Con la declaración de una mujer que fue alumna y víctima de abusos sexuales en el Instituto Próvolo se reanudó este martes el juicio a dos sacerdotes y al jardinero de la institución.
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La testimonial es recibida por profesionales en una Cámara Gesell instalada en los tribunales y transmitida en vivo y en directo a la sala de debates, adonde la escuchan los jueces, los abogados de las partes y los acusados Nicola Corradi, Horacio Corbacho y Armando Gómez.
Este procedimiento, que combina la oralidad, el Lenguaje de Señas y la palabra escrita en computadoras, comenzó a las 10 de la mañana y la testigo vino especialmente para declarar desde Neuquén, donde vive.
La mecánica es compleja y repercute en la duración de la audiencia: la mujer es preguntada por profesionales y esas preguntas le son traducidas a Lenguaje de Señas por intérpretes.
Ella contesta en Lenguaje de Señas y los intérpretes explican a los profesionales y a los participantes del juicio qué dijo. Y así con cada requisitoria, incluso con las que vayan surgiendo a pedido de los jueces, de la querella o la defensa técnica de los acusados.
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A esto hay que sumarle los tiempos muertos, como los momentos en que la declaración se interrumpe a pedido de la testigo para ir al baño o fumar.
Y otro dato importante: todo lo que se escucha en la sala de debates es tipeado en una doble pantalla para que Corradi pueda leerlo ya que es sordo. Pero también es traducido al Lenguaje de Señas para que el imputado Gómez esté informado, ya que es hipoacúsico.
Años atrás, la versión de la testigo, quien se tatuó la leyenda "Monja diabólica" en su cuerpo por la imputada Kumiko Kosaka, fue determinante para que en 2018 el monaguillo del Próvolo Jorge Bordón se declarara culpable.
Al final de un juicio abreviado, fue condenado a 10 años de prisión por 11 delitos sexuales en perjuicio de alumnos hipoacúsicos.


