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El mendocino Javier Roig trabajaba en uno de los estudios de arquitectura más destacados del mundo, en Nueva York. Abandonó su zona de confort en busca de nuevos desafíos

El arquitecto dejó todo para cumplir su sueño e hizo un viaje de Alaska a Ushuaia

El arquitecto mendocino Javier Roig tiene 39 años, se formó junto al reconocidísimo César Pelli, diseñó en Chile el edificio más alto de Sudamérica y ya conoció los cinco continentes como turista y como profesional. En Nueva York, donde vivía, tenía absolutamente todo. Trabajaba en uno de los estudios de arquitectura más importantes del mundo. Había tocado el cielo con las manos. Nunca hubiese llegado ahí si no hubiese sido una persona inquieta. Paradójicamente fue la inquietud la que lo interpeló. Empezó a pensar que la zona de confort era pan para hoy y hambre para mañana, que esa comodidad hacía que el tiempo pasara cada vez más rápido y que en algún momento iba a pestañar y el viaje que a los 20 años había soñado hacer de punta a punta por América iba a ser sólo un fósil, un "hubiera" que no lo iba a dejar dormir. A Javier le pasó lo que les pasa a muchas personas. La diferencia es que no se hizo el distraído y dejó todo para viajar en camioneta de Alaska a Ushuaia.Ocho meses. Eso le llevó cruzar de norte a sur. Visitar playas, selva, bosques, montañas, ríos, glaciares. "Nueva York es una ciudad que amo, es increíble, pero el ritmo que tiene te puede comer. Además no estaba contento con lo que estaba haciendo a nivel laboral ", dijo Javier.Por eso viajó a Alaska, ese pedazo enorme de tierra que le compró a Rusia hace 150 años, y allí se compró una camioneta Jeep, que acondicionó para emprender la aventura. Y se largó. "El viaje fue extenso cuando lo pienso, pero cuando lo hice nunca lo sentí así. Tenía pensado hacerlo en cuatro meses, pero se fue estirando. Arranqué en el norte de Alaska, donde empieza la ruta Panamericana, llegué hasta Ushuaia y ahora me voy a quedar un tiempo en ", contó. La mitad del viaje la hizo solo. La otra la hizo acompañado, a veces por amigos y otras por familiares, como su madre, Ana María, quien fue su acompañante durante un tramo de América Central.Cuando viajó solo fue cuando más relación entabló con otras personas. Con algunas charló durante horas y horas en medio de geografías únicas, de naturaleza cruda que es lo que fue a buscar por sobre todas las cosas. "Me hice amigo de un matrimonio de uruguayos. El hombre tenía 75 años y la mujer 71. Vivían en Canadá y cuatro años antes habían cruzado todo el continente en micro. Cuando yo los vi lo estaban haciendo en un auto común. Dormían en carpa. Tenían una energía, una vitalidad que nunca vi. Eran todo un ejemplo de vida y creo que nunca hubiese visto a personas como ellos si no hubiese hecho este viaje", recordó.Lo mejor del periploJavier dijo que lo más rico del viaje fue aprender a convivir con el azar, con lo inesperado."Siempre fui bastante organizado. Tal día hago esto, tal día esto otro. Incluso en los viajes siempre llevé todo planificado. Pero en este viaje aprendí a ser paciente y tolerante con las cosas. A veces planificaba algo y por las tormentas no podía hacerlo. Otras se me rompía el auto, o me daba una indigestión porque comía platos de todos los lugares, y eso me hacía cambiar de planes todo el tiempo", relata.El periplo no fue lo que esperaba porque en realidad se trató de una forma de vida. Para él todo se iba a tratar de conocer y de relajarse. En cambio, tener que pensar todos los días qué iba a comer, dónde iba a dormir, dónde iba a dejar el auto hizo que su estilo de vida mutara radicalmente."Estar atento a esas cosas todo el tiempo, pensar en resolver todo el tiempo esas cuestiones hace que tu cabeza empiece a funcionar a 3.000, algo que no te pasa cuando vivís en una casa. Es algo impresionante", agrega. Respecto a los lugares, dice que millones son los que le gustaron. Todos, básicamente. Pero que destacan dos: Colombia y la Patagonia. " es un país increíble. La parte turística es hermosa, pero hay muchos lugares 'desconocidos' que no se pueden creer. La Guajira, que es el punto más al norte de América del Sur, en el límite con Venezuela, es lo más lindo que vi. Los lugares que son difíciles de llegar tienen algo especial", pensó sobre su recorrido.Además dijo que la atmósfera que flota en Colombia es maravillosa, que todos tienen una predisposición enorme y que las colombianas junto con las argentinas son las más lindas de todo el continente.En la Patagonia ya había estado pero nunca dos meses para conocer cada uno de los rincones tanto del lado chileno como del argentino. "Uno anda miles de kilómetros y nunca se termina", afirmó.Cuidados"Todo el mundo te dice que Honduras, que El Salvador son súper complicados y creo que es al revés. Hay más personas buenas que malas, todos quieren ayudar. Hay que tomar precauciones básicas y disfrutar", destacó. Los cuidados que tomó fueron no viajar de noche, no acampar cerca de las fronteras, tratar de estacionar el todoterreno en sitios relativamente seguros y no mucho más."Hasta ahora -cuenta- no me pasó nada y toco madera para que no pase nada en lo que falta".Hacia adelanteEl cruce continental ya está. Ya lo cumplió. Pero la mayoría de los sitios que conoció quedaban en el costado oeste, porque quería ver montañas.Por eso dentro de unas semanas volverá a viajar otros cuatro meses. También estrechó relación con personas de Guatemala y Colombia para trabajar juntos con su proyecto con fines sociales Latitud Project.

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