Crónicas de la infamia: "Operativo Abril de 1977" – Capítulo IV

Por UNO

*El siguiente relato es extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*

Sólo 6 días lo separaron de nacer en la clandestinidad. Tal vez de ser apropiado y de tener que buscar su verdadera identidad. Él y su madre lograron esquivar la muerte. Pero hoy suele ponerse remeras con el rostro blanquinegro de su padre desaparecido.

A Miguel Julio Pacheco le decían el Lobo. Tenía 26 años. Estudiaba arquitectura en su ciudad natal, La Plata. Militaba en Montoneros, aunque no era de la base fuerte. Solía tomar su guitarra y animar las juntadas con sus compañeros.

Por esos años conoció a quien sería su amada. Nora Otin. Ella era de General Alvear, pero se encontraba en esa ciudad bonaerense estudiando odontología.

La militancia de ambos trajo las consecuencias que, a esa altura, ya eran tristementes clásicas. Al Lobo lo agarraron en la calle, le apuntaron con un arma y le advirtieron: "la próxima no te salvás".

Estaban por ser padres, por lo que decidieron viajar a Mendoza para evitar el desenlace fatal. Un departamento en calle Sargento Cabral de Las Heras los albergó. Allí convivieron con Elvira Benítez, una sanjuanina de 25 años que tenía pedido de captura por su militancia en organizaciones peronistas, y su hija de 2 años y medio.

Todo transcurrió con relativa normalidad durante las siguientes semanas. La calma antes de la tormenta.

Puntual, a las 6.30, Julio salió de su casa ese 7 de abril de 1977. Se dirigía a su trabajo, una empresa constructora en Godoy Cruz. Nunca llegó.

Casi tres horas después, sin saber lo que pasaba, Nora fue a una consulta con un médico. A las 11, la puerta del departamento se derrumbó. Tres tipos vestidos de civiles, con pelucas y hasta maquillados ingresaron. A punta de rifle, la redujeron a Elvira. La separaron de su hija para nunca volverla a ver.

La pequeña fue dejada en la casa de unos vecinos. Un llamado anónimo advirtió a sus abuelos, en San Juan, sobre la situación de la menor. A los días viajaron a Mendoza para rescatarla.

Cerca del mediodía Nora regresó. Estaba contenta: en la próxima semana daría a luz a su primer hijo. La sonrisa se esfumó cuando se encontró con el operativo en su casa. Ni Julio, ni Elvira, ni la pequeña estaban. "Tu esposo está detenido y no lo vas a volver a ver", presagiaron con éxito los secuestradores.

La llevaron a un descampado, simularon fusilarla en varias ocasiones y hasta le robaron su sueldo que acababa de cobrar. Dos horas después la dejaron abandonada cerca de la Universidad Nacional de Cuyo. Le advirtieron que no regresara. Y ahora Nora sabía que cumplían sus promesas.

La joven se fue a General Alvear, a la casa de sus padres. A los seis días, tuvo a su hijo. Hoy ambos luchan por saber qué le pasó a Julio, una pregunta que aún no tiene respuestas pero sí responsables condenados.

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