Frente a este escenario, la Fundación Abrázame en Chile ha impulsado programas de voluntariado orientados a entregar acompañamiento físico y emocional a lactantes que no cuentan con una figura familiar estable, a través de un gesto tan básico como significativo.
Fundación busca voluntarios para abrazar bebés que fueron abandonados
Dentro de estos espacios, los voluntarios no solo “abrazan bebés”, sino que cumplen turnos de acompañamiento constante: alimentan, juegan, contienen y sostienen emocionalmente a niños que muchas veces pasan gran parte del día sin una figura adulta estable. En algunos programas más recientes, como los enfocados en primera infancia, el acompañamiento puede ser incluso diario y prolongado en el tiempo.
El programa funciona a través de visitas semanales que tienen una duración mínima de aproximadamente dos horas, dependiendo del caso y la residencia. El objetivo es generar vínculos estables en el tiempo, evitando el contacto intermitente, ya que la continuidad es considerada clave para el desarrollo socioemocional de los bebés. Los voluntarios participan en actividades cotidianas como jugar, alimentar, acompañar rutinas y entregar contención emocional constante.
Los beneficios de este programa
El programa Abrázame trabaja actualmente en más de 20 residencias de protección en Chile, principalmente en la Región Metropolitana, además de presencia en regiones como Valparaíso, O’Higgins y Biobío. En conjunto, el voluntariado llega a cerca de 350 a 500 niños, niñas y adolescentes al mes, según el crecimiento reportado por la misma fundación en sus registros recientes.
El programa ha mostrado resultados descritos por equipos médicos y voluntarios como mejoras visibles en el comportamiento emocional de los niños: mayor calma, mejor disposición al contacto y reducción de señales de retraimiento en casos de abandono temprano.
También se ha observado un impacto estructural dentro de las residencias: como los cuidadores formales deben atender a muchos niños al mismo tiempo, el voluntariado ayuda a cubrir el vacío de atención individualizada, entregando tiempo exclusivo a cada niño, algo que el sistema no siempre puede garantizar por sí solo.




