La crisis que envuelve hoy al fútbol argentino es terminal y lo peor es que nadie se dio cuenta, ya sea por complicidad u omisión. La situación económica que atraviesan las instituciones en la actualidad pone en duda la vuelta de los torneos. Los popes de los clubes grandes ya advirtieron que si no hay plata para ellos, y mucha, no se juega. El resto mira alejado. Llegar a esta triste realidad no es obra de la casualidad; hay causales y causantes.
Hace unos años y a poco de su arribo a Patronato, con la misión cumplida de mantener al equipo en el Argentino B, Edgardo Cervilla manifestaba, creo que en el vestuario de La Emilia de San Nicolás, que en el Rojinegro era indispensable "un baño de humildad" de los distintos sectores empecinados en lograr el ascenso a las categorías más importantes del balompié nacional. La frase, perdida en el tiempo, fue clara y contundente. El DT hablaba de cuidar económicamente a la institución. Igual, hoy Patrón está en Primera A.
Creo que los dichos del técnico oriundo de Santo Tomé, que no debe tener el marketing de otros, deberían ser considerados por los sectores que dicen buscar alternativas para "salir del duro momento".
Para paliar la crisis las partes deben reconocer la situación darse un "baño de humildad". Las culpas son compartidas y cada grupo debe asumirlas. Lo primero que hay que proclamar públicamente es que el fútbol hace mucho dejó de ser un deporte para transformarse en un negocio del que no todos participan. Es más, los millones de dólares que ingresan a las arcas de la AFA se reparten entre unos pocos. Entre los involucrados están los dirigentes. Aquellos que hoy salen a gritar que es imposible continuar en competencia sin el aporte que les brindó por los derechos audiovisuales el Estado, están en todo su derecho de hacerlo. Pero si les resulta imposible armar proyectos sin ese dinero deben hacer una mea culpa y darse cuenta de que no tienen capacidad o no generan confianza para producir recursos por otro lado. El fútbol existió en la mayor parte de su historia sin la participación preponderante de la TV.
Los jugadores y directores técnicos, en torno de los cuales gira el negocio, pueden analizar si no son excesivas sus demandas económicas. Las comparaciones son odiosas. Se puede comprender que la carrera de un futbolista profesional es corta, pero no es descabellado pensar que sus haberes están sobredimensionados. Los ingresos que percibe un futbolista en la mayoría de los casos son muy altos para las economías de los clubes y más los del interior.
¿El periodismo deportivo es parte de este círculo vicioso? En lo particular digo que no. En Entre Ríos somos tal vez muy nuevos para conocer los tejes y manejes que se ocultan en las penumbras de la noche.
¿El hincha? El verdadero hincha es lo más sano que tiene el fútbol, no negocia la pasión. Tal vez su error en ciertos casos es haber dejado de concurrir a la cancha, aburguesado por la comodidad que le brinda la televisión de llevarle el espectáculo a su casa. La esperanza del ordenamiento del fútbol está. Depende de muchos factores. Un baño de humildad puede ser el puntapié inicial para empezar a cambiar.


