Los mendocinos, acusados de parcos, están dispuestos a demostrar su amor eterno de una forma bastante particular y no del todo original, ya que la idea surgió en . Pero aún así lo hacen con lo que tienen a su alcance; en este caso, el puente que une el Rosedal con la Isla del Parque. Allí, poco a poco, las rejas se han ido poblando de brillantes candados estampados con el nombre de ambos enamorados y una promesa de amor eterno. Algunas, quizás, hasta se lleguen a cumplir.
Un fenómeno parisino va sumando adeptos en la provincia.
Crece el amor en Mendoza y el parque se va poblando de candados

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