*El siguiente relato es extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*
Ella, cordobesa. Él, alvearense. Se llevaban más de 15 años de diferencia. Ni eso ni la distancia pudo evitar que se enamoraran. Pero, pese a su instinto nómade, tampoco pudieron evitar ser desaparecidos por el régimen militar.
Era 1970 y Jorge Albino Pérez y Gloria Nelly Fonseca ya eran una pareja estable. Vivían en Córdoba y militaban en organizaciones peronistas. En esa provincia estuvieron por cinco años, hasta que la persecución se hizo sentir y decidieron mudarse a Mendoza.
La casa del padre de él, en el barrio Tamarindo de Las Heras, fue su hogar por algunos días. Al poco tiempo lograron mudarse a un pequeño departamento en calle Rivadavia de Godoy Cruz. Otra vez, la persecución tocó las puertas de sus vidas.
Fue una jornada cualquiera, cuando el diariero que trabaja todos los días en ese lugar los advirtió. "Unos tipos están preguntando por ustedes".
Volvieron al barrio Tamarindos, pero a la casa del tío de Jorge. Emiliano Pérez vivía a una docena de cuadras de su hermano y se ofreció para albergar a sus sobrinos, pese a que no tenía ningún sentido de pertenencia a la militancia política.
Una vez más, pero en forma más sigilosa, volvieron a perseguirlos. Primero en forma de invitación. Jorge y Gloria fueron a una fiesta de compromiso que los invitó una amiga, sin saber que el futuro esposo era agente aeronáutico. Su padre, de inteligencia militar, los detectó en las fotos que serían reveladas tras el evento social.
Luego fueron falsos operarios de Agua y Energía que se acercaron hasta los domicilios del padre y tío de Jorge para revisar la propiedad. Algunos civiles con pelucas También hicieron lo suyo en la casa de los vecinos.
La inteligencia clandestina logró su objetivo llegó el 6 de abril del '77. Sin margen de error, los secuestradores hicieron operativos simultáneos en las dos casas de ese barrio lasherino. Jorge y su tío, Emiliano, cayeron en sus garras. Nunca más fueron vistos.
Sin saber lo que pasaba, Gloria estaba en Córdoba realizando algunos trámites laborales. Allí se encontraba de licencia en su puesto en la Caja de Jubilaciones y Pensiones.
Tres días después volvió a Mendoza. La familia Pérez envió a una amiga a esperarla a la terminal y advertirle el riesgo que corría. Fue en vano. Ni bien bajó del micro fue detenida por tres civiles que se la llevaron para nunca más regresarla.
"No te juntés con ella porque está metida en tráfico de drogas", le mintió uno de los secuestradores a su amiga.


