Una mamá que habla de todo

Por UNO

Nancy Duplaá, feliz por su vuelta a la televisión después de tres años, habló en una charla con Perfil.com acerca de la crianza de sus hijos y contó que les habla de sexo y drogas, así como también de política.

La actriz, que hoy encabeza Graduados, la comedia que debuta esta semana, evaluó también su relación con su marido, Pablo Echarri, su marido, de su rol de madre presente de Luca (fruto de su relación con Matias Martin), Morena y Julián, donde, dice, estimular el diálogo en la mesa y hasta reivindica su apoyo al Gobierno Nacional.

“Este tiempo me dediqué a ser madre. Y en realidad sentí que había cerrado la puerta. Siempre jugueteo con la idea de no volver a trabajar nunca más en esto”.

—¿Por qué?—Al principio no sabía compatibilizar lo que traía la fama a la que no salí a buscar sino que me encontró. La sufrí muchísimo durante los primeros diez años. Odiaba la fama, a los fotógrafos, a los fans, a que la gente me reconociera. No supe manejarlo por más que pegaba buenos laburos. Me estabilicé emocionalmente cuando armé mi familia, de sentirme contenida.

—¿Lo analizaste?—Sí. Hago análisis desde los 19 años, casi la mitad de mi vida. No soy obsesiva pero sí tengo la capacidad de analizar las cosas, de poder frenar, autoevaluarme.

—¿Te preocupa el paso del tiempo?—Está siendo llevado de manera natural. Con los años logré autoaceptación de lo que traía: va sacando cosas físicas, luminosas, firmes. Me fortalecí internamente e intento ir ganando en riqueza espiritual. Mi felicidad pasa por una pareja que coincide plenamente conmigo, nos complementamos, naturalmente somos monógamos, nos elegimos todo el tiempo. Nos gustamos cada vez más. El paso del tiempo está trayendo años de experiencia, felicidad y plenitud.

La comedia hace flashbacks a la época donde su personaje era una adolescente. “Añoro la música –recuerda–. En mi pieza tenía posters de Queen, Deep Purple, Kiss, Led Zeppelin. Cuando se murió Spinetta me acordé cuando le hacía las carátulas de los casetes a mi hermano Quique. Fui a muchos recitales de Charly (García), era un referente de mi adolescencia y también de Los Redondos. ¿Ves? Añoro eso: poder saltar y bailar entre la gente sin que me rompan los huevos (se ríe)”. Jura que no le quedaron cuentas pendientes, aunque sostiene que “había muchos temas tabúes que no se hablaban”, entre ellos, el sexo. “En mi época no había comunicación de los padres hacia los hijos. No se hablaba del orgasmo. Con mis hijos más grandes que tienen 11 y 8 años hablo de sexo. Me preguntan qué son los travestis. El otro día grabamos con una chica travesti, justo ellos vinieron al set y charlaron de manera natural, no tienen prejuicios, porque se plasma en la mesa”.

—Hay una escena en que Urtizberea, Hendler y Ortega simulan haber fumado marihuana. ¿Cuál era tu vínculo con las drogas?—Nada. La marihuana no circulaba tan abiertamente como ahora. Lo hablo mucho con mis hijos. Les comento para qué son, cuál es el negocio, qué provocan. También el cigarrillo y el alcohol. Es maravilloso poder hablar de eso.

—Luca es el que más cerca está de la adolescencia, ¿tenés miedos?—(Silencio) Sí, porque tiene poca calle. Es algo difícil de trasladar. Mi papá me enseñó a viajar en colectivo a los 7 años. Había otro contacto con la calle y la gente que dan herramientas para defenderte. Ellos saldrán a la adolescencia medio perdidos. Son de la generación tecnológica y no se los puedo negar. Por suerte les gusta mucho la música: Luca toca el bajo y Morena la guitarra, los dos muy apasionadamente. Yo no les dije que hagan eso. Encontraron solos una vía de expresión.

—Sos temperamental, al igual que Pablo. ¿Cómo conviven siendo parecidos?—Es todo un aprendizaje. Los primeros tiempos fueron caóticos. Yo soy muy guapa, de salir a poner el pecho, pelear y decir “vení”. Y él también. Todas esas coincidencias que te unen a una persona cuando te ves parecido, de repente empiezan a joder y aparecen diferencias. Eso es lo bueno de las relaciones si son verdaderas: ahí es donde hay que congeniar.

—¿Lo tenés cortito?—No. Él me tiene cagando a mí. Te lo juro. Es un buen pibe pero da miedo. No me meto más con Pablo (se ríe). En discusiones me gana porque tiene una actitud y un tono de voz que digo “bueno” (agacha la cabeza y se ríe).

—¿Qué mirás y leés para informarte?—Todos los días compramos Tiempo Argentino y los domingos sumamos a PERFIL. De televisión miro 6,7,8, Duro de domar, TVR, el noticiero de Telefe. Ya ves mi tendencia, ¿no?

—Sí. ¿Siempre fuiste militante?—Siempre me interesó la política. Mi viejo era militante peronista y mi hermano radical en la época de Alfonsín, después se hizo peronista. Mi compromiso es por lo que quiero para mí y lo que voy a dejarle a mis pibes. La política es importante para el manejo de todos, para la educación, salud, y está bueno ver quién es quién y saber qué es lo que más me identifica y qué es lo mejor para nosotros.

—En una nota dijiste que atribuías el rumor de romance entre Pablo y Paola Krum por su alineamiento con el Gobierno. ¿Tenés pruebas o es una suposición?—No fue un rumor, fue mentira. Nos dieron por la espalda, donde más nos duele, que es el corazón de nuestra familia. Así que fue tan contundente el hachazo que no puedo dejarlo de ver como algo muy poderoso y que nos quisieron sacar de eje. A la gente le gusta saber de nosotros. Entonces, si apoyamos a determinado partido que se contrapone a la mayoría de los medios y es allí de donde sale esa mentira. Ellos son más y hace que estemos en desventaja porque somos afines al Gobierno. Si tirás una mentira de esa calaña, ¿pensás que puede haber una buena intención? No hubo fotos, no había pruebas. Lo que a mi familia nos sana y nos deja tranquilos es que sabemos la verdad.

Fuente: Perfil.com