No es ninguna novedad que no disminuya la cantidad de personas que mueren en accidentes de tránsito en Argentina. El número crece día a día, como una hiedra sin freno. Las cifras atropellan todo lo que hay por delante e impactan fuerte en la triste realidad nacional.
A nivel provincial, las estadísticas golpean y lo hacen con fuerza: son 44 las personas que fallecieron en accidentes de tránsito en lo que va del año. La cifra resulta más impactante cuando el número de hechos trágicos son 29, por lo tanto, en estos siniestros viales hubo múltiples víctimas. A propósito de este flagelo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró los años 2011-2020 como el "Decenio de Acción para la Seguridad Vial" y de esta manera numerosos países se comprometieron a concretar acciones que conduzcan a disminuir los muertos en el tránsito un 50%.
Lamentablemente todavía en Argentina no se aprecian avances sustentables que acarreen una disminución significativa del número de muertos y heridos. Para revertir esta situación, resulta imprescindible lograr cumplir una serie de puntos como el uso de cascos, de cinturones de seguridad y de sillas infantiles. También el control de los límites de velocidad, del consumo de alcohol y/o drogas y el otorgamiento generalizado a la prioridad de los peatones.
Otro punto que no hay que dejar pasar y resulta necesario es el mejoramiento de la infraestructura vial para la seguridad de todos los usuarios, en especial los más vulnerables: niños, peatones, ciclistas y motociclistas. Pese a la obviedad de estos ítems, pocos se cumplen y el problema persiste: cada vez más personas mueren en accidentes de tránsito y por eso es necesario que se tome el triste panorama por las astas y se le ponga un freno.
Hay que parar la mano porque cada día la situación se agrava más. Un ejemplo de esto es que se multiplican los muertos en motocicleta o ciclomotor en todo el país, en muchos de los casos por no usar el casco, lo que pese a su obligatoriedad no se controla ni sanciona en la mayoría de las provincias y ciudades.
Otro ejemplo del descomunal incremento de muertos en accidentes de tránsito es que se duplicó el uso de los celulares por parte de los conductores y triplicado entre los peatones, según un estudio de la Asociación Civil Luchemos por la Vida.
Claramente hay más puntos por remarcar y podría estar todo el día enumerando las falencias humanas y estatales que persisten. Pero lo que es claro es que no se logró la disminución de muertos en accidentes de tránsito. Según cifras oficiales de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, en 2015, en la Argentina hubo 7.613 muertos en accidentes de tránsito. Mientras que estadísticas provisorias que van a enero de este año, en el país hubo 7.268 víctimas viales, con un promedio diario de 20 personas y uno mensual de 606.
Pese a haber transcurrido la mitad de la década establecida por la ONU para incrementar la seguridad vial en el mundo y ante la cual la Argentina se comprometió a reducir los muertos en el tránsito un 50%, casi nada se logró. No disminuyen los muertos en el tránsito en el país desde hace más de 25 años porque, entre otras cosas, no se realiza una política seria y eficaz para lograr cambios de conductas esenciales y sumamos problemas nuevos, como la duplicación o más del uso de celulares al volante. Mientras el Estado siga ausente del tránsito (ausencia que también se manifiesta en el estado de las rutas y su deficiente marcación, así como la falta de educación vial en las escuelas), no podremos avanzar significativamente contra esta sangría que nos quita, en cifras gruesas, una vida por hora.




