Juan Ignacio Sagristá se convirtió en uno de los cinco ganadores del prestigioso concurso Festimage, de Portugal. Está radicado en Barcelona y nos contó que piensa editar un libro.

Un mendocino premiado en Europa

Por UNO

Como buen artista, Juan Ignacio Sagristá no se conforma con un estímulo. Él colma a diario cada unode sus sentidos desde hace años. Las hojas en blanco no son un problema, desde su temprana

formación este mendocino de 25 años las utilizó para crear ilustraciones, poesías, cuentos, ensayos

o canciones. Sus párpados contagian cine, sus manos recorrieron diapasones, plumas y pinceles hasta

que dieron con la horma que, por ahora, las contiene, la cámara fotográfica.

Como a todo hombre de mundo, Mendoza no pudo satisfacer su avidez artística. Sagristá emigró

en marzo del año pasado al Viejo Continente y se instaló en el Barrio Gótico de Barcelona, desde

donde su mirada reinterpreta la realidad, la recorta y con un clic registra una historia.

Una de esas historias fue elegida entre miles de toda Europa en el prestigioso concurso

Festimage, de Portugal. Primero quedó entre las 50 finalistas y luego fue seleccionada entre las

cinco premiadas, lo que le dio a Juan Ignacio varios beneficios: reconocimiento, exposiciones fijas

e itinerantes por Portugal y un atado de euros que el artista utilizará para conocer el país.

Desde su hogar de residencia, en Barcelona, vía correo electrónico, el fotógrafo mendocino

accedió a relatar su experiencia europea, la historia de la foto que lo consagró y revisitar sus

orígenes.

–¿Qué significó para vos la distinción en este concurso portugués?

–En primer lugar, una gran alegría. Siempre es lindo que a otros les guste lo que a uno le

gusta. Y en segundo lugar, una excusa perfecta para visitar Portugal, país que aún no conozco y por

el que siento una fuerte atracción.

–¿Dónde se expondrá tu foto ganadora?

–Estará en Chaves, ciudad situada al norte de Portugal, en Vila Real, subregión de Alto

Trás-os-montes. Primero habrá una exposición simultánea en esa ciudad, desde el 8 de julio hasta el

31 de agosto. Por un lado, la exposición de las 50 obras finalistas en una galería de arte de la

ciudad; y por el otro, la exposición de las cinco obras premiadas en algunos edificios públicos y

calles de la ciudad. Luego va a haber otra muestra en la ciudad gallega de Orense, acá en España.

–¿Cómo empezaste a interesarte en el arte de la fotografía?

–Mi memoria es peor que la de los peces, así que no puedo precisar mucho. Pero si buceo un

poco, diría que todo comenzó con la muerte de mi abuelo paterno, hace ya unos cuantos años. Él me

enseñó primero a dibujar y a pintar, luego, a escribir y finalmente a fotografiar. Cuando falleció,

me dejó en herencia la caja de pinturas y el atril de su padre, su máquina de escribir (una

Olivetti Studio 45) y su máquina de fotos (una Voigtländer Bessamatic de los años '50). Esos

objetos preciosos fueron las semillas de lo que luego se convertiría en el campo cultivable de mis

intereses artísticos o de mis pasiones intelectuales.

–¿Cuál fue tu formación y quiénes fueron tus maestros?

–Al principio procuré hacer las cosas por cuenta propia. Como niño con juguetes nuevos.

Dibujaba y escribía solo y así ha sido siempre (aunque francamente no estoy seguro de haber

aprendido gran cosa en esos dos terrenos). Menciono ambas artes, por otro lado, y además de la

fotografía porque considero que una cosa y la otra (palabra e imagen) están íntima o estrechamente

relacionadas. En lo que toca al arte de la fotografía, sí debo mencionar a un par de

personas-maestros. En primer lugar, a mi amigo y hermano Juan Manuel Sirk Hauser, talentoso

cineasta, quien me enseñó a componer y a pensar la imagen, con quien nos perdimos y nos encontramos

una y mil veces mientras nos aventurábamos en la exploración de las artes visuales. En segundo

lugar, a los fotógrafos mendocinos Sergio Pantaley y Luis Vázquez, a cuyas clases de fotografía

analógica asistí en la Escuela de Fotografía de Mendoza y de quienes podría decir que me enseñaron,

entre otras muchas cosas, el valor de la experimentación libérrima y la importancia de mirar

también hacia adentro cuando miramos hacia afuera.

