*El siguiente relato fue extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*
Intentó de todo: cambió de trabajos, huyó de su provincia natal, hasta se hacía pasar por otra personas. Pero sólo dos meses pudo disfrutar de su hijo antes de ser desaparecido por las fuerzas militares.
Alberto Gustavo Jamilis tenía por delante un futuro estable. Sociólogo, egresado de la Universidad de Plata, y con trabajo en el Ministerio de Economía. Estaba en pareja y esperaban su primer hijo.
Para mediados de 1976 su realidad había cambiado casi por completo.
El nuevo lugar: Godoy Cruz. La familia decidió huir de la ciudad bonaerense porque el terrorismo de Estado acechaba sus paso. Claro, Jamilis era militante marxista. El nuevo trabajo: empleado de una mimbrería ubicada en Dorrego que, cuando caía el sol, solía hacer las veces de sede para reuniones políticas. El nuevo nombre: Jorge Luis Cervantes.
Nada de esto sirvió para evitar escuchar aquel golpe fuerte al portón y el grito de "¡Gordo, salí!". Los represores habían llegado hasta el departamento ubicado en calle Bernardo Ortiz en la medianoche de ese 6 de diciembre del '77.
En pocos minutos, estaban en la habitación. El Gordo boca al suelo, su mujer maniatada y suplicando piedad. No por ella ni por su marido, sino por su hijo que apenas tenía 2 meses.
Los secuestradores reclamaron también la llave de la mimbrería, donde horas después se llevarían a otra persona que dormía en ese lugar.
Esa imagen de cinco tipos vestidos de civil, armados y con medias de nylon en la cabeza fue la última que se conoce de Jamilis, otra de las víctimas que pasó a engrosar la lista de desaparecidos en la última dictadura militar.


