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Cinco años de cárcel para proxeneta: cómo explotaba a las víctimas

El proxeneta Marcelo Riddell, de 55 años, fue condenado bajo el delito de trata de personas agravado contra tres jóvenes de entre 18 y 24 años

Decía que tenía un hostel, pero en realidad era un prostíbulo. Allí explotaba sexualmente a tres mujeres. Les sacaba el 50 por ciento de lo que cobraban. Pero ahora, a 8 años de aquellos allanamientos en la Quinta Sección, un proxeneta fue condenado por la Justicia Federal.

Marcelo Fabián Riddell (55) escuchó este viernes cómo lo condenaban a 5 años de prisión, como solicitó la fiscal Eugenia Abihaggle. Tras un juicio que se extendió durante un mes, el flamante juez Pablo Salinas lo encontró culpable de tres hechos de trata de personas agravado por ser más de 3 las víctimas,quienes tenían entre 18 y 24 años.

El expediente nació en 2013 gracias a una denuncia anónima. Una persona informó que en un edificio ubicado en calle San Lorenzo al 557, en Ciudad, funcionaba un prostíbulo. Sin embargo, la fachada estaba camuflada como un hostel.

La investigación avanzó y se realizó un allanamiento donde se encontraron a tres mujeres que prestaban servicios sexuales en el lugar. Si bien no estaban esclavizadas ni retenidas en el lugar, la Ley pena por el delito de trata de personas a la quien saca un rédito económico de la explotación sexual de otra.

Y según declararon las propias víctimas en el juicio, este era el caso. En concreto dijeron que Marcelo Riddell les cobrará el 50% de los $500 que cobraban por cada servicio sexual, además de descontarles el servicio de limpieza y los profilácticos.

Del juicio por trata de peronas surgió que el proxeneta promocionaba en los clasificados de los diarios –en este tiempo estaba permitido- promociones como 2x1 o sadomasoquismo y si las víctimas se negaban amenazaba con echarlas del lugar.

Tras la sentencia, Marcelo Riddell continuará en libertad hasta que quede firme el fallo -la defensa puede recurrir ante la Corte nacional-. En tanto que el juez Salinas también ordenó hacer un seguimiento psicológico a las víctimas –una de ellas se encuentra viviendo en España-.

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