–¿Cuánto ha incidido Europa en la evolución de tu mirada?

–Intuyo que lo más trascendente ha sido el ambiente de libertad de acción y de expresión.

Eso, pienso, ha sido un estímulo muy grande y de alguna u otra manera decisivo para mí... Quiero

decir: que aquí en Europa –y acaso sobre todo en Barcelona– a uno le da la sensación de que se

puede mirar libremente, de que se puede observar y descubrir, en el sentido literal del término,

todo y a todos, y sobre todo que se puede hacerle ver al otro o exponer lo que vemos sin

restricción alguna o sin demasiados complejos o tabúes. Esta es una cuestión quizá más compleja de

lo que la planteo yo ahora, con más aristas probablemente, pero que en todo caso me parece algo

primordial o básico. Baste con decir, de momento, y para no irnos por las ramas, que acá a uno le

da la impresión de que se le abren los ojos de par en par con el aire del Mediterráneo y de que se

le revelan el mundo y la vida tal y como uno quiera verlos.

–¿Cuáles son tus influencias fotográficas?

–Principalmente los fotógrafos franceses, desde Joseph Nicéphore Niépce y Louis Daguerre

hasta Henri Cartier-Bresson y Gyula Halász, alias Brassaï.

–¿Qué proyectos fotográficos tenés en carpeta?

–Los proyectos fotográficos que tengo son, por un lado, la edición de un libro de fotografías

de Barcelona, al que probablemente titularé El barcelonés, que es el nombre que se le da al

distrito en el que está situada la ciudad de Barcelona; y por el otro, la fotografía del primer

largometraje de Juan Sirk Hauser, que si todo sale bien se empezaría a rodar a comienzos del año

que viene, por las mismas fechas en las que pienso volver a la patria.

"Yo salgo a sacar fotos como a ver si llueve"

Bajo el seudónimo de Joan Pratts, la fotografía premiada de Juan Ignacio Sagristá, Todos bajo

el mismo cielo, puede apreciarse en la web del festival portugués Festimage. Aquí, esta alma

inquieta, que expuso en algunas muestras colectivas de Mendoza como las primeras ferias Indigna en

La Reserva y Óptimo, revela la búsqueda, la historia detrás de la obra premiada y, casi sin querer,

el espíritu curioso y observador de su modo de trabajar.

"Yo salgo a sacar fotos como quien sale a ver si llueve. A ver qué trae hoy la vida debajo de

las faldas... Un mediodía de primavera, hace un par de meses atrás (mediaba abril), estaba tomando

un poco de sol en la playa y de pronto, una gran nube gris empezó a ganar el cielo y a esparcir su

inmensa sombra sobre la arena. Yo llevaba la cámara encima y decidí quedarme a esperar la tormenta.

Los claroscuros que se veían en el cielo y se reflejaban en el mar me tuvieron entretenido hasta

que paró de llover. Me gusta mucho el mar, también la lluvia y, a veces, cuando llueve sobre

mojado, siento un particular interés, vaya uno a saber por qué. Lo cierto es que la lluvia cayendo

sobre el mar me parece algo, por lo menos, poético. Y entonces ese día me quedé fotografiando hasta

entrada la tarde. A la foto premiada la tomé en el momento en que cesó la lluvia y comenzó a salir

nuevamente el sol", resumió Sagristá.

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Todos bajo el mismo cielo., una de las obras de Sagristá.
Todos bajo el mismo cielo., una de las obras de Sagristá.
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Todos bajo el mismo cielo.
Todos bajo el mismo cielo.
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Elogio de la paz, del mediterráneo y de la libertad.
Elogio de la paz, del mediterráneo y de la libertad.
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Imagen actual del artista mendocino que derrocha talento por las distintas ciudades del Viejo Continente.
Imagen actual del artista mendocino que derrocha talento por las distintas ciudades del Viejo Continente.
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Hombre frente al mar (El barco blanco de la imaginación).
Hombre frente al mar (El barco blanco de la imaginación).
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Homenaje a la infancia. Diatriba contra la adultez.
Homenaje a la infancia. Diatriba contra la adultez.
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Impasse
Impasse
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Composición nº 4 (Fragmentos).
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Vista de la torre Eiffel desde la lluvia.
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Por la Gran Vía.
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Jugarse la vida a las bochas.
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Casi seis y treinta y pico (p.m.).
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La hermosura es cosa de mujer (y la crema también).
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La piel de papel (y viceversa).
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La espera.
La espera.
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Los muchos mundos.
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