Mendoza Domingo, 17 de junio de 2018

Crecen en Mendoza los nuevos espacios de trabajo compartido

No son simples oficinas para compartir sino lugares económicos y eficientes en donde se pueden generar emprendimientos y relaciones comerciales y laborales

Por una cuestión económica, porque es cómodo, porque se puede estar cerca de colegas o porque internet nunca se corta. Por cualquiera de esas razones, o por todas, las oficinas compartidas, de coworking, han crecido en Mendoza en menos de un año y, por la demanda que tienen, parecen haber llegado para quedarse, lejos de ser una moda pasajera.

No se trata solo de alquilar una oficina entre varios profesionales y compartir los gastos. La idea es formar una comunidad de trabajo, en la que cada uno puede atender a sus clientes, tener reuniones, jugar a la play y hasta ir de ojotas, piyama o lo que quieran y, a la vez, trabajar sin ser compañeros de una misma empresa.

En Mendoza, quienes invirtieron en estos emprendimientos apuntan a profesionales que sean de las mismas ramas, por ejemplo comunicadores, fotógrafos, diseñadores, especialistas en redes o desarrollos. "No son lugares en donde por ejemplo un psicólogo pueda atender a un paciente", explicó uno de los administradores.

Gonzalo Reinol, a cargo de la gestión de Campus Olegario, que está ubicado en Olegario Andrade 315 de Ciudad, cuenta que abrieron hace un año y que ya trabajan en el espacio cerca de 80 personas.

"Somos un campus para emprendedores tecnológicos. La diferencia con el resto de los espacios que son coworking nada más es que el lugar tiene herramientas que lo diferencian, como incubadora y una aceleradora de proyectos", comentó. En el campus asesoran a los emprendedores mediante charlas y capacitaciones, los ayudan a hacer su proyecto viable y también a conseguir líneas de financiamiento para ponerlo a funcionar.

Pero claro, también son un espacio físico de trabajo compartido. Un puesto en Campus Olegario cuesta $2.200 e incluye uso ilimitado del espacio desde las 8 hasta las 20, acceso a las actividades como conferencias, los insumos como té, agua caliente, café, cocina, la participación en la comunidad de WhasApp, la posibilidad de usar las salas de reuniones, los casilleros y también, con claro sentido ecológico, hay lugar para guardar las bicis. La conexión a internet, uno de los aspectos más importantes, es "potente". En el campus tienen 50 megas para navegar.

"Lo más importante es la comunidad de las personas, muchos tienen oficinas tremendas pero dejan de compartir, pero acá el valor está en compartir, la persona que viene sabe que viene para compartir, para ayudar, para equivocarnos. Acá si querés traer tu perro lo traés, si querés venir disfrazado venís, no hay horarios, no hay jefes", contó Gonzalo y agregó que también hay un espacio de juegos con metegol, ping pong y una Play Station 4.

El espacio también ofrece alternativas un poco más privadas como las oficinas con capacidad de hasta seis personas, que cuestan $16.000 mensuales.

"Vimos que estaba la necesidad en la provincia, hay muchas ideas, muchos emprendedores, hay ganas pero faltan, que son espacios donde se generen ecosistemas para que se desarrollen ese tipo de actividades, vista la necesidad se creó el espacio y fue muy aceptado. Hoy estamos conviviendo unas 80 personas", comentó.

"A un abogado que quiere trasladar su estudio jurídico no le sirve, no va a tener la privacidad que necesita, el espacio tiene charlas, actividades, eventos. Es diferente el abogado que se quiere reinventar o el contador que quiere armar alguna plataforma en línea", explicó Gonzalo.Otra filosofíaRoberto Drazich (35) y su esposa, Luciana Rosas (34), llegaron juntos al coworking y juntos invirtieron en dos espacios en distintos lugares de la ciudad de Mendoza. "Llegamos al coworking porque es una filosofía personal,es algo generacional, nos gusta y nos largamos", comentó Roberto.

El primero de los espacios que pusieron a funcionar es Whale, que abrió sus puertas hace seis meses y que está dedicado al mundo creativo y que ya está al máximo, con 40 personas. "Es un lugar bastante libre, con reglamentos propios que hemos hecho en base al criterio propio. No tenemos horarios para trabajar, porque hay gente que trabaja con diferencias horarias y necesita por ejemplo conectarse con un cliente de otro país y en Argentina es de noche", explicó.

En Whale, la comunidad de trabajadores encuentra servicios de bicicletas para moverse por la ciudad, acceso a los eventos, wifi, café, limpieza, casilleros y salas de reuniones. "Está relindo y es lindo lo que se genera, la gente que llega está en la misma filosofía", contó Roberto.

Como en Campus Olegario, tienen un sistema de alquiler de los lugares en los mesones de trabajo que cuestan $1.650 por mes y oficinas que arrancan en $10.000.

La pareja de emprendedores también tiene a Grape, un lugar de coworking en pleno centro mendocino, dedicado al mundo del vino. "Ahí hicimos también una especie de incubadora. Lo lindo es brindar soluciones a la industria, cuestiones de diseño, de comunicación, de digitalización y también plantear soluciones a largo plazo e incorporar filosofías criteriosas para la industria y no intereses particulares o políticos", explicó y, ejemplificó: "Una idea puede ser orientar al consumidor final, porque primero lo llevaron a un lugar en donde el vino era algo prácticamente imposible de tomar, pero eso derrumbó y ahora el consumidor está mareado, se compró un vino de $300 y no sabe si ponerle soda o no, entonces la idea es plantear todas estas soluciones desde Grape".

"Esto de los espacios multidisciplinarios hace que la persona que llegue salga más pulida y termina siendo algo bien íntegro. Se convierte en una gran empresa, en donde entra un cliente tosco pero sale lavado, peinado y con perfume", comentó el emprendedor.

Para Roberto, hay dos formas de pensar y analizar el coworking. "El que llega o el que lo crea, lo hace por dos motivos, no es para solucionar una cuestión de espacio, lo más importante es que estás metido en un mundo en movimiento y al estar en estos espacios estás recibiendo información en forma constante", dijo por un lado, y por el otro comentó que son espacios más económicos que cualquier otro lugar y más efectivos.

"Te da otra presentación, no es lo mismo llevar a un cliente a un bar, acá si entra el cliente al espacio, ya tenés medio gol adentro", aseguró su impulsor.

Más noticias