Se cumplieron seis años de la muerte de uno de los personajes más emblemáticos de la farándula vernácula; Ricardo Fort. El excéntrico multimillonario llegó a concretar su sueño de ser famoso, pero lamentablemente lo disfrutó en la recta final de su vida.

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"El Comandante", como le pusieron sus seguidores cuando murió, forjó su popularidad en base a su voluntad de ser famoso. El heredero del imperio chocolatero gastó fortunas en cumplir ese deseo y esa fue una de las claves para que estuviera en boca de todos. Sus excentricidades fueron uno de sus pasaportes a la fama: vale la pena recordar algunas de ellas.

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La obsesión de Fort por tener un físico perfecto, lo llevó no sólo a pasarse horas en el gimnasio, sino también a someterse a operaciones que lo convirtieran en una suerte de muñeco Ken viviente, un Johnny Bravo morocho y real.

En total se realizó 27 cirugías estéticas para alcanzar ese ideal masculino que lo obsesionaba. Se extendió la quijada, se limó la nariz, se implantó pómulos, labios, se reformó el torso y se realizó un curioso procedimiento en los talones para crecer tres centímetros en altura.

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No se cuidó y terminó pasando por el quirófano: 28 clavos intentaron corregir su desviación. “Me arrepiento de esa operación. Me arruinó. También me arrepiento de haberme entrenado desde los 16 años con mucho peso. Mi físico fue siempre lo primero, y me equivoqué”, dijo alguna vez.

Todas estas cirugías le pasaron factura y terminaron siendo el detonante de su declive físico y finalmente murió.

Paternidad subrogada

Fort fue uno de los pioneros de la paternidad subrogada en la Argentina. Sus mellizos Marta y Felipe nacieron el 24 de febrero del 2004, cuando el procedimiento no estaba tan difundido como ahora.

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Como en nuestro país no está reglamentada la práctica, averiguó cuáles eran los trámites necesarios para subrogar un vientre en Los Ángeles (Estados Unidos). Después de pasar revista a catálogos de donantes de óvulos y mujeres que prestarían su vientre para la subrogantes, eligió a dos.

De esa manera, hace quince años se convirtió en una de las primeras celebridades argentinas en convertirse en padre de esa manera.

Showman

Antes de llegar a ShowMatch, Fort estuvo en las pantallas argentinas gracias a un reality show sobre su vida que se pagó de su propio bolsillo. Fue en 2008: primero en YouTube y luego en horarios marginales en distintos canales de cable, el Fort Show mostró las increíbles andanzas de ese millonario por las calles de Miami.

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En ese programa hizo gala de su exhibicionismo y su gusto por la ostentación. Para quien mirara el programa, la vida de ese hombre era un combo de autos de lujo, relojes exclusivos, un séquito de guardaespaldas, viajes a lugares exóticos y gastos inconmensurables.

Ostentación

Como cualquier millonario que se precie de tal, ostentaba una enorme colección de autos de alta gama. Tal vez el ejemplar más preciado era un Lamborghini Diablo que se compró en Miami, una adquisición que, por supuesto, tuvo a las cámaras como testigo. Competía en las preferencias de Fort con su famoso Rolls Royce Phantom: “Yo no manejo el rating, manejo un Rolls Royce”, decía.

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Entre otros modelos de lujo, también tenía un Rolls Roys convertible, un Mercedes Benz SLK, un Mercedes Benz coupé CLK blanca, un Mercedes Benz SL 63 AMG, otra coupé Mercedes roja, un Mercedes C 200 y un Lamborghini Gallardo. También era un amante de las motos: llegó a tener cuatro Harley Davison.

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