Crónicas de la infamia: "Operativo Abril de 1977" – Capítulo VI

Por UNO

*El siguiente relato fue extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*

Un balazo en el abdomen. Un borceguí en el pecho. El cañón de una pistola en su cabeza. La fachada de una iglesia a su lado. Lo último que se supo de Ana María Moral.

El pacto de una reunión clandestina con sus padres que nunca se concretó. Lo último que se supo de Gisela Tenembaum.

Ana tenía 23 años y era una destacada estudiante de letras en la UNCuyo. Gisela tenía 22 y cursaba en la UTN. Ambas se conocían por su militancia en Montoneros. Militancia que a mediados de 1976 las llevó a huir a San Juan y mantenerse en la clandestinidad. 

A fines de ese año, los represores atraparon a sus respectivas parejas, por lo que las jóvenes estudiantes decidieron regresar a Mendoza. Junto a Juan José Galamba, otro militante, se escondieron en una casa ubicada en calle Italia de Godoy Cruz.

Era 8 de abril de 1977. Gisela salió del domicilio en dirección a una reunión en Las Heras. Cuando caía la noche, cerca de las 20, Ana y Juan José también salieron. Pero a las pocas cuadras, ella encontraría la muerte.

Policías procedieron a identificarlos. La versión en los partes oficiales indicaría que hubo fuego cruzado y la joven terminó sin vida. Pero los testigos recordarían algo totalmente distinto.

Sabiendo que eran clandestinos, comenzaron a correr en distintas direcciones. Galamba escapó. Ana recibió un impacto en el abdomen y, con las últimas fuerzas, ingresó a la Iglesia de Fátima. Dos fieles la auxiliaron hasta que vieron entrar a uniformados, civiles armados y hasta disfrazados de hippies.

De los pelos la sacaron a la vereda. Casi agonizando, la redujeron en el piso, le apuntaron a la cabeza y le preguntaron quién era. Fue una de las pocas víctimas de la represión cuyo cadáver apareció y pudo ser despedido por sus familiares.

La televisión hizo eco del "tiroteo" que había terminado con su vida. Al verlo, Gisela escapó pero quiso abrazar a su padres una vez más. Ellos, que habían huído de Austria ante el avance del nazismo, le aconsejaban que se fuera del país, pero ella insistía en luchar por sus derechos.

Quedaron en encontrarse en una esquina de calle Paso de los Andes. Gisela jamás llegó. Desapareció.

Sus padres, meses después, recibieron una carta de Galamba. Se encontraron en un bosque camino a San Martín y el joven les contó todo lo que ocurrió ese día. Su suerte terminó un año después, cuando cayó en manos de los represores.

"La revolución es un acto de amor de muchos para matar el desamor de pocos". "La revolución es un acto de amor de muchos para matar el desamor de pocos".

Ana María Morales, ejecutada por el Gobierno militar.

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