Las personas que lo conocieron lo describen, invariablemente, con una palabra: bohemio. Además, lo recuerdan como ocurrente, divertido y humilde. Así era el escultor, pintor y dibujante mendocino Federico Chipo Céspedes, quien murió este jueves por la madrugada, después de vivir 87 años, muchos de los cuales se los pasó creando.
El arte en movimiento
Sara Rosales, amiga y colega del gran Chipo, lo recuerda como el que más talento tenía para retratar animales en movimiento. "Me acuerdo cuando trabajábamos juntos en el (teatro) Independencia. Nos escapábamos al Zoológico a ver los caballos y las cebras. A él le gustaba retratarlos, se iba con un bloc de dibujo, con esas hojas gruesas especiales que se las hacía traer de afuera. Los pintaba con tinta china y unos palitos, no usaba pinceles. Tenía grabadas las proporciones, la anatomía de esos animales", recordó la artista plástica y agregó que igualmente lo hacía con los pájaros. "En sus cuadros se veía hasta la tierra que levantan los caballos cuando trotan", describió.
Según Rosales, Chipo Céspedes era muy ocurrente y lo disfrutaba. "Le gustaba tener un aspecto similar al de Dalí, se divertía con eso", mientras la artista rememora estas anécdotas va a agregando otras, como piezas de un rompecabezas que se va formando. "Un día, allá por 1970, iba a exponer en el Instituto Cuyano de Cultura Hispánica, y le corrieron un cuadro que él había puesto en la entrada. Yo les advertí de que no le iba a gustar esto. Pero lo dejaron así, y cuando llegó Chipo y vio que lo habían movido, ¡se fue! ¡no hubo presentación!", relató Rosales, entre risas y todavía asombrada con la actitud del artista.
Chipo era, por otra parte, amante de la música, tocaba el piano y practicaba arquería. Y lo apasionaban las motos, hacía culto de esa pasión.
Publicista de teatro
En la época en la que Regina Pupi Agüero fue directora de Cultura de Mendoza (entre 1987 y 1995), Chipo trabajaba en el Independencia. Lo que hacía eran los afiches de las obras que se presentarían. En aquel momento no existía la cartelería diseñada en formato digital, así es que los grandes carteles se hacían a mano.
Tanto Pupi Agüero como Sara Rosales cuentan que a Chipo le gustaba mucho realizar esas obras de difusión del arte. "Se metía en la agenda del Independencia y se fijaba quién iba a actuar, si había un ballet o una presentación musical, y trabajaba sobre esa idea", contó Rosales. Y agregó que le gustaba pintar, esculpir y dibujar en soledad, y que se concentraba mucho en una idea. "Todavía debe haber un par de afiches de estos en el teatro, Chipo era un gran dibujante", destacó.
Su obra inmortal
Entre sus obras más resonantes se encuentran los murales del teatro Independencia, los leones de una de las entradas del barrio privado Dalvian, el Monumento al Cristo de los Cerros en ese barrio de El Challao y el Toro de Giol ().
También fue el autor de la obra El hombre alado, un monumento a los caídos en Malvinas, ubicado en uno de los accesos al estadio Malvinas Argentinas en el . Y creó la escenografía de la de 1961. Expuso no sólo en nuestro país, sino también en México y Brasil.
Las obras de Céspedes serán por siempre un emblema para los mendocinos.
