Daniel Arquímedes Puccio, alias Maguila, fue detenido en Brasil, a 100 kilómetros de San Pablo. Iba en micro, cerca de la zona de Itú y había partido desde Foz de Iguazú. Viajaba con identidad falsa.
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Maguila formó parte de la banda de secuestradores más tenebrosa después de la dictadura militar de 1976. La llamada Clan Puccio.
La policía brasileña subió al micro para realizar una inspección en un operativo antidrogas. Cuenta Infobae que al encontrar a Puccio, le pidieron sus documentos y su nerviosismo lo delató.
"Él dijo que tenía identidad falsa porque pensaba quedarse más tiempo en Brasil, pero no creemos en su versión. Subimos al micro en un operativo antidrogas", publica O Globo de Brasil.
Las autoridades certificaron su verdadera identidad y comprobaron que no existía un pedido de captura.
Le aplicaron una multa y le dieron 60 días para regularizar su estadía en Brasil.
El clan Puccio
La banda que lideró Arquímides Puccio e integraron dos de sus hijos, fue desbaratada en 1985, luego de que secuestró y asesinó a dos rugbiers a pesar de que habían pagado su rescate, mató a un empresario al tratar de capturarlo y mantuvo cautiva a una mujer.
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Antes de ser el jefe del denominado clan, Arquímedes fue un contador público que trabajó para el Ministerio de Relaciones Exteriores y presuntamente vinculado con la organización ultranacionalista Tacuara y al grupo terrorista de ultraderecha Triple A.
Según los investigadores, luego se mudó a una casona de la localidad bonaerense de San Isidro con la aspiración de integrarse a la clase social alta a la que no pertenecía y armó una organización delictiva con el fin de conseguir dinero para lograrlo.
El clan liderado por él estuvo integrado por dos de sus hijos, Alejandro -ex wing del Club Atlético San Isidro (CASI) y de Los Pumas- y Daniel, alias Maguila; el militar retirado Rodolfo Franco y sus amigos Guillermo Fernández Laborde y Roberto Oscar Díaz.
El primero de los hechos atribuidos a esta banda fue el que tuvo como víctima a un conocido de Alejandro, el rugbier del club Pueyrredón, Ricardo Manoukian (24), secuestrado el 22 de julio de 1982 y asesinado a balazos nueve días después a pesar de que la familia de la víctima pagó 250.000 dólares de rescate.
El segundo de los casos acreditados por la Justicia fue el de Eduardo Aulet (25), ingeniero y jugador del San Isidro Club (SIC), a quien capturaron el 5 de mayo de 1983 y asesinaron apenas cobraron los 100.000 dólares pagados para liberarlo, aunque su cuerpo recién fue hallado cuatro años después.
Luego, el 22 de junio de 1984, el empresario Emilio Naum (38), propietario de firma de ropa Mac Taylor y quien conocía a Arquímedes, fue asesinado de un balazo en el pecho cuando se resistió a que el clan lo secuestrara.
La banda recién fue desarticulada el 23 de agosto de 1985, al intentar cobrar el rescate por la empresaria Nélida Bollini de Prado, de 59 años, a quien la Policía rescató de la casona de los Puccio en San Isidro donde pasó 32 días cautiva.
Tras ser detenidos los integrantes del clan, Alejandro saltó con sus manos esposadas desde el quinto piso de los tribunales porteños durante un traslado y si bien sobrevivió, las lesiones le complicaron su estado de salud mientras estuvo en prisión, condenado a reclusión perpetua.
Dentro de la cárcel estudio Psicología y salió en 2007 bajo la libertad condicional, pero en 2008 murió a los 49 años mientras estaba internado en un centro asistencial de Avellaneda.
Por su parte, Arquímedes fue condenado en diciembre de 1995, también a reclusión perpetua, y a partir de 2002, a raíz de su avanzada edad, fue beneficiado con prisión domiciliaria, pero en 2004 lo enviaron a una cárcel de La Pampa luego de que se comprobó que salía de su casa.
Durante el tiempo que estuvo detenido se recibió de abogado, en 2008 recibió la libertad condicional y fijó domicilio en una vivienda del barrio El Molino de General Pico, donde falleció el 3 de mayo de 2013 como consecuencia de un Accidente Cerebro Vascular (ACV).
Al momento de su muerte, Arquímedes, de 84 años, tenía su propio estudio jurídico, estaba separado hacía cuatro meses de una mujer mucho más joven que él y convivía en esa casa con un predicador de la Iglesia Evangélica, religión que practicaba desde que estuvo preso.
De acuerdo a la Policía local, no recibía visitas, ni siquiera de alguno de sus familiares, quienes tampoco quisieron hacerse cargo de sus restos, los cuales fueron inhumados en una fosa común por decisión de la Justicia de General Pico.
Mientras que su hijo "Maguila" (54) estuvo detenido sólo hasta 1988 y en 1999 recibió una sentencia a 13 años de cárcel sólo por el secuestro de Bollini de Prado, pena que jamás cumplió porque desde entonces permaneció prófugo -aparentemente por Nueva Zelanda y Brasil- y debido al tiempo transcurrido la condena finalmente prescribió.
El caso de los Puccio fue uno de los más resonantes de la historia policial argentina y en los últimos meses volvió a atraer la atención de la sociedad a través de las artes y la ficción.



