de un sueño, De Jong encontró un modo de aminorar la tormenta en su cerebro al convertirla en dibujos y estos en matrices para ser transformadas mediante técnicas digitales. El resultado es una sucesión de obras con un ADN en común: los trazos, los colores, las luces y sombras de su autor.

La conversación comienza en el living de su loft, que es una forma de nombrarse a sí mismo. Un lugar en donde la calidez de la madera se confunde con la sobriedad de la piedra y la luz que traspasa los ladrillos de vidrio con los que está construida la escalera. Una casa atiborrada de sus cuadros, que la inundan de colores.

"Con mi esposa comenzamos a construir esta casa y pensamos en que una cosa es el espacio físico que necesitamos para vivir, y otra es el que precisamos para expandir el espíritu. Cuando construimos pusimos especial atención en nuestra burbuja equística, ciencia de la arquitectura que estudia el espacio energético que el hombre necesita. Por eso las perspectivas dan la sensación de mayor profundidad" cuenta, mientras dibuja en el aire con las manos líneas imaginarias.

De repente, hacemos un descanso en el recorrido, y aparece, como la no respuesta a muchas preguntas, el arte.

"Yo fui hasta el 2006 director del proyecto del Tren Trasandino. Se complicó, por cuestiones de política internacional y yo dejé de dirigir la iniciativa. Entonces, salió una oportunidad para irme a vivir a Qatar, un país muy pequeño de Asia, cuya particularidad principal es que está lleno de pozos de petróleo. Su capital es Doha. Fui convocado para el diseño de un hotel y una sala de exposiciones"

El relato no cesa, ni se interrumpe, pero sí cambia el clima de la conversación. La charla merece, entonces, un paréntesis para introducirse en un tramo de la historia diferente. En esta, se amalgama el arte como sustitución de la verdad para responder cuestionamientos existenciales y el amor que trasciende las fronteras del tiempo y el espacio, Por eso es necesario hacer una pausa.

Si el arte le sobrevino como una excusa para el autoconocimiento, o si encontrarse a unos pasos de donde alguna vez el ser humano podría haber sido feliz para siempre (el sitio puntual en el que el Tigris y el Éufrates se unen para dar lugar al Jardín del Edén) lo inspiró para crear, es imposible de saber.

"Lo cierto es que tenía los horarios cambiados, vivía a miles de kilómetros de mi casa, en el lugar más caluroso del mundo (literales 52° a la sombra), terminaba de trabajar a las cuatro de la tarde, me metía a la pileta del hotel, y me iba a dormir temprano. A las cuatro de la mañana me levantaba para hablarle por teléfono a mi mujer. Conversábamos una hora todas las noches. Después tenía que esperar hasta las siete para entrar a trabajar. Era imposible irme a dormir por tan poco tiempo".

(Otro paréntesis en la nota. Mientras Carlos de Jong dejaba caer esta frase, era imposible no imaginar con envidia a una pareja hablándose por teléfono todas las noches, como dos novios, después de más de treinta años de convivencia y con el mundo de por medio).

"Esas horas desocupadas, me las dedicaba a mí. Fue ahí cuando me hice amigo de la computadora. Empecé un poco probando, un poco jugando a poner en práctica las herramientas digitales con las que había trabajado desde hacía mucho tiempo", narra Carlos.

-¿Qué clase de herramientas?

-Las que utilizan los arquitectos, programas como el AutoCAD o el Macromedia Freehand y algunos por el estilo. Por otra parte, me impresionaba mucho estar en el Golfo Pérsico, por lo esotérico que representa, por la fuerza de la creación que habita en él. En el fondo está la unión del Tigris y el Éufrates y en las proximidades, el monte Ararat en donde se piensa que encalló el Arca de Noé luego del diluvio descripto en la Biblia,

-Impresiona el lugar...

-Sí, y son historias mitológicas que tienen que ver con la generación de la raza humana. Te da para pensar montones de cosas. Así que allí tuve todo un proceso de reacomodamiento existencial. Las mismas preguntas aparecían constantemente en mi cabeza: ¿Quién soy?, ¿Dónde voy? ¿Qué estoy haciendo en este lugar?.

-¿Pudo respondérselas?

-No, en realidad no pude respondérmelas, porque entendí que hay muchas preguntas que no tienen respuestas. Se trata de situaciones inefables, me gusta esa palabra como síntesis de mi propio ser.

-¿Quizás, para responder a esas preguntas, o para no responderlas, es que existe el arte?

-Puede que sea así, que todo eso no puede decirse con palabras, y tampoco intento hacerlo. Por eso mi arte se llama A-Pariciones.

-¿Qué significa?

