Iba a ser codefensor del hijo de Nélida Rojas, líder de la Tupac Amaru en Mendoza, hoy presa por varias causas. Eso dejaba afuera a su hija Gabriela, quien está al frente de la investigación

El abogado que hizo tambalear a su hija en la causa de la Tupac Amaru en Mendoza

Por UNO

En su declaración de enero de 2011, en una audiencia de los juicios por delitos de lesa humanidad en Mendoza, Héctor Rosendo Chaves relató que cuando lo secuestraron -en marzo de 1976- su hija menor tenía 3 años y que cuando quedó en libertad, 6 años después, la niña preguntó quién era ese hombre, refiriéndose a él. No hablaba de Gabriela, que nació un año después de Gustavo, el mayor, y que tenía 8 años cuando a él lo aprehendieron en su estudio de General Alvear, adonde ya defendía a militantes de agrupaciones políticas. Hablaba de una de las hermanas de la fiscal de 49 años que hoy lleva adelante la investigación en torno a la filial mendocina de la Tupac Amaru, y que ordenó el 7 de abril la detención de Nélida Rojas, su líder.Sin embargo, 6 años después de esa declaración, este abogado de 82 años vuelve a elegir ese relato para afirmar que el terrorismo de Estado generó un quiebre en la relación que mantuvo con sus hijos, al menos con los primeros cuatro (tiene dos más de su segundo matrimonio), recordando que a la conciliación obligatoria del divorcio con la madre de ellos la afrontó esposado. Sin dudas, la última dictadura cívico militar para ellos fue un antes y un después.La vida está llena de momentos bisagras y así como hay algunos involuntarios, como pueden ser los que se padecen en una dictadura, otros dependen casi enteramente de las decisiones que tomamos. Entre Héctor y Gabriela hubo varios, y el más reciente sucedió a principios de semana cuando el defensor de Rojas, Alfredo Guevara (hijo del reconocido ex legislador y letrado del mismo nombre, ya fallecido) pidió la recusación de la fiscal porque el padre de ella se incorporaría a su equipo.Chaves, el de los 60 años de trayectoria en derecho laboral, había tomado una decisión que marcaría otro antes y después en la relación con su hija. En el tablero, con su movida, le cantó jaque mate. Pero luego decidiría a tiempo dar marcha atrás en la jugada "inintencional", según aseguró, de dejarla afuera. "Yo dije: no, yo no tengo ningún interés de que aparezca que yo estoy en una maniobra para que ella se tenga que correr. Más vale que yo tendría que haber sido más prevenido, lo reconozco, pero sólo me pidieron que interviniera para la audiencia de libertad de alguien que está ahora libre, no para el expediente de Rojas. A mí no me interesa afectarle la carrera judicial. No tengo razón para hacerlo", afirmó con respecto a lo que aconteció horas después de que él aceptara ser codefensor de Federico Torrengo, hijo de Rojas. "Vino hasta acá y me lo pidió y yo firmé. Al otro día me fui a San Rafael y estuve con el tema de los alegatos todo el día. Hasta que me llamó mi hijo y me dijo que Gabriela estaba muy afectada con esto. Y le dije que renunciaba inmediatamente. Lo llamé a Alfredito, y me dijo que lo aceptaba", relató haciendo énfasis en el rol que tuvo Guevara hijo, defensor de los responsables de la polémica construcción de más de mil viviendas en Mendoza (sólo 250 terminadas) y que están imputados, entre otras causas, por asociación ilícita.Es a él a quien eligió para hablar como de un hijo, y para justificar su primera decisión. La de obligar a su hija a que tuviera que apartarse de la investigación porque el Código Procesal Penal indica que ningún fiscal debe poseer lazo de consanguinidad "hasta de cuarto grado" con algún involucrado en el proceso. "Fui defensor de los primeros juicios de presos políticos con el padre, de Alfredo, el Gordo. Tuvimos una trayectoria de 40 años de compartir militancia política y profesión. Por eso a Alfredito lo conozco de niño, de abogado, de militante del Frente Grande, de toda la vida", dijo refiriéndose nuevamente a quien estuvo señalado durante los últimos días como el estratega de esta acción, que para algunos fue inmoral y hasta asociaron a la persecución."Hace 20 años que no tenemos relación". Esa fue la única aseveración que hizo pública la abogada que lleva adelante la causa por estar al frente de la Fiscalía de la Unidad N°2 Las Heras-Lavalle, dejando entrever que no le generó tanta sorpresa la actitud de su progenitor, después de dos décadas sin hablarse. De los pasillos del Poder Judicial trascendió que lo que más le afectó fue la exposición que tomó la circunstancia alentada por su padre, de quien no recibió llamada alguna. Sobre todo porque él justificó su intervención como defensor de los pobres. "Era algo anecdótico que me llamaran para intervenir, como si me llamaran para la libertad de Milagro Sala. ¿Por qué tiene que estar presa la indiecita cuando hay tantos mafiosos millonarios afuera?", había dicho él. Ella habría contrarrestado esto diciendo que también se debe a los humildes, pero refiriéndose a los más de 100 afectados que sumaron denuncias a la causa contra Rojas. "Tengo entendido que ha tenido una actuación aceptable como funcionaria", dijo, como al pasar, Chaves sobre la carrera de su hija. "Pero nuestra relación se empobreció. Después de la libertad vino mi presencia para costearles los estudios a mis hijos, mal o bien, para unos más y otros menos. La relación con ella ha sido distante por diferencias que hacen a la intimidad que no quiero revelar", agregó y sí hizo una salvedad sobre la relación con Gustavo, con quien compartió estudio hasta hace un mes en la calle Pedro Molina. El mayor de sus hijos, que fue quien alentó a que la recusación de su hermana no ocurriera, es el abogado del hospital Paroissien, de Maipú.Chaves padre, que hoy es querellante en los juicios de lesa humanidad y que sigue siendo el abogado de la Cooperativa Eléctrica de Alvear, reafirmó que está pronto a "colgar los botines", y que, por eso, no tenía ni tiempo ni ganas de defender a los que hoy están presos y que pertenecen a la Tupac Amaru, de los que dijo ni siquiera conocer por qué estaban imputados. Sí confesó que lo contactaron una vez, pero que se desencontraron y eso quedó en la nada.Pero también dijo que no le interesaba por los cambios que encuentra en la actualidad judicial, a comparación de lo que sucedía en el año '65, cuando él se asentó con 30 años de edad en el Sur provincial (ahora vive en Ciudad). "Hoy el poder público de menos representatividad social es la Justicia. No entremos a juzgar a quienes la protagonizan. Es la política criminal la que está en crisis", dijo quien se definió como "bocón", lo que lo ha llevado a estar siempre en medio de polémicas."Antes que me metieran en cana, en la CGT me echaban flit porque era justicialista, y en el Partido Justicialista lo mismo porque era de la CGT", contó sobre su participación en gremios y su actividad política, lo que alentó a que lo secuestraran el 15 de marzo de 1976, cuando era el apoderado del Partido Auténtico."Debí haber hablado menos. Pero me mantengo en la misma vereda desde hace 50 años. En el día a día, me gusta llamar a las cosas por su nombre", afirmó. Al momento de contestar si Rojas era una presa política, sólo dijo: "Tengo la impresión de que en Jujuy pasa lo mismo que en Mendoza: la Tupac ha construido más viviendas que el organismo público, y eso es un dato. Lo demás que se investigue".Lo afirmó acerca de la causa que será, sin dudas, otro de los momentos bisagra en la vida de su hija: el más importante o el primero de ellos en su carrera judicial.