En los tribunales federales de Mendoza reina el estupor por la imputación por el delito de asociación ilícita y el pedido de detención que pesan sobre el juez federal Walter Bento, titular del Juzgado Federal 1 con competencia electoral número 1, quien asumió en ese cargo hace casi 16 años.

"Sin comentarios. Disculpe", respondió secamente un encumbrado juez federal cuando Diario UNO le preguntó qué opinaba de la novedad que este miércoles sacudió la actividad en el edificio situado en España casi Pedro Molina de Ciudad, donde Bento tiene su despacho de juez penal pero también de juez con competencia electoral, función de altísimo voltaje político, máxime en tiempos cercanos a las elecciones.

Silencio y miradas furtivas. Y más silencio. En los pasillos. Pero también cuchicheos. En los despachos y en los baños y en los ascensores de los federales. Por el impacto acerca de la situación procesal de Bento y por la noticia de que podría ir preso.

Esa sensación se expandió hasta los domicilios particulares de jueces y empleados que hacen trabajo remoto por la pandemia de coronavirus.

Pero también porque en ese edificio de los tribunales federales trabajan la esposa del juez, Marta Boiza, quien se desempeña como empleada y años atrás fue secretaria del titular del Juzgado Federal 3, y dos hijos del matrimonio: Nahuel y Luciano Bento, que también son agentes del Poder Judicial de la Nación y este miércoles fueron vistos cada uno haciendo su trabajo de modo presencial.

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Hubo movimientos inusuales en los tribunales federales por la imputación a Walter Bento

Hubo movimientos inusuales en los tribunales federales por la imputación a Walter Bento

Este miércoles, en la Justicia Federal muchos cayeron en la cuenta de que la historia volvía a repetirse. Como cuando Otilio Romano quedó preso, justamente a pedido del ahora caído en desgracia juez Bento.

Algunos recordaron con vergüenza ajena, como cuando cayó el juez Luis Leiva por el delito de coimas, allá por el 2002, también en mayo.

Otros sintieron rabia porque saben que, más allá de las derivaciones penales y políticas que este caso pueda tener sobre Bento y los demás implicados, nuevamente la imagen de la Justicia Federal de Mendoza queda enchastrada, al igual que la figura del juez.

Sucia como cuando cayeron Romano y otros y la Justicia Federal de Mendoza quedó hecha ruinas y era mala palabra para los popes del Poder Judicial de la Nación, allá, en Buenos Aires, donde se mueven los hilos. Y se disponen los cargos y los concursos y los recursos técnicos y humanos para funcionar como un poder del Estado. Y especialmente la plata.

Se agarran la cabeza mientras van cayendo en la cuenta de que todavía no logran salir del agujero que propinó la caída de Romano y otros, que ahora sobreviene el escándalo Bento. Y que las consecuencias del primero por delitos de lesa humanidad todavía se están pagando: de hecho hay cargos vacantes en la Cámara de Apelaciones y muchos de los que hoy integran ese alto tribunal debieron esperar ¡varios años! para que los nombraran.

El revuelo comenzó a media mañana, cuando un juicio por delitos de lesa humanidad comenzó en la sala de audiencias comenzó a demorarse más de lo habitual. Entonces se supo que en la casa judicial había allanamientos. Y todas las miradas apuntaron al despacho de Bento y a los puestos de trabajo de la esposa y de los hijos.

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