La emblemática voz del rock nacional se unió a Lisandro Aristimuño para crear este nuevo disco, que ya está a la venta en disquerías

Un Superamor que se desgrana en 12 canciones

Por UNO

Nuevo disco de la notable solista argentina Fabiana Cantilo, tras cuatro de años de silencio, que en estas canciones eligió ponerse en manos del cantante y compositor Lisandro Artistimuño, quien hizo confluir su banda con la de Cantilo. De esa amalgama surgieron 12 canciones nuevas, compuestas entre julio del año 2014 y enero del 2015, las que integran Superamor.El disco abre suave con la voz de Fabiana cantando sobre un piano a los que lentamente se van sumando una batería seca, interesantes punteos de guitarras a cargo de Ricardo Mollo, que luego mete arreglos con el efecto ebow. Las cuerdas de Leila Cherro, Lucas Argomedo y Pablo Jivotovschi, integrantes de la banda de Aristimuño, se suman en épicos arreglos.

Girasoles arranca acústica, con arreglos de programaciones electrónicas a cargo de Aristimuño, que además se suma a los coros, y todas las partes terminan armando una canción pop con ricos elementos del folclore argentino.

Unión artística

La mayoría de las canciones fueron armadas por Cantilo y Aristimuño en una intimidad de dúo que generó un choque de planetas y de propuestas fructífero, como en la balada Terra, donde los chelistas y el violinista empujan la voz de una de las figuras femeninas más importantes del rock argentino hacia caminos que merecían que ella los recorriera.

Payaso arranca con un beat más rockero, la guitarra distorsionada a cargo de Aristimuño, que también dispara los samplers de unos vientos, y la canción trae de vuelta esos hits de Cantilo, donde la vocalista saldaba cuentas con algún novio, por su corazón roto.

Superamor es una gran balada despojada, desnuda, sólo unos arreglos espaciales de sintetizadores, la batería bien al frente de Martín Casado. La melodía recuerda grandes canciones como Siempre puedes olvidar, que compuso junto con Charly García.

Tren (volar en círculos) es puro pop procesado por máquinas, donde la voz de Cantilo arranca con un megáfono, sobre un groove de bajo y batería, hasta que el estribillo toma fuerza con el apoyo de la guitarra y la voz se pone más nítida.

Cápsula de escape también tiene una base orgánica, cubierta por ruiditos de máquinas y una voz de Cantilo susurrante, mientras las cuerdas la van envolviendo en un clima otoñal. 

Escritos del mar es un pop más tradicional, mientras en Bailarines de cartón Cantilo retoma toda la influencia de su admirada Joni Mitchell para entregar una hermosa balada acústica tipo beatle, rodeada de cuerdas.

Miedo arranca oscura, con acoples de guitarra, la voz procesada de Fabiana rodeada por toda su banda, mientras Mollo mete todo tipo de guitarras, juega con ellas, las azota, a otras les saca una melodía con el ebow, para cargar de dramatismo y climas agitados la canción.

El disco se va cerrando con Rocktradición, donde Cantilo hace un balance rockero de su vida, celebra su recuperación, no se lamenta de las noches salvajes vividas y hasta se da el lujo de dejar su voz toda desnuda, sin el menor efecto, transmitiendo su experiencia y sus emociones.

El mar, la libertad, el viento, las máquinas suaves y la voz de Cantilo son el leitmotiv de Delfines, la última canción del disco.

Fuente: Agencia Télam

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De regreso. Cantilo vuelve al ruedo musical tras cuatro años de silencio.
De regreso. Cantilo vuelve al ruedo musical tras cuatro años de silencio.
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