-Significa que empiezo a jugar de manera ingenua y aleatoria. Entonces aparecen composiciones abstractas y desordenadas. Tengo un puñado de preguntas que no tienen respuesta por un lado, y por otro, una mano que va jugando con la computadora. A-Pariciones tiene que ver con la generación del arte. Aparece algo, una forma, colores, un descubrimiento del cruce de matrices. Aparece una composición.

-¿Qué sucede después con esas apariciones?

-Trato de encontrarle un sentido. Después viene la parte de la parición, del nacimiento.

-¿Puede ver esta forma, o fluye con el tiempo y el trabajo?

-Esto es un proceso, una búsqueda de efectos. Empiezo a construirme una base de datos digitales, que son mis propios diseños. Y después realizo dibujos abstractos, los trabajo con aerógrafo, los intervengo, le doy forma a la explosión que tengo en mi cabeza.

-¿Investigó sobre arte digital previamente haberse dedicado a hacerlo?

-No, pero todos los días, todo el tiempo, practico, dibujo, creo, hago trazos, los guardo. Pero lo mío es puramente intuitivo.

-¿Cómo definiría el concepto de su obra?

-Se trata de creaciones que emergen a partir de un trabajo matricial. Obras mixtas, en donde se ensambla el dibujo propio, con técnicas digitales. Y que surge de lo abstracto a la búsqueda de una forma y de un sentido. Muchos de mis cuadros son primos hermanos. Se construyen desde la misma base a la que voy modificando.

-¿Cómo le da el toque final, cómo se da cuenta que una obra está terminada?

-Esa es la última etapa, la expresión final, donde trato de transformar la obra en células, o en un mosaico. Es cuando le doy las terminaciones, por ejemplo, de acuarela. Es una técnica que estoy utilizando mucho actualmente.

-¿Qué busca expresar a través de sus obras?

-Que tenga movimiento, manejo de la luz, porque los contraluces, las luces y sombras, te dan la profundidad. Otras veces busco crear secuencias, con las matrices. Entre otros sentimientos o ideas, mis A- Pariciones intentan expresar la sensación de que todos somos una unidad. El cuerpo que llevamos prestado y nuestro espíritu, quiénes en verdad somos, que no lo descubrimos pero que viene cargado de karmas, expresados en nuestros procesos internos.

Constructor de formas

De Jong es artista digital, arquitecto, y planificador urbano, graduado con mención de honor en 1975.

Como artista ha desarrollado la creatividad en la infinidad de viajes realizados a distintas partes del mundo, en particular, durante una estadía por trabajo en el Golfo Pérsico.

Se dedica a la intervención por medio de técnicas digitales de sus propios dibujos abstractos, a los que utiliza como matrices.

Ha expuesto en diferentes partes del mundo, y vendido su obra a coleccionistas privados en Medio Oriente y Europa.

Una familia holandesa que llegó a construir a

Lo primero que relata el arquitecto y artista digital Carlos de Jong una vez que pasamos las puertas de su casa, ubicada en pleno corazón de Guyamallén, es acerca de sus viajes, y el espíritu nómade de su familia. El no poder quedarse quietos en un lugar del mundo parece formar parte del ADN de los De Jong, casi tanto como el amor por la arquitectura. "Con mi mujer -Rosario Moya- hemos tenido la suerte de viajar mucho, combinando los viajes y el trabajo. Esa experiencia de vivir en tantos lugares diferentes, hace ver la realidad de otra manera. Nuestros hijos también salieron nómades. Actualmente viven en Lima, Perú. Pero han vivido trasladándose. Somos una familia de gente viajera con un enfoque muy especial, que se expresa en nuestro estilo" cuenta De Jong mientras desandamos las historias retenidas en sus enormes cuadros.

En la conversación vamos recorriendo, de alguna manera, el mundo. Viajamos por el interior de los objetos,

En el principio de la historia está el origen de sus antepasados: la provincia de Frisia, en Holanda.

"Mi abuelo y bisabuelo eran arquitectos, no mi padre, pero sí mi hijo y un sobrino. De Jong Arquitectos está en Argentina desde 1898. Mi familia tenía propiedades en África, y cuando se produjo la invasión de los ingleses, en 1819, mi bisabuelo se trasladó hacia allí, para intentar salvarlas. Perdieron la guerra y en vez de volverse a Holanda, se vinieron a Argentina. A fines del siglo XIX".

En un momento de la historia del país en la que era tan habitual que los argentinos poseyeran más de una propiedad, como hoy es inhabitual llegar a la casa propia, su bisabuelo y abuelo abrieron una empresa constructora en Mendoza. Se llamaba El Challao.

"Muchas de las antiguas bodegas y casas tipo europeas las hicieron ellos, hoy quedan pocos rastros de aquellas casonas antiguas. Casi todas han sido demolidas, transformadas en edificios", relata el nieto de estos holandeses, que heredó el talento para materializar los sueños.

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